Capítulo II: La confesión de las acciones negativas
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Capítulo II: La confesión de las acciones negativas

1. LAS OFRENDAS

2. LAS OFRENDAS MATERIALES

1.- LA OFRENDA DE LO QUE NOS PERTENECE

La preciosa bodichita, que está dotada de tantas cualidades extraordinarias, no surge en ausencia de causas y condiciones. Para que aparezca es necesario haber reunido todas las causas. Respeto a eso, Nagaryuna dijo que la bodichita aparece cuando se ha completado la acumulación de mérito. Y según Asanga, la bodichita nace en un continuo mental puro.
El mejor modo de acumular mérito es hacer ofrendas; además, la preparación de ofrendas perfectas hace que la mente devenga impoluta. Por eso, cuando en una ocasión algunos tibetanos solicitaron al incomparable Atisha la transmisión del voto de la bodichita, él les dijo que prepararan ofrendas. Lo hicieron, pero Atisha consideró que eran insuficientes y rehusó concedérsela. Los tibetanos volvieron a preparar ofrendas y Atisha de nuevo se negó. Finalmente, prepararon muchas más ofrendas y Atisha, precisando que a duras penas eran suficientes, accedió a darles el voto. Es, pues, evidente que las ofrendas son muy importantes. [Según dijo Atisha] hemos de dividir nuestras posesiones en tres partes, guardar una para nuestra subsistencia y usar las otras dos para hacer ofrendas a las Tres Joyas.
Las ofrendas en cuestión han de hacerse con las tres purezas. Primero, la motivación ha de ser pura. [Estrofa 1] Es decir, las ofrendas se hacen a fin de tener o generar en la mente la preciosa bodichita. Segundo, el destinatario de la ofrenda ha de ser puro. Las ofrendas se hacen a los budas, los bhagaváns, los que así han ido, es decir, a los que han procedido según la realidad última. Se hacen asimismo a la Joya inmaculada del Darma sublime, que es la verdad del camino —que libera del apego— y también la verdad de la cesación —el estado libre de apego—. Se dice [en el comentario de La continuidad suprema]:
El Darma tiene la naturaleza de las dos verdades:
estar libre de apego y liberar del apego.
La liberación del apego incluye
las verdades de la cesación y del camino.
Las ofrendas se hacen también a los bodisatvas, los herederos de los victoriosos, que poseen océanos de buenas cualidades. Por ejemplo, al alcanzar el primer bhumi o estadio de los bodisatvas, los bodisatvas poseen mil doscientas cualidades. En el segundo estadio sublime, poseen doce mil cualidades, y así sucesivamente.
Tercero, las sustancias ofrecidas han de ser puras. Para que una ofrenda sea excelente o perfecta ha de ser de buena procedencia, de calidad impecable y estar bien preparada y bien presentada. De buena procedencia significa que la ofrenda no se ha conseguido mediante un modo de vida incorrecto ni de acciones dañinas. Las ofrendas son de calidad impecable cuando están limpias, se ofrecen sin orgullo ni ostentación, y no han sido estropeadas por la tacañería ni la reluctancia a dar [84]. Si ofrecemos lo mejor que tenemos —lo que estimamos más y consideramos excepcional— la ofrenda actuará como antídoto a la avaricia. Si, por otra parte, hacemos ofrendas de cosas como queso enmohecido, verduras mustias y cosas similares, nuestro mérito disminuirá. Eso es, por lo tanto, algo que hemos de evitar. Para finalizar, las ofrendas han de prepararse y presentarse con esmero. Los siete cuencos de las ofrendas han de limpiarse, llenarse adecuadamente —evitando los desniveles— y colocarse bien alineados. Llenarlos insuficientemente de agua o granos lleva a la pobreza. Y si el agua se desborda, nuestra disciplina degenerará. Si se derrama el agua que se ha ofrecido, se producirán tumores, etcétera. Las ofrendas han de prepararse y presentarse evitando todos esos defectos.

2.- LA OFRENDA DE LO QUE NO PERTENECE A NADIE

Se trata de ofrecer todas las cosas útiles y gratas que vemos o hemos oído decir que hay en las diez direcciones del universo. Es suficiente ofrecerlas mentalmente recordando cómo son, su nombre o tan solo que existen.
[Estrofa 2] De ese modo, de todas las tierras puras o los innumerables territorios donde viven los dioses, los nagas y los seres humanos, podemos ofrecer todas las flores que crecen en el agua y las praderas: lotos blancos, mandaravas, utpalas azules...; todos los frutos y los granos que existen: bilwa, mango, cebada, arroz, trigo...; toda clase de medicinas y sustancias medicinales en todas sus variedades —plantas, piedras, elixires...—, tales como el bezoar (la mejor y más potente de las medicinas) y las seis sustancias benéficas [85]; la joya que colma todos los deseos y las necesidades del mundo, y todas clase de piedras preciosas: lapislázuli, zafiros y demás; las aguas dotadas de las ocho cualidades descritas en un sutra —«agua cristalina, carente de impurezas, fresca, sabrosa, ligera, blanda y que, cuando se bebe, no daña al estómago ni a la garganta»—, como el agua del lago Manasarovar y el de los cuatro ríos que salen de él en las cuatro direcciones —el Ganges al este, el Indo al sur, el Vakshu al oeste y el Sita al norte—, y el agua de los siete mares placenteros [86]. El incomparable Atisha dijo: «Aquí en el Tíbet, el agua es tan buena que ofrecer solo agua es suficiente para acumular mérito».
[Estrofa 3] Podemos ofrecer el monte Meru, el rey de las montañas, que está hecho de los cuatro materiales preciosos [87], y también las siete cadenas montañosas de oro y todas las demás montañas; los lugares solitarios y deleitables, como los claros del bosque rodeados de sándalos, y otros espacios apacibles y placenteros, poco frecuentados de día y silenciosos de noche, que están limpios como un mandala de turquesas y adornados con toda clase de flores; los árboles engalanados con flores de diversos colores, tan bonitas como joyas, y toda clase de árboles frutales y parras cuyas ramas se inclinan por el peso de los deliciosos frutos de colores, aromas y sabores excelentes.
[Estrofa 4] Podemos ofrecer también la fragancia del sándalo blanco y de otras maderas aromáticas de los reinos de los dioses, de los nagas, de los humanos y demás; los inciensos naturales, como el del aloe, y los elaborados; los árboles que colman los deseos —como el árbol celestial pariyata y otros árboles celestiales que satisfacen cualquier deseo— y los árboles enjoyados de Sukhavati y las demás tierras puras, que están hechos de oro y otros de los siete materiales preciosos; las diversas cosechas de arroz salvaje y de otros granos, que crecen naturalmente sin que nadie haya arado la tierra ni plantado las semillas; y todas las demás cosas bellas y dignas de ser ofrecidas que no han sido mencionadas.
[Estrofa 5] Podemos ofrecer los cuatro famosos grandes lagos [88]; los inmaculados y resplandecientes lagos de color turquesa y otros grandes lagos, adornados con lotos de los cinco colores; y también los numerosos estanques, adornados asimismo con lotos, en los que se oyen los melodiosos cantos de las aves acuáticas —como los cisnes, los gansos...— de exquisitos plumajes de diversos colores: blanco como las conchas, amarillo como el oro, rojo como el coral, azul como la turquesa... Podemos ofrecer la luz resplandeciente del sol y la luna que brillan en el este, las dulces fragancias que exhalan los bosques de sándalo del sur, las ofrendas celestiales de manteca blanca de las montañas nevadas del oeste, las azules aguas puras y cristalinas de las fuentes de montaña en el norte; y cualquier otra cosa que pueda haber.
Estas ofrendas —las flores y todo lo demás— tienen cuatro características especiales. La primera es que son inconmensurables y se extienden hasta los confines del espacio. La segunda es que no están corrompidas por la negatividad, puesto que no pertenecen a nadie [89], igual que la riqueza y las posesiones de la gente de Uttarakuru [90]. [Estrofa 6] La tercera es que se recrean mentalmente y se ofrecen con la imaginación, considerándolas como bienes propios y sin escatimar nada. Y la cuarta es que los destinatarios de las ofrendas son los budas —los sabios poderosos capaces de actuar física, verbal y mentalmente de modo espontáneo y sin reservas [91], que son los supremos de los seres humanos y los más valientes de las seis clases de seres— junto con sus herederos, los bodisatvas. Las ofrendas, además, se hacen de un modo excelente con la intención de que la preciosa bodichita se genere en la mente. Y puesto que las ofrendas se hacen a destinatarios perfectos, aunque sean modestas, producirán un gran resultado. Esto queda ilustrado con la historia del rey Mandhata, que llegó a ser un chakravartin porque ofreció al Buda siete guisantes, y la historia de Ashoka, que debido a haber depositado [en una vida anterior] un puñado de arena en el bol de mendicante del Buda llegó a ser un rey religioso. Por eso en el texto raíz Shantideva pide a los sublimes destinatarios dotados de gran compasión, cuya intención de beneficiar a los seres es inamovible y sincera, que piensen en él con amor y acepten las ofrendas.
[Estrofa 7] ¿Cuál es el propósito de hacer esas ofrendas? Shantideva explica que, por no haber practicado la generosidad y otros actos virtuosos en el pasado, carece de mérito. Debido a ello, es pobre en su vida actual, el más indigente de los mendigos, y no tiene nada digno de ser ofrecido, aparte de lo que acaba de mencionar.
Los budas protectores y sus herederos, los bodisatvas, desde el mismo momento en que generaron la bodichita, piensan sin ningún egoísmo únicamente en cómo beneficiar a los demás y desean que todos los seres completen las dos acumulaciones de mérito y sabiduría, y purifiquen sus oscurecimientos. Shantideva, por tanto, les pide que, aunque carecen de aferramiento a la realidad de las cosas y no necesitan nada, acepten, desde sus moradas puras y por medio de sus poderes milagrosos, todas estas ofrendas que no pertenecen a nadie, para permitirle purificar sus oscurecimientos y acumular mérito.
Se dice que si nosotros somos capaces de hacer ofrendas de este modo, los budas y bodisatvas, que están dotados de sabiduría, medios hábiles compasivos e inconcebibles poderes milagrosos, las aceptarán, permitiéndonos así acumular mérito y purificar nuestros oscurecimientos.

3.- LA OFRENDA DE NUESTRO CUERPO

[Estrofa 8] A los budas victoriosos, que han vencido a los cuatro demonios [92], y a sus herederos, los bodisatvas, Shantideva les ofrece a partir de ese momento y durante todas su vidas sucesivas, de modo continuo e ininterrumpido, su cuerpo [el actual y los sucesivos], que es algo tan preciado y necesario para él. Suplica a los héroes supremos —los budas y los bodisatvas: los señores de las tres familias y demás— que lo acepten por completo y lo consideren suyo. Habiéndose convertido en su siervo, lleno de respeto de cuerpo, palabra y mente, se compromete a cumplir sus deseos.
[Estrofa 9] Si lo aceptan por completo, hacen de él uno de sus servidores y lo consideran suyo, Shantideva promete que, para complacerlos, aunque él está aún en el samsara, trabajará para beneficiar a todos los seres y conseguir su felicidad, sin tener miedo de los sufrimientos de la existencia. Y para purificar todas las acciones negativas del pasado y dejarlas atrás, puesto que se da cuenta de que las acciones dañinas que ha cometido son perjudiciales para el prestigio y la reputación de los budas y los bodisatvas, y que, además, debido a ellas no solo no podrá ayudarse a sí mismo, sino que, por descontado, tampoco podrá ayudar a los demás, las confiesa todas y toma la resolución de que en adelante no volverá a cometerlas.
Se dice que ofrecer nuestro propio cuerpo es la mejor protección [frente a los resultados de los actos negativos anteriores].

3. LAS OFRENDAS CREADAS MENTALMENTE

1.- LA OFRENDA DE LA ABLUCIÓN

Esta ofrenda se hace según una costumbre profana de la antigua India y consiste en unas abluciones que se hacen antes y después de las comidas. En estas abluciones se lavan los pies de los invitados, se les unta de perfume, se les adorna la cabeza con guirnaldas de flores, etcétera.
Para purificar las impurezas del cuerpo, la palabra y la mente de los demás y de sí mismo, se ofrece una ablución a los budas y bodisatvas, aunque a ellos no les manche ningún defecto.
[Estrofa 10] En el espacio ante nosotros, imaginamos una o más salas de baño deliciosamente perfumadas con sándalo, alcanfor y otras sustancias. El suelo es un bello mosaico hecho de cinco clases de cristal, transparente e impoluto, que brilla resplandeciente. Su superficie es perfectamente lisa y todos los desagües se han cerrado con tapones. Hay cuatro espléndidas columnas, cuyo color corresponde al del punto cardinal respectivo, resplandeciendo con el brillo multicolor del cristal y de las siete clases de piedras preciosas de las que están hechas. Las bases de estas columnas están unidas por una pared que llega a la altura de la cintura de un hombre y cuya función es la de retener el agua. Encima hay cuatro pasamanos que unen las columnas entre sí. Todo esto está cubierto por un techo, que está adornado de doseles relucientes hechos de cinco clases de perlas y otras joyas, y asimismo de cintas, parasoles, banderas de la victoria, banderolas, festones, colgantes y otros adornos sumamente bellos. En el centro del techo hay una apertura y sobre ella hay un tejado, como el de las pagodas, apoyado sobre pequeños pilares y coronado en su cúspide de una joya que otorga los deseos.
Imaginamos también que, en el interior de estas salas de baño, hay tronos hechos de joyas preciosas.
[Estrofa 11] Llegan entonces los tathagatas, aquellos que han procedido según la realidad última. Aunque su mente nunca se separa de la sabiduría del darmakaya, aparecen según las necesidades de los seres en el rupakaya o cuerpo de la forma [93], manifestación ilusoria de la sabiduría primordial. Vienen acompañados de un séquito incalculable de sus herederos, los bodisatvas y dejan sus vestimentas sobre los pasamanos descritos anteriormente.
Entonces, visualizándonos en nuestra propia forma o en la forma de diosas de ofrecimiento emanadas, les ofrecemos telas de baño de color blanco traslucido y los cubrimos con ellas. Luego los bañamos vertiendo sobre ellos múltiples vasijas, espléndidas y de gran tamaño, hechas de lapislázuli y otros materiales preciosos, que están llenas las dos terceras partes de agua fragante y agradable que contiene sustancias limpiadoras y perfumes.
Al mismo tiempo, en las luminosas terrazas del exterior de las salas de baño, bellísimas diosas de ofrecimiento cantan melodiosas canciones de alabanzas que recuerdan los actos de los budas, mientras que otras diosas tocan flautas, tambores y otros instrumentos musicales. Esta es la ofrenda del baño.
Cuando se quitan los tapones que retienen el agua del baño, imaginamos que esa agua del baño cae del cielo y purifica todos los actos negativos y oscurecimientos de todos los seres, incluidos nosotros mismos, que nos encontramos debajo. Especialmente, esta agua elimina todas las malas intenciones y los actos violentos y dañinos de los dioses locales, los espíritus dueños del lugar, los espíritus malignos, los demonios bebedores de sangre y todo tipo de fuerzas dañinas que producen enfermedades, por lo que desaparecen todas las enfermedades de los hombres y los animales, y la preciosa bodichita surge en la mente de todos.
[Estrofa 12] Tras haber bañado a los budas y los bodisatvas, secamos sus cuerpos con telas celestiales, sedas de Benarés y otros paños de calidad inigualable; todos limpios, impolutos e impregnados de fragantes polvos medicinales. Todas estas vestimentas, ropas de baño y paños para secarlos se transforman ahora en bendiciones y logros en forma de luz roja que se disuelve en el espacio entre nuestras cejas y en el de todos los demás seres. Al visualizar eso, imaginamos que obtenemos todas las cualidades de la sabiduría primordial. Después de haber secado sus cuerpos, a los nirmanakayas de los budas, que se manifiestan libres de apego llevando el atavío de los que han renunciado, les ofrecemos los trece artículos que usa un monje [94], como las tres prendas del hábito monástico debidamente teñidas con los colores permitidos: azul, rojo y azafrán. Se ofrecen cientos de miles de esas preciosas prendas impregnadas de perfumes exquisitos.
[Estrofa 13] A los sambhogakayas, que se manifiestan con el aspecto de chakravartins acostumbrados a disfrutar de los placeres, les ofrecemos las cinco prendas de seda hechas de tejidos celestiales de un valor inestimable, vaporosas, suaves al tacto y de colores y dibujos diversos: la chaqueta de manga corta que proporciona al cuerpo la felicidad de la concentración, la prenda de arriba hecha de seda blanca con adornos dorados, la prenda multicolor de abajo, las cintas de diferentes sedas y la faja. La chaqueta de manga corta se puede reemplazar por un chal de seda. Mientras ofrecemos estas prendas de vestir, deseamos que todos los seres, incluidos nosotros mismos, logremos las prendas del sentido de la vergüenza ante uno mismo y el sentido de la vergüenza ante los demás.
Y también ofrecemos cientos de veces los ocho ornamentos preciosos: la diadema de oro con incrustaciones de lapislázuli y otras piedras preciosas, los pendientes, la gargantilla, los collares corto y largo, los brazaletes, las ajorcas para los tobillos y el cinturón. Con esas ofrendas se adorna a los sublimes Samantabhadra, Mañyughosha, Avalokitesvara —el Señor del Mundo—, y a los demás [95]: Vajrapani, Kshitigarbha, Maitreya, Akashagarbha y Sarvanivaranavishkambhin. Al hacerlo, deseamos que todos los seres obtengamos los ornamentos de las marcas mayores y menores de la Iluminación.

2.- LA OFRENDA DE LOS OBJETOS GRATOS A LOS SENTIDOS

El tesoro del Abidarma dice:
Los cuatro continentes, el sol y la luna,
el monte Meru, los cielos de los dioses
del reino del deseo y de la forma pura,
todo ello multiplicado por mil forman un kilocosmos.
Al multiplicarlo de nuevo por mil se obtiene un millón de mundos
o megacosmos al que se denomina universo intermedio.
Y este universo intermedio multiplicado por mil constituye un gigacosmos exquisitos [96].
[Estrofa 14] Con agua fresca y perfumada de sándalo blanco y otros aromas —cuya fragancia llega hasta los límites inconmensurables de mil millones de mundos y que está contenida en recipientes hechos de materiales preciosos, conchas, madreperlas, etcétera— las diosas de ofrecimiento untan los cuerpos de los poderosos sabios —los budas— y los bodisatvas, para que no haya polvo sobre ellos. Estos brillan como si se hubiese limpiado con un paño de seda oro puro que ha sido refinado y pulido fundiéndolo dieciséis veces y posteriormente abrillantado con diversas sustancias limpiadoras. Relucen luminosos (en sí mismos) e irradian luz a su alrededor. Visualizando eso, deseamos que todos los seres, incluidos nosotros mismos, adquiramos una piel dorada, que es una de las marcas excelentes de la budeidad.
[Estrofa 15] Ante los budas, señores de los sabios, que son los destinatarios supremos de las ofrendas, se colocan flores deleitables de formas y colores perfectos: las mandaravas celestiales, los lotos y las utpalas de los mundos humano y divino, junto con todas las flores perfumadas y resplandecientes que pueden encontrarse en los reinos de los dioses, los nagas, los humanos y también en las tierras puras. Esparcidas por el espacio, adquieren la forma de palacios, palios, banderas, parasoles, banderas de la victoria y mandalas que se ofrecen a los nirmanakayas de los budas, que se manifiestan como seres libres de apego. Luego las flores descienden como una lluvia, son empujadas por el viento y devienen una ofrenda para todos los victoriosos de las diez direcciones del espacio. A los sambhogakayas de los budas, que se manifiestan como seres que disfrutan de los placeres, se ofrecen hermosas guirnaldas de cinco clases de flores ensartadas con destreza como lo hacen los expertos artesanos, junto con otros ornamentos diversos. Al hacer esas ofrendas, deseamos que en todos los seres, incluidos nosotros mismos, florezcan las flores de los siete elementos que llevan a la Iluminación [97].
[Estrofa 16] Ofrecemos los mejores inciensos, naturales y manufacturados, hechos de sándalo esencia de serpiente, de aloe negro y de otras sustancias, cuyo aroma exquisito, que embelesa la mente de quienes lo huelen, llena el espacio en todas las direcciones. Las espesas nubes de humo procedente de la combustión del incienso —en varitas, en polvo...— toman la forma de sílabas semilla y de los siete atributos de la realeza. El viento los esparce en las diez direcciones y se ofrecen con respeto a los victoriosos y a sus herederos, que se deleitan con ellos. Al hacer esas ofrendas, deseamos que este perfume elimine el sufrimiento de todos los seres, incluidos nosotros mismos, y nos colme de felicidad, y que la fragancia de la disciplina ética, que tanto complace a los budas, nos impregne la mente.
Ofrecemos también manjares celestiales: arroces de cien sabores, bebidas de néctares, las tres sustancias blancas y las tres dulces, y demás exquisiteces de colores, aromas y sabores perfectos. Comida celestial en este contexto se refiere a que es digna de ser comida por un rey, que ha sido preparada con agua no contaminada... En resumen, se les ofrece, en sus boles de mendicante y también en platos enjoyados y demás recipientes, toda clase de comida y bebida que pueda desearse. Al hacer estas ofrendas, deseamos que todos los seres, nosotros mismos incluidos, adquiramos el supremo alimento de la concentración.
[Estrofa 17] Hacemos una ofrenda mental de la luz emitida por las preciosas lámparas de lapislázuli y otros materiales preciosos que están albergadas dentro de multitud de bellos lotos bien alineados y hechos del oro más puro, que ilumina día y noche todo el universo. Visualizamos que cada una de estas lámparas que ofrecemos es tan grande como el gigacosmos; su mecha, tan alta como el monte Meru; el aceite, tan abundante como un gran océano; y su luz de cinco colores llena todo el espacio. Y deseamos que, gracias a esta ofrenda, se disipen todas las tinieblas —de la ignorancia de la naturaleza de los fenómenos— de todos los seres, nosotros mismos incluidos, y todos obtengamos la luz suprema de la sabiduría omnisciente.
También ofrecemos una alfombra completamente nivelada de pétalos multicolores y preciosas flores desprovistas de los tallos que se han esparcido sobre el suelo, que es completamente liso, está hecho de joyas que forman un dibujo de cuadros e impregnado de una capa de perfume del grosor de la piel de un búfalo, y resulta blando y flexible cuando se camina sobre él. Al hacer esta ofrenda, deseamos que en todos los seres, incluidos nosotros mismos, se engendre la bodichita con una intención tan inamovible como la tierra.
[Estrofa 18] Ofrecemos palacios de amplitud y dimensiones arquitectónicas inmensurables. Están hechos de joyas y tienen quinientos niveles. En su interior y sobre las terrazas exteriores, las diosas de ofrecimiento cantan alabanzas melodiosas y tocan el laúd y otros instrumentos.
Estas residencias están adornadas con multitud de ornamentos, tales como los colgantes y las sartas de perlas rosáceas y diversas gemas preciosas, que cuelgan de las bocas de las criaturas marinas y los leones ornamentales situados en los pilares de dentro y fuera del edificio. Todos esos adornos colgantes y las sartas son sumamente bellos, irradian cientos de miles de rayos de luz y sus terminaciones están decoradas con borlas, campanitas y espejos. Los espejos muestran la conducta de los bodisatvas mientras el sonido de las campanitas la describe.
De los canalones de sándalo situados en las esquinas del tejado, desciende continuamente agua perfumada que llena los estanques, en donde diversas aves acuáticas juegan y gorjean melodiosamente. En algunas salas del palacio se encuentran diferentes vestimentas y en otras, diversas comidas y bebidas. Hay tronos para sentarse durante el día y divanes para dormir por la noche, en los que se apilan almohadas y cojines multicolores hechos de tejidos celestiales, junto con otras de las siete preciosas posesiones secundarias [98]. Día y noche, las lámparas hechas de materiales preciosos irradian una luz que se extienden en todas las direcciones colmando el espacio inconmensurable. Estas lámparas son, así, un adorno para el cielo.
Todo esto se ofrece a los budas victoriosos y a sus herederos, los bodisatvas, cuya naturaleza es compasiva. Y al hacerlo deseamos que todos los seres, nosotros mismos incluidos, alcancemos la ciudad de la gran liberación.
[Estrofa 19] Ofrecemos también sombrillas preciosas hechas de sedas celestiales y diversas piedras preciosas, con mangos de oro y bellamente decoradas de nudos infinitos, colgantes, sartas de perlas y flecos enjoyados en sus bordes. Su aspecto exquisito deleita la vista. Diosas de ofrecimiento, caballos sabios, elefantes y otros seres similares las llevan desplegadas. Estas sombrillas se ofrecen continuamente a los sabios poderosos y a sus herederos, los bodisatvas, del mismo modo que en el pasado Brahma, estando a la derecha de nuestro Maestro compasivo, le ofreció quinientas sombrillas de lapislázuli e Indra, que estaba a su izquierda, le ofreció quinientas sombrillas hechas del oro más puro. Deseamos que, por hacer esta ofrenda, todos los seres, incluidos nosotros mismos, nos cobijemos bajo la refrescante sombra protectora de las Tres Joyas y quedemos así protegidos del calor y la angustia del samsara y los reinos inferiores.
Hemos de considerar que estas doce ofrendas creadas mentalmente llenan la totalidad del gigacosmos, aunque nuestra visualización no pueda abarcarlo por completo.
Como Shantideva fue un yogui cuya práctica espiritual y cuyo modo de vida fueron extremadamente simples, no dio abundantes enseñanzas sobre las ofrendas materiales. Las ofrendas creadas mentalmente son, por otra parte, el mejor modo para completar sin dificultad una inmensa acumulación de mérito. Estas son las ofrendas de los bodisatvas hábiles en recursos. No deben subestimarse, sino que, por el contrario, deben practicarse de modo frecuente. No obstante, no es necesario concentrarse en ellas continuamente como se hace en la meditación de un yídam. Por visualizar meramente durante breves instantes las ofrendas a los budas y los bodisatvas, se puede reunir sin fatigas ni dificultades una gran cantidad de mérito. Así se completarán las acumulaciones y se purificarán los oscurecimientos, la bodichita se engendrará en nuestra mente, entenderemos las enseñanzas y las recordaremos, y desarrollaremos también todas las demás cualidades excelentes. Por lo tanto, es importante visualizar y ofrecer con frecuencia todas estas ofrendas con las que se consigue fácilmente un gran beneficio. Estas ofrendas serán más vastas y puras que cualquier otra ofrenda material, por inmensa que sea, obtenida por medio de un modo de vida equivocado y de acciones negativas, o que las ofrendas hechas con ostentación y orgullo.

4. LAS OFRENDAS HECHAS POR MEDIO DE LA ASPIRACIÓN

[Estrofa 20] Además, hemos de imaginar que una multitud de otras ofrendas extraordinarias aparecen y permanecen sin interrupción ante los budas y los bodisatvas: música de toda clase de instrumentos de viento y de percusión (como la de los címbalos dotados de las ocho cualidades, etcétera), música dulce de laúd (como la que tocaba el kinnara Druma e hizo que incluso Mahakashyapa [99] no pudiera resistirse a bailar), sonidos fascinantes (como el del tambura de Prabha, rey de los gandharvas) y otras nubes de músicas gratas acompañadas de bailes y melodiosas canciones de alabanza, que meramente por oírlas aplacan los sufrimientos de los seres y los colman de felicidad. «Nubes» aquí tiene la connotación de inmensa abundancia. Así, deseamos que todas esas incontables nubes de sonidos melodiosos que llenan todo el universo en las diez direcciones estén siempre presentes ante los budas y sus herederos, los bodisatvas.
[Estrofa 21] Deseamos que una lluvia de flores, joyas y todo tipo de cosas preciosas caiga sin cesar sobre la Joya del Darma sublime de transmisión y realización, incluidos todos los volúmenes de las escrituras. Se dice que, cuando los budas y los bodisatvas enseñan el Darma, cae una lluvia de flores. Este fenómeno se denomina el milagro de la aparición del Darma. Así pues, deseamos que caiga una lluvia de flores cuando las enseñanzas de transmisión se den y reciban. Además, deseamos que caiga igualmente una lluvia de flores siempre que el Darma de realización se engendre en la mente, del mismo modo que cuando el Buda victorioso alcanzó la Iluminación perfecta, los dioses del cielo de lo Puro [100] hicieron caer una lluvia de flores. Deseamos que caiga también sobre las estupas (soportes de las ofrendas), que son representaciones del darmakaya.
Hay ocho clases de estupas, que conmemoran los ocho grandes hechos del Tathagata. La primera, la estupa de la Acumulación de Lotos, el rey Shuddhodana hizo que se construyera en Kapila cuando nació nuestro Maestro. La segunda, la estupa del Sometimiento de los Demonios o la estupa de la Iluminación, fue construida por el rey Bimbisara y otros cuando el Buda alcanzó la Iluminación. La tercera, la estupa de las Múltiples Puertas de Buen Augurio, fue construida en Varanasi por sus cinco primeros discípulos cuando el Buda hizo girar la rueda del Darma. La cuarta, la estupa de los Milagros, fue construida por los Licchavis en el jardín de Yeta cuando el Buda sometió a los seis maestros no budistas. La quinta, la estupa del Descenso del Reino de los Dioses, fue construida en Shankhashya por la gente del lugar cuando el Buda, después de haber enseñando el Darma a su madre en el cielo de los Treinta y Tres, regresó al reino humano en ese sitio. La sexta, la estupa de la Reconciliación, fue construida por la gente de Maghadha en el jardín de Venu después de que el Buda hizo que la comunidad monástica se reconciliara. La séptima, la estupa de la Victoria Total, fue construida por los Mallas en Vaishali cuando el Buda prolongó su vida al bendecir su cuerpo físico. Y la octava, la estupa del Parinirvana, fue construida en Kushinagar también por los Mallas.
El sutra de la kalpa Afortunada dice: «Las reliquias del Tathagata se propagarán». Según esta predicción, con cada uno de los cuatro colmillos del Buda se construyó una estupa: una la construyó Brahma; otra, los nagas que vivían debajo de la ciudad de Rarok; el rey Kalinka construyó otra; y los gandharvas de la agradable ciudad de Gandhara, otra más. Con las reliquias del Tathagata, que llenaban ocho grandes unidades de medida de Maghadha, y con sus vestimentas —las que fueron quemadas y las que no lo fueron— se construyeron ocho estupas y otros lugares de culto. El rey religioso Ashoka, que había logrado el siddhi ordinario de tener a los yakshas [101] a su servicio, hizo construir un millón de estupas con reliquias del Buda en un millón de lugares de este mundo. El bhikshu Akarmatishila, que fue una emanación del rey Songtsen Gampo, trajo reliquias del Tathagata de la estupa de la Acumulación de Lotos, de la India. Esas reliquias están, en la actualidad, guardadas entre las cejas de la estatua [de Avalokitesvara] llamada Yowo Rangyung Ngaden. De la misma estupa, Padmasambhava de Oddiyana, el Segundo Buda, extrajo por medio de sus poderes milagrosos toda una medida de reliquias y las depositó en la estupa Blanca de Samye. Esas reliquias se multiplican y en la actualidad los seres afortunados pueden encontrarlas.
Deseamos, asimismo, que caiga esa lluvia sobre todas las imágenes pintadas y las estatuas, hayan sido esculpidas o hechas en metal fundido. La primera pintura sobre tela del Tathagata, denominada la imagen Creada por Rayos de Luz, fue autorizada por el Tathagata y estableció en la verdad [del camino de la Visión] a la joven ceilanesa Parra de Perlas. Vishvakarma, el rey de los artistas, hizo, entre otras, una estatua del Buda de joyas y materias preciosas que representa al Tathagata a los veinticinco años y que en la actualidad se encuentra en la tierra pura de Tushita; la estatua de Yowo Rimpoché Shakyamuni, que representa al Buda a los doce años; y la estatua denominada Yowo Mikyo Dorye de Ramoche, que lo representa a los ocho años; estas dos últimas se encuentran en la actualidad en Lasha. La estatua de Yowo hecha de madera de sándalo se encuentra en la actualidad en China [102]. Según el Vajrayana de los Mantras Secretos, se dice que, cuando aparecen las enseñanzas de la Gran Perfección, se manifiestan tres cosas: la imagen de Vajradhara, surgida espontáneamente y hecha de ciento una piedras preciosas, que es la representación del cuerpo iluminado; el tantra de El hijo único de la Doctrina, que es la representación de la palabra iluminada; y el vajra de cinco varillas, de un codo de alto y hecho de oro o de ciento una joyas, que es la representación de la mente iluminada. Estos objetos aparecen en el cielo encima de los doce lugares [103] y otros sitios donde se propagan las enseñanzas de la Gran Perfección.
Así pues, hemos de desear que una lluvia de joyas, flores, perfumes, prendas de vestir, adornos, granos y medicinas caiga continuamente como ofrendas sobre todas estas representaciones. Si se observa una disciplina ética pura, todas las aspiraciones que uno hace se cumplen. E incluso si no se cumplen, nos beneficiarán de un modo especial.

5. LA OFRENDA INSUPERABLE

El bodisatva Samantabhadra irradiaba desde su corazón cientos de miles de millones de rayos de luz multicolor, tan numerosos como las partículas de polvo de las innumerables tierras puras. Al final de cada rayo, producía una emanación de sí mismo, que irradiaba a su vez desde el corazón igual número de rayos de luz, con otra emanación de sí mismo al final de cada rayo, hasta que las emanaciones de sí mismo resultaban totalmente incalculables. Cada una de estas emanaciones hacía una serie inconmensurable de ofrendas a los budas y bodisatvas de las diez direcciones. Así es la nube de ofrendas de Samantabhadra.
[Estrofa 22] Hemos de pensar que hacemos ofrendas a los tathagatas protectores y a sus herederos, los bodisatvas, del mismo modo que Mañyughosha, Samantabhadra y otros bodisatvas del décimo estadio de realización hicieron infinitas nubes de ofrendas emanadas a los budas victoriosos de las diez direcciones. Como se dice en El sutra de la lámpara preciosa:
Ofrezco a los grandes seres, los victoriosos,
toda clase de flores esparciéndolas por doquier,
especialmente sombrillas de flores y
arreglos de flores luminosas y resplandecientes.
Además, cultivar la bodichita, meditar sobre la compasión, recordar las palabras y el significado de las enseñanzas son asimismo ofrendas insuperables, por lo que debemos perseverar en ellas.

6. LA OFRENDA DE ALABANZAS MELODIOSAS

[Estrofa 23] A los budas, dotados de un océano de excelentes cualidades —como las de que su cuerpo está adornado de las marcas mayores y menores, su voz es tan melodiosa como la de Brahma y su mente es sabiduría omnisciente—, y a sus herederos, los bodisatvas, alabamos melodiosamente usando un océano ilimitado de recursos, como los seis métodos de modular la voz: elevación, pausa, fluctuación, deslizamiento, entonación aguda y entonación grave. Deseamos que infinitas nubes de melodiosos cantos de alabanza se eleven continuamente y sin falta hacia los budas y los bodisatvas.

7. EL HOMENAJE

[Estrofa 24] A todos los budas victoriosos del pasado, presente y futuro, que residen en las infinitas tierras puras de las diez direcciones; al Darma sublime de transmisión y realización; y a la Sanga suprema, que no se separa de lo que ha logrado, rendimos homenaje postrándonos con fe y devoción con tantos cuerpos, que visualizamos que hemos emanado, como partículas de polvo hay en las diez direcciones del universo. Con las palmas de las manos unidas tocamos respetuosamente los tres centros [104] y luego estiramos el cuerpo sobre el suelo o bien ponemos sobre el suelo las cinco partes (manos, rodillas y frente). Recitamos con devoción las palabras del homenaje y recordamos con respeto las cualidades extraordinarias de las Tres Joyas.
[Estrofa 25] Rendimos homenaje también a lo que se denomina los soportes de la bodichita, esto es, las imágenes de los budas, el conjunto de escrituras mahayanas, los lugares del Buda —como el de su nacimiento y los demás—, los lugares donde se cultiva la bodichita y otros lugares donde el Darma se enseña y estudia. Rendimos homenaje a todas las estupas y las representaciones del cuerpo, la palabra y la mente de los seres iluminados. Asimismo rendimos homenaje a todos los maestros: los que transmiten los votos de liberación individual, los que dan transmisiones de textos leyéndolos, los que enseñan a los bhikshus y los shramaneras [105], e incluso a los que enseñan a leer, escribir y demás. Rendimos homenaje a los practicantes de Darma supremos que han dejado atrás la conducta anterior y han adoptado un nuevo modo de vida: a la sanga de los yoguis —de pelo largo y vestidos de blanco—, a la sanga de los que han renunciado y visten de color azafrán, e incluso a aquellos que meramente han asumido el comportamiento de los discípulos del Buda. Movidos por una devoción perfecta, a todos ellos les rendimos homenaje manifestando nuestro respeto en el cuerpo, la palabra y la mente.
Dado que al rendir homenaje con el cuerpo, la palabra y la mente, lo más importante es la mente; es mucho más efectivo y de mayor beneficio hacer una sola postración sin distracciones en la mente que muchas postraciones mientras se está hablando y mirando alrededor. Cuando el cuerpo se mantiene recto, los canales sutiles y las energías que circulan por ellos también lo están, y asimismo ocurre con la mente. Así pues, con estos cuatro elementos rectos, visualizamos a nuestro padre a la derecha, a nuestra madre a la izquierda, a nuestros enemigos y a los causantes de los obstáculos enfrente, y a nuestro alrededor tantos seres como partículas hay en la tierra. Todos ellos sostienen con respeto una joya entre las manos. El sutra de la gran liberación dice:
Juntad las manos encima de la cabeza,
como un capullo que se abre.
Luego, tocando con las manos unidas la parte superior de la cabeza, la garganta y el corazón sucesivamente, recordamos las cualidades del cuerpo, la palabra y la mente de los tathagatas. Y mientras nos postramos, deseamos que todos los seres purifiquemos los oscurecimientos físicos, verbales y mentales, y obtengamos la ushnisha [106] invisible sobre la cabeza, la caracola del Darma del habla iluminada y el nudo infinito de la mente iluminada. Deseamos, en definitiva, que podamos obtener, tanto nosotros como los demás, todas las cualidades de la rueda de los ornamentos inextinguibles de la mente, la palabra y el cuerpo iluminados. Mientras ponemos el cuerpo —o bien las cinco partes— en el suelo, recordando lo que se dice en los sutras, deseamos y decimos lo siguiente: al tocar el suelo con la rodilla derecha: «Que todos los seres permanezcan en el camino correcto»; al tocar el suelo con la rodilla izquierda: «Que todos los seres que siguen un camino equivocado adopten el auténtico camino supremo»; al tocar el suelo con la mano derecha: «El Tathagata, cuando estaba sentado debajo del árbol de la Iluminación, golpeando el suelo con su mano derecha —que era producto de cientos de méritos—, sometió a todas las fuerzas negativas y logró la Iluminación. Que, de igual modo, todos los seres venzan a las fuerzas negativas y adversas, y sentándose debajo de un árbol de la Iluminación, puedan también golpear el suelo con la mano y lograr la sabiduría primordial de la Iluminación»; al tocar el suelo con la mano izquierda: «Que, por medio de los cuatro modo de atraer discípulos [107], reúna a mi alrededor a todos los seres que están perdidos en el estado ordinario de inmadurez espiritual, se aferran a la negatividad y resultan difíciles de ayudar»; al tocar el suelo con la cara y la frente: «Que todos los seres, sin ninguna arrogancia, sirvan a sus maestros, obtengan la ushnisha invisible y sean ennoblecidos por todas las cualidades virtuosas».
Cuando hacemos las postraciones con las cinco partes, deseamos y decimos: «Que se disipen los cinco oscurecimientos de todos los seres. Que todos los seres logren culminar los cinco poderes [108]. Que reconozcan [la naturaleza de] los objetos de los cinco sentidos. Que obtengan las cinco clases de conocimiento sobrenatural sin ninguna imperfección. Que posean las cinco clases de ojos [109] en toda su pureza. Que todos los nacidos en los cinco reinos transciendan su situación en esos cinco reinos. Que su disciplina ética sea suprema. Que su concentración sea suprema. Que su sabiduría trascendental sea suprema. Que su liberación sea suprema. Que su percepción de la sabiduría primordial de la liberación sea, asimismo, suprema».
Respecto a los beneficios de hacer postraciones, se dice que: «Por hacer postraciones uno nacerá como un chakravartin tantas veces como partículas de polvo hay [debajo del cuerpo extendido] desde la superficie del suelo hasta los cimientos del universo [110] y finalmente obtendrá la paz suprema.

8. EL REFUGIO

Refugiarse es la puerta de acceso a todas las enseñanzas budistas. Es la base de todos los votos y la fuente de todas las buenas cualidades. Es lo que distingue a los budistas de los que no lo son y lo que hace que pasemos a formar parte de los budistas. Por lo tanto, refugiarse es muy importante.
Es la puerta de acceso a la totalidad del Darma, puesto que para hacer cualquier práctica, antes es necesario refugiarse. Es la base de todos los votos, como dicen Las setenta estrofas sobre el refugio:
Todos pueden tomar los votos,
excepto quienes no han tomado refugio.
De hecho, nuestro maestro el Buda no autorizó ninguna clase de votos —desde los ocho votos que se toman por un día [111] hasta los compromisos de los Mantras Secretos— a nadie que no hubiese tomado refugio. Solo los que tienen los compromisos del refugio están autorizados a tomar los demás votos.
Además, el refugio es la fuente de todas las buenas cualidades. Si alguien desprovisto de los votos de refugio practica cualquiera de los tres caminos —el camino de liberación personal, el de los bodisatvas o el de los mantras secretos—, no obtendrá ningún beneficio. Como dijo Drikung Kyobpa Rimpoché:
Si se carece del refugio, que es el fundamento del Darma, no se obtendrá ningún beneficio.
De hecho, sin cimientos, no pueden levantarse las paredes ni cubrirse estas de pinturas al fresco.
Por otra parte, quien provisto de los votos de refugio practica cualquiera de los tres caminos —el de la liberación personal, el de los bodisatvas o el de los mantras secretos— conseguirá que en él se manifiesten todas las cualidades de ese camino y obtendrá su resultado. Será como levantar las paredes sobre unos cimientos muy sólidos y cubrirlas de pinturas al fresco.
El refugio es lo que distingue a los budistas de los que no lo son y lo que hace que pasemos a formar parte de los budistas, los practicantes del budismo. Podría decirse que lo que establece esa diferencia es la creencia o la no creencia en el yo del individuo. Pero si así fuera, los vatsiputriya (que son seguidores de una escuela de budismo) no serían considerados budistas, porque, cuando dicen que «existe un agente responsable del que no puede decirse que sea permanente o transitorio», están afirmando la existencia de un yo inexpresable [112].
En general, aquellos a los que se denomina tirthikas [113] no son necesariamente unos completos ignorantes. El pandita Ksitigarbha, un discípulo indio del venerable Atisha, dijo que había estudiado tres veces cada uno de los sistemas filosóficos budistas y no budistas, y todavía no sabía en qué se diferenciaban. Y el glorioso Atisha dijo que desde que había fallecido su maestro Shantipa y él estaba en el Tíbet, no quedaba nadie en India capaz de distinguir los principios filosóficos budistas de los no budistas. Y dijo eso a pesar de que todavía vivían en la India los seis grandes panditas de las puertas [de Vikramashila].
Cuando Atisha se encontraba en el Alto Tíbet, en la región de Ngari, únicamente daba enseñanzas del refugio, y como resultado de ello le pusieron el sobrenombre de El pandita del refugio. Y cuando los eruditos tibetanos le advirtieron de que lo llamaban por ese sobrenombre y le solicitaron que enseñara algo diferente, Atisha se sintió sumamente complacido y respondió: «Eso significa que incluso mi nombre trabaja para las enseñanzas del Buda».
Como dijo Drikung Kyobpa:
En resumen, todas las enseñanzas sublimes pueden condensarse en el refugio únicamente. El refugio es un punto esencial muy profundo.

9. LOS PRINCIPIOS GENERALES DEL REFUGIO

1.- LA CAUSA DEL REFUGIO

De los cuatro tipos de fe —nítida, anhelante, convencida e irreversible—, lo que nos lleva a refugiarnos es la fe irreversible.

2.- LA ESENCIA DEL REFUGIO

La esencia del refugio consiste en reconocer [las Tres Joyas como] el refugio y comprometerse con ellas para liberarse del miedo. El refugio no debe confundirse con algún tipo de súplica. Hacer una súplica es recurrir a alguien para explicarle nuestro caso y pedirle su protección cuando algo malo nos ocurre, como en el caso de un malhechor que soborna a un oficial para no ser castigado. Por el contrario, refugiarse, tal como se describe en El ornamento de los sutras, consiste en el reconocimiento y el compromiso. Es un compromiso con las Tres Joyas y una resolución de aceptarlas como nuestro refugio. Es una clara decisión de que, de ahora en adelante, estemos felices o tristes, nos ocurra algo bueno o malo, tengamos una posición elevada o humilde, toda nuestra confianza y nuestras esperanzas las depositaremos exclusivamente en las Tres Joyas.
Es crucial entender que la esencia del refugio es el reconocimiento y el compromiso.

3.- DIFERENTES CLASES DE REFUGIO

Aunque es posible clasificar el refugio según el objeto en el que uno se refugia, aquí el criterio principal es la motivación. Desde ese punto de vista, hay dos clases de refugio: el refugio mundano y el refugio que trasciende lo mundano. El refugio que trasciende lo mundano comprende el refugio del vehículo básico y el refugio del gran vehículo. El refugio del gran vehículo a su vez se divide en refugio causal, que es un refugio provisional, y el refugio resultante, que es el refugio último.

4.- LA EXPLICACIÓN DE LOS DIFERENTES REFUGIOS

En El sutra de la suprema bandera de victoria se dice:
La mayoría de los que están asustados por algún peligro
buscan refugio en las montañas, los bosques,
los jardines sagrados, los árboles y los santuarios.
Todos esos no son los mejores refugios
y los que recurren a ellos
nunca se liberarán del sufrimiento.
Así pues, cuando la gente está asustada por pequeñas circunstancias adversas pasajeras, tales como las enfermedades o las fuerzas negativas, se refugia en los dioses de las montañas o de los bosques, en Ishvara, Brahma, Vishnu, en las ocho clases de espíritus, etcétera. ¿Cómo pueden esas entidades protegerlos de todos sus sufrimientos, si ni siquiera es seguro que puedan protegerlos de los peligros temporales? No son el refugio supremo o principal. Por otra parte, aunque el objeto de refugio sea las Tres Joyas, si la motivación para refugiarse es mundana, es también un refugio mundano.
Con respecto al refugio que trasciende lo mundano, el refugio del vehículo básico son las Tres Joyas, definidas así: «El Buda, el supremo de los seres humanos» es el victorioso Shakyamuni, el nirmanakaya supremo —el Buda cuya mente es el darmakaya y cuyo cuerpo es el rupakaya—; «el Darma sublime, la paz suprema y la ausencia del deseo y el apego» es la eliminación de todo lo que ha de ser eliminado, es decir, las emociones aflictivas y sus semillas —el Darma es, así, el nirvana o la cesación—; «la Sanga, la reunión suprema» se refiere a la realización que previamente no estaba y que ahora está unida a la mente de una persona. Nadie, sea humano o divino, puede separar la verdad del camino de la persona que logra su realización. Por eso a la Sanga se la denomina la reunión suprema, pues la palabra sánscrita «sanga» significa reunión. Otras reuniones no son supremas, ya que se dice, entre otras cosas, que «todo lo que nace acaba muriendo; todo lo que se reúne finalmente se separa». La Sanga del vehículo básico comprende cuatro tipos de individuos: los que han entrado en la corriente, los que regresan una vez, los que no regresan —estos tres tipos están en el camino del aprendizaje— y los arhats, que están en el camino de más allá del aprendizaje.
En el refugio del vehículo básico, uno se refugia en las Tres Joyas, como se han descrito antes, motivado por el miedo a los peligros del samsara. Los agregados se consideran un verdugo armado con un cuchillo y los dhatus, serpientes venenosas. Deseando librarse a sí mismo de ellos, uno se refugia de modo provisional mientras dure su vida y de modo último hasta conseguir el resultado del camino que practica.
En el refugio del gran vehículo, se cultiva una compasión intensa e irresistible hacia todos los seres, nuestras madres, cuyo número es tan inmensurable como el espacio. Pero sentir compasión por ellos no es suficiente, es necesario liberarlos de su sufrimiento. Sin embargo, hasta que uno mismo es libre, no puede llevar a los demás a la liberación. Por lo que, a fin de liberar a uno mismo y a los demás de los peligros de la existencia samsárica y de la paz del nirvana, uno se refugia en las Tres Joyas, del mahayana, hasta que alcance la esencia de la Iluminación. En este refugio del gran vehículo a su vez se distingue el refugio causal, que es un refugio provisional, y el refugio resultante, que es el refugio último.

1/ LA EXPLICACIÓN DEL REFUGIO CAUSAL, QUE ES PROVISIONAL

A fin de liberarnos nosotros mismos y liberar a los demás de los peligros de la existencia samsárica y de la paz del nirvana, nos refugiamos en las Tres Joyas, consideradas como algo externo. ¿Cómo? Según la explicación general, nos refugiamos en las Tres Joyas entendiéndolas del modo siguiente. La joya del Buda es un ser iluminado dotado de tres o cuatro kayas y diferente de nuestra propia mente, como el buda Shakyamuni. Nuestro Maestro primero generó bodichita y acumuló mérito y sabiduría durante tres kalpas inconmensurables, y finalmente nació como el hijo del rey Shudhodana y alcanzó la Iluminación perfecta debajo del árbol de la Bodhi. La joya del Darma es la Doctrina sublime de transmisión y realización que reside en la mente de los budas y los bodisatvas. Y la joya de la Sanga es una comunidad de seres distintos y separados de nosotros mismos: los bodisatvas que han alcanzado un estadio de realización irreversible, como los venerables Mañyusri, Maitreya...

2/ LA EXPLICACIÓN DEL REFUGIO RESULTANTE, QUE ES EL ÚLTIMO

Como el protector Maitreya dice [en El ornamento de los sutras]:
Se ha de entender que el refugio resultante es la resolución de comprometerse, debido al amor y la compasión, a la budeidad.
Es el compromiso de actualizar plenamente en nuestra propia mente las Tres Joyas últimas a fin de terminar con los problemas de la existencia y de la paz, tanto de uno mismo como de los demás. Cuando finalmente actualizamos plenamente las Tres Joyas en nuestra propia mente, nos liberamos de todos los miedos y peligros del samsara y el nirvana. Por lo tanto el refugio resultante es el refugio último. Como se dice en el texto mahayana de La continuidad suprema:
Según la verdad última, solo la budeidad
es el refugio de los seres transmigrantes.
El Buda está dotado del cuerpo del Darma
y es también la Sanga última.
Es necesario saber que, en general, todo el comentario de La continuidad suprema no trata de nada más que del refugio. Porque los cuatro capítulos que tratan sobre la naturaleza búdica, la budeidad, las cualidades de la budeidad y las actividades de la budeidad son una exposición del refugio resultante [114]. El refugio causal no es definitivo precisamente porque no puede proteger de todos los miedos y los peligros de la existencia y la paz. Esto implica que el refugio resultante es lo mismo que la bodichita en aspiración. Por lo que puede que uno se pregunte si quizá hay algo que los diferencie. El maestro Vasubandhu tuvo cuatro discípulos que le superaron. En su gran comentario sobre El ornamento de los sutras, Sthiramati, cuyo conocimiento del Abidarma era superior al de Vasubandhu, afirmó: «Lo que denominamos ‘cultivar la bodichita’ se denomina también ‘tomar refugio’», pues consideraba que el refugio resultante y la bodichita en aspiración eran lo mismo. Por otra parte, Atisha señaló que esa igualdad dependía de la presencia o la ausencia de los dos ganchos —u objetivos— en el compromiso [115]. Finalmente, el omnisciente Longchempa dijo que la diferencia entre el refugio y la bodichita es la que corresponde a orientarse hacia el beneficio de uno mismo y orientarse hacia el beneficio de los demás. Si se analiza esta interpretación, puede concluirse que son idénticos en su esencia, pero diferentes en sus aspectos conceptuales. La faceta de estar resuelto a actuar «por el beneficio de los seres» es bodichita y la faceta de estar decidido a «alcanzar uno mismo la Iluminación perfecta» es refugio (resultante). De ese modo es cómo esos dos pueden distinguirse.

10. EL REFUGIO SEGÚN EL BODICHARYAVATARA

Aunque hay muchos modos de considerar el refugio, sea el del vehículo básico o el del gran vehículo, en este texto se va a exponer en tres apartados [la explicación del refugio del vehículo básico, la explicación del refugio del gran vehículo y el modo general de refugiarse].

1.- LA EXPLICACIÓN DE LOS MODOS ESPECÍFICOS

1/ LA EXPLICACIÓN DEL REFUGIO DEL VEHÍCULO BÁSICO

Se dice en los textos del Vinaya que, a fin de liberarse de los peligros de la existencia samsárica y lograr la paz del nirvana, uno se refugia durante tanto tiempo como dure su vida. Con respecto al objeto de refugio, El tesoro del Abidarma dice:
Quienquiera que se refugia en las Tres [Joyas]
se refugia en el Darma de más allá del aprendizaje
y conjuntamente en el Darma del aprendizaje y el de más allá del aprendizaje,
que dan lugar respectivamente al Buda y a la Sanga,
y asimismo se refugia en el nirvana.
Es decir, (en el contexto hinayana) el cuerpo físico del Buda se considera un residuo de la verdad del sufrimiento. El príncipe Siddhartha, hijo del rey Shuddhodana, era un ser corriente que alcanzó la Iluminación perfecta después de haber recorrido los cinco caminos en una sola sentada [debajo del árbol de la Iluminación]. Su cuerpo era, pues, el de un ser corriente, producto de su propio karma anterior, por lo que para los vaibhashikas no es un objeto de refugio. El Buda, como objeto de refugio, es su realización de la verdad del camino de más allá del aprendizaje lograda en su mente plenamente iluminada. La Sanga, como objeto de refugio, es la realización de los caminos del aprendizaje y de más allá del aprendizaje lograda en las mentes de los miembros de la Sanga, ya que los cuerpos de los miembros de la Sanga son, asimismo, residuos de la verdad del sufrimiento. El Darma, como objeto de refugio, es la ausencia de oscurecimientos (que ya han sido eliminados) de la mente del Buda y de la mente de la Sanga, es decir, el estado de más allá del sufrimiento, el nirvana, la ausencia del deseo y el apego que constituye la verdad de la cesación. Así se definen las Tres Joyas, como objetos de refugio, en el vehículo básico.

2/ LA EXPLICACIÓN DEL REFUGIO DEL GRAN VEHÍCULO

[Estrofa 26] En el mahayana, a fin de que todos los seres, cuyo número es tan ilimitado como el espacio, obtengan la budeidad perfecta, nos refugiamos hasta que alcancemos la esencia de la Iluminación en los budas, dotados de los cuatro kayas y de las cinco sabidurías, y asimismo en el sublime Darma de transmisión y realización; y en la Sanga suprema de los bodisatvas.
Con respecto a la duración del refugio, nos refugiamos, desde un punto de vista externo, hasta que debajo de un árbol de la Iluminación nosotros alcancemos también la Iluminación perfecta para beneficiar a los seres y, desde un punto de vista interno, hasta que la consciencia primordial, el sugatagarbha, se haya manifestado plenamente en su estado natural. Se dice que todos los victoriosos del pasado, del presente y del futuro alcanzan la Iluminación debajo de un árbol de la Iluminación: el árbol de la Iluminación de Vajrasana en la India, en el caso de los budas de está kalpa Afortunada, o el árbol de la Iluminación llamado el Precioso Loto Iluminador, en el caso del buda Amitabha, etcétera.
En La sublime reina de las aspiraciones a la conducta excelente se dice:
Pronto acudirán al pie del árbol de la Iluminación
y una vez allí, se sentarán para beneficiar a los seres,
despertarán a la Iluminación y harán que gire la rueda del Darma...
Solo los budas perciben el sugatagarbha tal como realmente es. Ni siquiera los grandes bodisatvas pueden percibirlo como lo hacen los budas. El protector Maitreya dijo [en La continuidad suprema]:
Incluso los seres nobles lo ven como ven el sol
los bebés desde la estancia en la que acaban de nacer.
El objeto de refugio es las Tres Joyas extraordinarias del Gran Vehículo. Con respecto al Buda, La continuidad suprema dice:
Es incompuesto y espontáneo,
su realización no depende de factores externos
y está dotado de sabiduría, amor y capacidad:
así es el Buda, que ha logrado el doble objetivo.
La budeidad no es un producto de causas y circunstancias, y sus cualidades están espontáneamente presentes. Su realización no se debe a factores externos, sino que se logra directamente mediante la propia sabiduría primordial que se conoce a sí misma. Estas son las tres cualidades perfectas correspondientes al [logro del] propio beneficio.
Además, puesto que los budas perciben todos los fenómenos y su verdadera naturaleza, conocen todo lo que puede ser conocido. Con un inmenso amor compasivo, incondicional y desprovisto de cualquier referencia, enseñan el camino y tienen la capacidad de disipar todos los sufrimientos y las emociones aflictivas. Estas son las tres cualidades perfectas relacionadas con el [logro del] beneficio de los demás.
Estos dos beneficios perfectos —el propio beneficio y el beneficio de los demás— se cuentan como dos cualidades que se suman a los dos conjuntos de tres cualidades. El Buda está por lo tanto dotado de ocho cualidades y tres o cuatro kayas.
Con respecto al Darma, La continuidad suprema dice:
Es inconcebible, está exento de los dos y libre de pensamientos,
es puro y luminoso, y tiene la naturaleza de un antídoto,
está libre del apego y libera de todos los apegos:
así es el Darma, que se define como las dos verdades. [116]
Como dice el texto, el Darma está más allá del alcance del pensamiento. Es la pacificación del karma y las emociones aflictivas, y también de los pensamientos discursivos. Estas tres cualidades últimas corresponden a la verdad de la cesación, que está libre del apego y el deseo. Está limpio de cualquier mancha (puro), tiene la luz de la sabiduría y contrarresta cualquier emoción aflictiva. Estas tres cualidades últimas corresponden a la verdad del camino, que libera del apego y el deseo. Este es el Darma de la realización, que se define como las dos [de las cuatro nobles] verdades y está dotado de ocho cualidades.
Si analizamos esto con detenimiento, encontraremos que dado que la verdad de la cesación consiste en la eliminación o ausencia [de las aflicciones, manchas o impurezas...], no es una realización [de algo]. ¿Por qué se llama, entonces, Darma de realización? La cesación es el resultado de la verdad del camino; es decir, la primera resulta de la realización de la segunda. En otras palabras, por medio de la verdad del camino se alcanza el espacio último, que está libre de apego. Y ese espacio último o vacuidad, que es inseparable de la sabiduría primordial, es lo que se denomina cesación. Por eso se incluye en el Darma de realización. Este es un punto esencial muy importante. Finalmente, el Darma de transmisión de las escrituras mahayanas constituye la condición favorable para el Darma de realización, que se define como las dos [de las cuatro nobles] verdades.
Con respecto a la Sanga, constituida por los seres sublimes que han alcanzado los estadios de realización irreversible del Gran Vehículo, Maitreya dice [en La continuidad suprema]:
Dotada del conocimiento de la naturaleza y de la multiplicidad [de los fenómenos],
y de sabiduría primordial interior, que es inmaculada,
la Sanga de los sabios que ya no regresan
posee cualidades insuperables.
Como dice el texto, estos bodisatvas poseen las cualidades de la sabiduría primordial. Puesto que tienen una realización directa del estado natural, el sugatagarbha, tienen la sabiduría primordial que conoce la naturaleza de todos los fenómenos. Y puesto que ven que el sugatagarbha está presente en todos los seres, tienen la sabiduría primordial que lo conoce todo. Estas dos sabidurías, que son inseparables, constituyen la sabiduría primordial que se conoce a sí misma. Estas tres clases de sabiduría primordial constituyen las cualidades del conocimiento de los bodisatvas.
Esta sabiduría primordial está libre de los oscurecimientos emocionales y cognitivos, y también del oscurecimiento de la absorción meditativa. Al estar libre de las emociones aflictivas, está libre de los oscurecimientos que surgen del apego. Al estar libre de los oscurecimientos cognitivos, está libre de los oscurecimientos que impiden el conocimiento. Y al estar libre de objetivos egoístas, está libre de los oscurecimientos de una motivación inferior. Así, los bodisatvas poseen las tres cualidades de la liberación. En total son seis cualidades [las tres del conocimiento y las tres de la liberación], que junto con la de cada uno de los dos grupos tomado en conjunto son las ocho cualidades de la Sanga mahayana.

2.- LA EXPLICACIÓN DEL MODO GENERAL DE REFUGIARSE

Según la fórmula: «El Buda es el maestro insuperable; el Darma, la protección insuperable; y la Sanga, el guía insuperable», el verdadero refugio o protección para los principiantes es, de hecho, el Darma. El Buda dijo:
Os he enseñado los métodos que llevan a la liberación. Practicad con diligencia, ya que la liberación depende de vosotros.
También dijo:
El Sabio no lava los actos negativos con agua,
ni quita el sufrimiento de los seres con sus manos,
ni transfiere su realización a los demás:
los libera enseñándoles la paz de la realidad última.
Esto significa que practicando el Darma nos protegemos de los sufrimientos del samsara y los reinos inferiores. Si una persona observa los preceptos del upavasa [117] incluso durante un solo día, protege su mente de los errores y las caídas a lo largo de todo ese día, y en el futuro renacerá en un reino celestial. Así pues, el verdadero refugio para los principiantes es el Darma sublime, porque las otras dos Joyas no pueden realmente protegerlos. Por eso se describe al Darma sublime como el refugio o la protección insuperable.
Por otra parte, en los Mantras Secretos de la tradición ñingmapa se dice que el objeto de refugio es la felicidad, la claridad y la ausencia de pensamiento; o los canales, las energías y las gotas de esencia; o la naturaleza última, su expresión natural y la «compasión» [es decir, su poder creativo], etcétera. [El refugio es, así,] el deseo y el compromiso de purificar los canales, las energías y las gotas de esencia del cuerpo. Por medio de esa práctica, se consigue el resultado según se explica en los textos (por ejemplo, el nirmanakaya una vez que se han purificado los canales).
Además, si no se conoce la diferencia entre refugiarse y rezar, puede que uno suplique a los canales, las energías y las gotas de esencia que están en su cuerpo esperando equivocadamente conseguir algún tipo de protección, etcétera. En resumen, la diferencia entre rezar y refugiarse estriba precisamente en que el verdadero objeto de refugio para los principiantes es el Darma en sí: la práctica del Darma en la propia mente. Este es un punto esencial, por lo que es crucial entenderlo. No entender que la esencia del refugio es un compromiso mental y que, de las Tres Joyas supremas, es el Darma sublime lo que es el verdadero refugio para los principiantes; no entender que el refugio es el compromiso de poner en práctica las enseñanzas lleva al repudio del refugio mantrayana de la tradición ñingmapa que se ha mencionado previamente. Eso es el resultado de no conocer la diferencia entre refugiarse y rezar. Algunos practicantes ñingmapas no sabiendo cómo afrontar las críticas en relación a este asunto, pierden los estribos, empiezan a dudar de sus propias enseñanzas y acaban rechazándolas. Este tipo de cosas ocurre simplemente porque no se entienden estos puntos cruciales que se han mencionado.
Puede que uno se pregunte que si el Darma es el verdadero refugio, por qué se dice que el Buda y la Sanga son también objetos de refugio. La razón es que si el Buda no hubiese aparecido, estaríamos todavía en la ignorancia y no tendríamos ni idea de qué es el Darma. Dado que enseñó a los seres de forma perfecta el camino impecable que él mismo había recorrido, él es también un objeto de refugio. Y respecto a la Sanga, la verdad es que nosotros, los seres que vivimos en esta época de decadencia, no hemos tenido la suerte de haber conocido al Buda en persona. Sin embargo, la Sanga es la que nos guía en el camino auténtico a la liberación. Por lo tanto, la Sanga también es nuestro objeto de refugio.
Por consiguiente, hemos de refugiarnos en las Tres Joyas, como nuestro Maestro, nuestro Camino y nuestros Compañeros. ¿Cómo? Puesto que nuestro maestro es el Buda, prometemos que solo actuaremos y practicaremos según sus enseñanzas, y no seguiremos las enseñanzas de los maestros no budistas, ni prestaremos atención a lo que nos digan nuestros padres, familiares, amigos y otros allegados, si es contrario al Darma. Puesto que nuestro camino es el Darma sublime, nos comprometemos a practicarlo siguiendo las instrucciones del Victorioso y a abstenernos de involucrarnos en actividades mundanas negativas, como las del comercio, la agricultura, combatir a nuestros enemigos, proteger a nuestros allegados con parcialidad, etcétera [118].
Refugiarnos en la Sanga, es decir, en la comunidad de los bodisatvas sublimes y considerarlos nuestros compañeros puede explicarse del modo siguiente. Si vamos a Lhasa, por ejemplo, nuestros compañeros serán aquellos que siguen al jefe de la caravana. No serán aquellos que no van a Lhasa o que van en la misma dirección solo una parte del camino. Del mismo modo, no nos asociamos ni en los pensamientos ni en las conversaciones ni en los actos, con aquellos —sean laicos o monjes— que se dejan llevar por actividades mundanas negativas asociadas a las ocho preocupaciones mundanas. Tampoco permanecemos en compañía de los shravakas ni de los pratyekabudas. Es esencial que nos ejercitemos y aprendamos a seguir el ejemplo de los bodisatvas sublimes, los herederos de los victoriosos. Porque ellos son nuestros verdaderos compañeros. Hemos de tomar la firme resolución de mantenernos alejados de aquellos que nos harían apartarnos del camino del Darma y comprometernos a seguirla. Refugiarnos de este modo en las Tres Joyas, como nuestro Maestro, nuestro Camino y nuestros Compañeros, es un punto de importancia vital.

LOS PRECEPTOS DEL REFUGIO

Simplemente saber cómo refugiarnos no es suficiente. Es necesario que tomemos adecuadamente los compromisos del refugio en presencia de un maestro. Y una vez que los hayamos tomado, hemos de mantenerlos. Los preceptos del refugio son de dos clases: generales y específicos.
Los preceptos específicos son de tres clases: las acciones que se han de evitar, las acciones que se han de llevar a cabo y otros preceptos adicionales.
Los preceptos sobre las acciones que se han de evitar son los siguientes. Habiéndonos refugiado en el Buda, no tomamos como refugio permanente a los dioses mundanos, que todavía están atrapados en el samsara, ni les rendimos culto. Habiéndonos refugiado en el Darma, no hemos de dañar a ningún ser ni siquiera en sueños, sino protegerlos tanto como nos sea posible. Habiéndonos refugiado en la Sanga, no hemos de estar en compañía de quienes mantienen puntos de vista opuestos al budismo [119], ni de los que no tienen fe en nuestro maestro y las enseñanzas, y los critican.
Con respecto a los preceptos de las acciones que se han de llevar a cabo, en El sutra del loto blanco se dice:
Manifestándose en multitud de formas diversas,
el Buda induce a los seres a practicar la virtud.
Por lo tanto, hemos de considerar todas las representaciones del cuerpo o la mente del Buda, incluso un fragmento de una imagen de arcilla (o tsa tsa), como la Joya del Buda. No hemos de tratarlas de modo irrespetuoso, sino, con sumo respeto, hacerles ofrendas, ponerlas encima de nuestra cabeza y colocarlas en un lugar limpio.
Habiéndonos refugiado en el Darma, hemos de considerar los textos de las enseñanzas, incluso una sola letra de ellas, como la Joya del Darma y evitar cualquier tipo de falta de respeto. Nunca hemos de poner los textos en el suelo ni andar sobre ellos. Cuando pasemos las páginas de los libros, no hemos de humedecernos los dedos con saliva ni mancharlas de ningún otro modo. Debemos tratar los libros con respeto. En El pendiente de la oreja se dice:
En el último periodo de quinientos años,
estaré presente en forma de letras escritas.
Consideradlas como si fuera yo mismo
y tratadlas con respeto.
Y en El sutra del gong se dice que la Gran Madre [120] estará presente en la forma de un gong de madera.
Y [habiéndonos refugiado en] la Sanga, hemos de considerar cualquier símbolo de la orden monástica —aun siquiera un cinturón amarillo o un pedazo de tela roja o amarilla— como la Joya de la Sanga y tratarlo con respeto. En El sutra del gong se dice:
En el futuro, cuando las enseñanzas del Buda estén en su ocaso,
cualquier trozo de tela rojo o amarillo
será recogido por los dioses, usado como soporte de la fe
y venerado en la cumbre del monte Meru.
Los preceptos adicionales son los siguientes. Hemos de considerar a todos nuestros maestros y amigos espirituales, que nos enseñan qué hacer y qué evitar, como la verdadera Joya del Buda y esforzarnos en complacerlos y honrarlos. Hemos de considerar sus enseñanzas como la Joya del Darma y aceptar lo que nos enseñan sin desobedecer ni lo más mínimo sus palabras. A sus acompañantes, monjes y discípulos hemos de considerarlos como la verdadera Joya de la Sanga, estar en su compañía respetándolos física, verbal y mentalmente, y nunca hemos de disgustarlos ni un solo momento. En El sutra del gran tambor se dice:
Ananda, no estés triste.
Ananda, no llores.
En el futuro, para beneficiaros, a ti y a los demás,
apareceré en forma de amigos espirituales.
Con respecto a los preceptos generales, Ngari Pandita Pema Wanguial los describe así:
Nunca reneguéis de las Tres Joyas,
ni siquiera en los momentos difíciles o para preservar vuestra vida.
No busquéis otros métodos ni aun en las situaciones de mayor necesidad.
No dejéis de hacer ofrendas en los momentos indicados.
Refugiaos y haced que los demás también lo hagan.
Dondequiera que vayáis, rendid homenaje a los budas de esa dirección.
Estos son, según Atisha, los cinco preceptos generales.
Así pues, todo eso es lo que debemos poner en práctica o evitar. Refugiarnos en las Tres Joyas tiene, entre otros, los siguientes beneficios: planta la semilla de la liberación, hace que formemos parte de la comunidad budista, nos protege de los miedos y los peligros, y hará que alcancemos la Iluminación. De hecho, los beneficios de refugiarse son ilimitados. El sutra de la esencia del sol dice:
Ni diez millones de demonios pueden matar
a quien se refugia en el Buda.
Aunque infrinja la disciplina o su mente esté angustiada,
es seguro que irá más allá de los nacimientos.
Finalmente, en El sutra inmaculado se dice:
Si el mérito de refugiarse
tuviera una forma material,
todo el espacio estaría lleno
y aún faltaría más para contenerlo.

11. LA CONFESIÓN DE LAS ACCIONES NEGATIVAS

12. LA VISUALIZACIÓN DE LOS TESTIGOS DE LA CONFESIÓN

[Estrofa 27] En el espacio ante nosotros, visualizamos los testigos de la confesión: todos los budas perfectos, victoriosos, virtuosos y transcendentes, y todos los grandes bodisatvas, que residen en las diez direcciones del ilimitado universo y cuya mente está dotada de gran compasión. A ellos, con las palmas de las manos unidas, les dirigimos nuestra súplica.

13. LA CONFESIÓN EN SÍ

La confesión tiene cuatro aspectos o fuerzas: la fuerza del arrepentimiento, la fuerza del soporte, la fuerza de la práctica como antídoto y la fuerza de la reparación.

1.- LA FUERZA DEL ARREPENTIMIENTO

[Estrofa 28] ¿Qué es lo que decimos? En esta vida y las anteriores, desde los tiempos sin principio del samsara, no sabiendo qué acciones debían hacerse y cuáles debían evitarse, debido a la ignorancia y las emociones aflictivas, hemos cometido acciones que son negativas por naturaleza y quebrantado las reglas de disciplina, y hemos incitado a los demás a hacerlo también.
[Estrofa 29] Y también, engañados debido al desconocimiento de la ley de causalidad kármica y de lo que se ha de hacer y evitar, nos hemos alegrado de las acciones negativas cometidas por los demás. Pero ahora, dándonos cuenta de que esas acciones negativas —en cualquiera de las tres formas [121] en que las hayamos cometido y sean graves o minúsculas— son realmente dañinas, las confesamos admitiéndolas abiertamente, no meramente con la boca sino sinceramente de corazón, en la presencia de nuestros protectores, los budas y los bodisatvas, y prometemos que no volveremos a cometerlas en el futuro.
[Estrofa 30] Especialmente, confesamos las faltas más graves: las que hemos cometido contra los que son el campo de lo excelente (las Tres Joyas: el Buda, el Darma y la Sanga), contra los que son el campo del beneficio (nuestro padre y nuestra madre) y contra los que están colmados de buenas cualidades y merecen ser respetados (los maestros espirituales eruditos y, en definitiva, todos los maestros). Confesamos todas las faltas que, debido al apego, la aversión, la ignorancia y otras emociones negativas, hemos cometido físicamente (matando, destrozando, golpeando...), verbalmente (criticando, calumniando, insultando...) y mentalmente (por mantener puntos de vista equivocados, la malevolencia...).
De todas esas acciones negativas, las peores son las cometidas contra las Tres Joyas y la sustracción —sea hurto, robo o apropiación indebida— de las propiedades religiosas (es decir, de todos los bienes en relación con el Buda, el Darma y los maestros del Darma). El invencible Maitreya dijo en La continuidad suprema:
¿Cómo puede conseguir la liberación aquel que odia el Darma?
Se cuenta la historia del gran siddha Kyergangpa que experimentaba un intenso dolor producido por la sensación de que una sílaba Ah blanca le atravesaba repetidamente el cuerpo. Según explicó él mismo, este era el resultado completamente maduro de haberse quedado el dinero que un benefactor le había dado para que se recitara El sutra de la Prajñaparamita en ocho mil líneas. Se dice que apropiarse de los bienes de la sanga, residente en cualquiera de las diez direcciones, y, especialmente, de lo que se le ha donado directamente constituye una falta muy grave.
En resumen, se dice en los sutras que apropiarse por medios deshonestos de los bienes, grandes o pequeños, de la sanga (hurtándolos, robándolos, traficando con ellos...) es algo que no puede purificarse ni siquiera con la confesión y con toda seguridad llevará a renacer en los infiernos:
Las propiedades de la sanga son como diamantes,
las propiedades de la sanga son como veneno.
Para el veneno hay antídotos,
pero para la apropiación de los bienes de la sanga no los hay.
Se cuenta la historia de cierta persona que, por usar un recipiente de barro que pertenecía a una comunidad monástica, renació en un infierno efímero con la forma de este recipiente. Además, el Buda omnisciente dijo que era incorrecto dar a la parte de abajo del templo lo que estaba destinado a la parte de arriba o viceversa, o guardar para el invierno la comida que la sanga ha recibido para el verano o viceversa, o guardar para mañana lo que ha sido ofrecido para hoy, etcétera.
Algunas historias del pasado ilustran esto un poco. El Vinaya dice que si se ensucian con saliva o mocos las paredes o los pilares de la sala donde se reúne la comunidad monástica, se renacerá en un infierno efímero con la forma de una pared o un pilar. Si se utiliza para uso personal una escoba o un mortero de una comunidad monástica, se renacerá en un infierno efímero con la forma de una escoba o un mortero. Si los monjes no distribuyen la comida del verano y la guardan para el invierno o no distribuyen la comida del invierno y la guardan para el verano, renacerán como insectos con talles tan finos como un hilo y sufrirán enormemente.
Y en El sutra del sabio y el necio se relata una historia de un gran árbol que estaba completamente cubierto (sin que quedara ni un solo punto de su superficie sin cubrir) de gusanos que lo estaban devorando y le producían terribles dolores que le hacían gemir. En él se dice que eso era el efecto completamente maduro de los actos de un servidor de la comunidad monástica llamado Lita, que había usado para sí los bienes de los monjes y también se los había dado (como comida y bebida) a los laicos. Lita renació como el árbol y los laicos como los gusanos. Después de eso, Lita renació en los infiernos.
En el mismo sutra se cuenta también la historia de un bicho de cuatro patas similar a una lagartija que desde hace muchos años vivía experimentando un inmenso sufrimiento en una charca inmunda en la ciudad de Rayagriha. Un día el Buda pasó por allí con sus discípulos y les explicó el karma de ese ser. En la época del buda Vipashyin, quinientos mercaderes ofrecieron, a fin de acumular mérito, algunas piedras preciosas a los catorce mil monjes de un monasterio. Los monjes aceptaron la ofrenda y se la confiaron al administrador del monasterio. Posteriormente, en un periodo en el que no recibieron donaciones, los monjes le preguntaron al administrador si había vendido las joyas. El administrador encolerizado les dijo: «¡Comeos vuestros excrementos! Las joyas me las dieron solo para mí, no para la comunidad monástica». Debido a lo cual, la comunidad monástica se vio obligada a disgregarse.
A consecuencia de esta acción, el administrador monástico cayó directamente en un gran infierno y durante noventa y una kalpas estuvo sumergido en vómitos. Después de liberarse de ese estado, renació en esa sentina putrefacta, donde vivió muchos años sin poder escapar de allí.
El Buda siguió explicando que en el pasado el buda Ratnashikhin visitó ese mismo lugar con sus discípulos y les explicó el karma de ese individuo, y posteriormente el buda Vishvabhukra hizo lo mismo. Después ese bicho murió y renació de nuevo en un infierno durante un periodo inmenso, tras lo cual volvió a nacer en esa misma charca inmunda. Después vinieron los budas Krakucchanda, Kanakamuni y Kashyapa, y todos ellos explicaron el karma de esa criatura. Del mismo modo, todos los mil budas [de esta kalpa Afortunada] vendrán aquí con sus discípulos y explicarán el karma de ese ser. Al oír esta historia, los monjes se asustaron tanto que se les puso la carne de gallina y se esforzaron diligentemente en controlar sus pensamientos, palabras y actos.
Al norte de Nalanda, en los alrededores de la ciudad de Katvam, había una cueva. Un día, cuando un grupo de niños monje estaba jugando allí, apareció [un preta en la forma de] un remolino de fuego centelleante. Los niños le lanzaron piedras y salieron corriendo. Pero uno de los niños que habían lanzado piedras fue poseído. Sus pies se giraron hacia atrás, se le empezó a pelar la piel, le salían llamas de fuego por la boca y empezó a gritarles a todos en sánscrito.
Cerca de allí vivía un yogui que meditaba en el amor bondadoso. Oyó lo que estaba pasando y, asombrado de que el niño hablara en sánscrito, se acercó para escuchar. Le preguntó al preta por qué [el niño] estaba ardiendo.
Arde —respondió el preta— porque me ha recibido con odio. Como tú te has dirigido a mí con respeto, no ardes.
Entonces el yogui le preguntó al preta qué era lo que había causado que renaciera así. El preta contestó que si los monjes se iban, le contaría toda la verdad, porque él era un yogui bondadoso que meditaba en el amor.
Cuando los monjes se fueron, le explicó que él había sido un abad de Nalanda llamado Yinakara y que, actuando como si fuese el dueño del lugar, se había comido ilícitamente media medida de arroz pasado que pertenecía a la comunidad monástica. Debido a ello, ahora había renacido como un preta con un estómago en llamas. El fuego que constantemente le consumía las entrañas le salía por la boca en lenguas de fuego. Sus pies estaban girados hacia atrás porque, además, no se quitó los zapatos cuando entró en un templo que albergaba el Tripitaka. Y debido a que se había untado el cuerpo con la mantequilla ofrecida para las ofrendas de luz a la imagen del Buda, sin haberla restituido nunca, ahora tenía que padecer que se le pelara constantemente la piel. Le dijo que los bienes de la comunidad monástica son muy peligrosos y que de los bienes de las Tres Joyas, los de la sanga son los más peligrosos.
El yogui quiso saber cuándo el preta quedaría libre de esa existencia. Y este le informó que eso no ocurriría hasta dentro de aproximadamente quince mil años, tras lo cual renacería en el infierno de las Torturas Máximas. Cuando le preguntó si había algún modo de confesar su falta, el preta le dijo que puesto que había despreciado el principio kármico de causa y efecto, no había ningún remedio. Luego añadió que, por otra parte, el abstenerse de usar los bienes de la sanga tiene inmensos beneficios. Su propio ayudante, llamado Gunashri, había apreciado a la sanga más que a su propia vida y temido a sus propiedades más que al veneno. Cuando falleció, vinieron a escoltarlo deidades y protectores del Darma acompañados de música y arcos iris, y ahora estaba liberado del samsara. Y cuando le preguntó por qué había sido necesario que se fueran los niños monje, el preta le respondió que todos ellos habían sido sus discípulos en el pasado y si hubieran oído la historia, se habrían entristecido y él se habría avergonzado.
En ese momento el niño poseído se desmayó y cuando, después de un momento, pudo volver a hablar, el yogui le preguntó qué había pasado y adónde había ido [el preta]. Este contestó que había ido a crear obstáculos a la práctica virtuosa de otro yogui que vivía más arriba en el valle. Y cuando le preguntó que por qué alguien que había sido un abad erudito en el Tripitaka se estaba comportando de un modo tan ruin, el preta respondió que aunque eso era cierto, ahora era incapaz de controlarse. Y poseyó de nuevo al niño de tal modo que todo su cuerpo volvió a estar muy caliente. Y el niño empezó a gritar mientras le salían lenguas de fuego por la nariz y la boca. Llamaron al yogui que vivía más arriba en el valle y este se visualizó en una forma airada. Pero el preta se echó a reír y explicó que él había alcanzado estabilidad en la fase de generación de las deidades airadas y no lo asustaba nadie con poderes mundanos.
Cuando el yogui que meditaba en el amor bondadoso preguntó al preta la razón por la que había ido a molestar al otro yogui, el preta dijo que aunque al comer (aun tan solo un minúsculo grano de cebada) sentía como si añadiese combustible al fuego de su estómago, debido a sus hábitos anteriores había ido para calmar el hambre y que el problema que había causado al yogui había sido un medio para purgar su mal karma. Cuando le preguntó la razón de eso, el preta explicó que en la época en la que él había sido un abad, el yogui de la parte alta del valle fue a Nalanda a estudiar gramática. No había observado las reglas de disciplina, pero sin embargo había disfrutado de la vida de monje y usado sus provisiones de agua y madera. Debido a eso, ahora tenía que sufrir esas adversidades. Le preguntó, entonces, si con eso terminaría el mal karma de ese yogui, pero el preta respondió que solo había empezado a experimentar los resultados de ese acto y que en su próxima vida nacería como un preta. Al preguntarle si se podía hacer algo para remediarlo, el preta explicó que si rendía homenaje a la sanga y hacía una confesión abierta en la presencia de esta, purificaría su karma negativo.
El yogui, entonces, durante algunos instantes cultivó amor bondadoso hacia el preta, quien juntando las manos dijo: «¿Es mi madre la que está ahí?». Y [el preta] se marchó llorando y nunca más volvió. Mientras el preta estuvo contando su historia, la mayor parte de los que le escuchaban, como habían sido sus discípulos, empezaron a llorar.
Estas historias son para que entendamos que, tal como dijo el Buda, los bienes de la sanga hay que considerarlos como si fueran una úlcera [122].
En otro sutra se cuenta también la historia de quinientas personas que ensuciaron el agua de la cocina de un monasterio, por lo que no se pudo cocinar el arroz para los monjes y, debido a ello, las enseñanzas del Darma para la sanga se interrumpieron ese día. El resultado kármico de ese acto fue que esas quinientas personas tuvieron que sufrir renaciendo como quinientos pretas repulsivos.
Se cuenta asimismo que cuando el venerable Atisha residía en Nalanda, había un administrador que actuaba según el Darma. Un día tenía que repartir el agua para beber a los monjes. Pensó que si repartía [toda] el agua en ese momento, ese día tendrían mucha agua para beber, pero no habría suficiente para el día siguiente, lo cual sería lamentable. Por lo que decidió dejar el agua para el día siguiente. Esa noche tuvo mucha sed y fue a beber de un gran tanque de cobre, pero encontró que se había secado y no quedaba ni una gota de agua. Como ese tanque acababa de ser rellenado, pensó que debía estar viendo visiones porque era imposible que no quedara nada de agua. Decidió investigar qué pasaba y puso una piedra en el tanque. Luego fue a beber de una gran charca que había cerca de la puerta del monasterio, pero también se había secado. Volvió a pensar que era una alucinación, pues era imposible que tampoco hubiera agua en la charca. Así que, para investigarlo, puso una roca en el centro de la charca seca. Después fue a beber de un río, pero el río igualmente se había secado. Pensando de nuevo que aquello debía ser una alucinación pues aquello era imposible, el administrador ató sus hábitos monásticos alrededor del tronco de un árbol de la otra orilla del río a fin de investigar qué estaba pasando. Y, aunque estaba todavía sediento, fue a acostarse. A la mañana siguiente cuando fue a ver qué había pasado, encontró que la piedra estaba todavía en el tanque de cobre, que ahora estaba lleno de agua. También estaba la roca en la charca, pero en un sitio que ahora era inaccesible porque estaba cubierto de agua. Y en la orilla opuesta del río, vio sus hábitos atados alrededor del árbol. Se dice que la maduración inmediata del resultado de ese acto indica que fue una falta menor.
Por lo tanto, todos aquellos que se relacionan estrechamente con los lamas o los monjes, y especialmente los que tienen posiciones de, mayor o menor, responsabilidad, tales como tesoreros, administradores o encargados de un monasterio —todos ellos expuestos a peligrosas tentaciones—, deben ser muy escrupulosos al manejar los bienes de las Tres Joyas y especialmente los de la sanga. Porque si son descuidados, con toda seguridad tendrán que experimentar los sufrimientos insoportables de ser quemados y cocidos en los infiernos durante numerosas kalpas. Así pues, [yo, Khempo Kumpel,] os agradecería que prestéis mucha atención a todo lo expuesto anteriormente, que he explicado esperando que sea de algún beneficio, y actuéis con cuidado y prudencia.
[Estrofa 31] En presencia de los budas y los bodisatvas, nuestros guías, confesamos abiertamente todos y cada uno de los cuantiosos actos dañinos que, al ser antiguos pecadores, cometimos mental, verbal y físicamente —faltas graves e intolerables cuyo resultado kármico nos harán renacer en los infiernos,— y que se adhieren a nuestra mente como la herrumbre al hierro.
¿Por qué es necesario confesar nuestras faltas lo antes posible? Porque el momento de la muerte y las circunstancias en que ocurrirá son imprevisibles. Ni siquiera sabemos si no vamos a morir hoy. Y cuando muramos, el sufrimiento que experimentaremos en el momento de la muerte de que la vida se acaba, el sufrimiento del estado intermedio tras la muerte y el sufrimiento de los reinos inferiores en la existencia siguiente serán todos resultado de las acciones negativas.
[Estrofa 32] Así pues, si morimos antes de que hayamos purificado nuestros actos negativos por medio de la confesión, sin habernos arrepentido de esos errores cometidos en el pasado, ni haber tomado la resolución de abstenernos de ellos en el futuro, ni habernos esforzado en hacer acciones positivas para contrarrestarlos; tendremos que experimentar los sufrimientos de los reinos inferiores. Y en ese caso, ¿con qué medios contaría allí nuestra mente para liberarse de esos actos? Por eso Shantideva ruega a los budas y los bodisatvas que lo protejan lo antes posible.
Quizá pensemos que, aunque tengamos que morir algún día, no importa si hoy no tenemos tiempo para confesar nuestras acciones negativas, pues las confesaremos antes de morir.
[Estrofa 33] Pero no se puede confiar en Yama, el demoniaco Señor de la Muerte. Él no esperará a que terminemos lo que hemos empezado (la confesión de nuestras acciones negativas, por ejemplo), ni a que hagamos lo que tenemos planeado pero aún está por empezar. Y como dice un proverbio:
Cientos de personas sanas pueden morir mientras alguien sufre una enfermedad terminal.
El hecho es que, estemos sanos o enfermos, no podemos tener ninguna certeza de que no vamos a morir de repente en cualquier momento; igual que de repente desaparecen los rayos de sol que salen de entre las nubes o se apaga una lámpara de manteca expuesta al viento. La duración de la vida es incierta y es erróneo confiar en que no vamos a morir hoy. Puesto que no se puede saber cuándo, dónde o cómo ocurrirá nuestra muerte, no es posible estar seguros de que no vamos a morir hoy. Como dice Nagaryuna (en La carta a un amigo):
La vida, sacudida por las ráfagas de mil males,
es más frágil que una burbuja de agua.
Cuando dormimos, tras espirar, inspiramos de nuevo.
¡Qué asombroso es que nos despertemos todavía vivos!
[Estrofa 34] Cuando la muerte llega, tenemos que dejar todo: el hogar, el país, los parientes, los compañeros, la comunidad, los enemigos, los amigos, la familia [cercana], las pertenencias, la ropa, la comida e incluso el propio cuerpo. Vamos a la próxima vida completamente solos. No obstante, no habiendo tenido eso en cuenta, a fin de proteger a la familia y los allegados (conocidos, amigos y gente que nos gusta), y vencer a los enemigos, hemos cometido muchos actos negativos debido al apego, la aversión y otras emociones negativas: hemos matado, robado, etcétera. Y nada de eso ha valido la pena.
[Estrofa 35] Porque aunque no los hubiéramos vencido, los enemigos igualmente morirán y dejarán de existir. Y aunque hayamos conseguido proteger y cuidar a los allegados y seres queridos, tampoco sirve de mucho, porque todos ellos morirán y desaparecerán. Nosotros también moriremos. Asimismo todo el universo, con sus continentes, montañas y todo lo demás; y los seres que en él habitan: amigos, enemigos y seres que nos resultan indiferentes —sean de posición tan elevada como el cielo, tan poderosos como los truenos, tan ricos como los nagas, tan bellos como los dioses o tan fascinantes como los arcos iris—, están destinados a desaparecer. Todas las fortalezas y mansiones que se han construido, todas las fortunas que se han acumululado, todos los familiares que se han reunido, todo desaparecerá. ¡Qué absurdo es cometer actos negativos a causa de todo eso!
[Estrofa 36] Para explicarlo Shantideva pone el ejemplo de lo que experimentamos por la noche en sueños: los objetos deleitables de los cinco sentidos —las formas y demás—que disfrutamos; los enemigos que vencemos; los amigos que protegemos; las riquezas, los honores y demás cosas que conseguimos, al despertarnos por la mañana encontramos que todo ha pasado a ser solo un recuerdo y no queda nada que podamos ver. Del mismo modo, todo lo que hemos hecho anteriormente (tratar de conseguir o de rechazar los objetos de los cinco sentidos —las formas y demás—, luchar contra nuestros adversarios, proteger a nuestros allegados, hacer negocios, cultivar la tierra), todo lo que hemos deseado y todo lo que hemos disfrutado (riquezas, honores, fama, alimentos, ropa, propiedades, etcétera) hoy no es más que un recuerdo: «Hice esto, me pasó aquello...». Todo lo que ha pasado y ya no existe, no lo veremos de nuevo y ya no nos hace daño ni nos beneficia [directamente]. Por lo tanto, todo lo que hicimos por ello no tiene sentido.
[Estrofa 37] Sin contar a los amigos y enemigos de las vidas anteriores, solo en el breve transcurso de esta vida, ha habido numerosos allegados y adversarios que ya han fallecido. Una vez muertos, no son más que recuerdos que no pueden realmente ayudarnos ni perjudicarnos ni lo más mínimo. Puede que pensemos que los actos negativos que hicimos por ellos son también algo que ya ha pasado y no puede hacernos daño. Pero no es así, pues tendremos que experimentar los efectos insoportables de la plena maduración de todos los actos negativos que hemos cometido debido al apego, el odio y demás emociones negativas por nuestros amigos y enemigos. Ese karma, como si fuera nuestra sombra, no nos deja, sino que permanece ante nosotros esperando. En El sutra de los consejos al rey está escrito:
¡Oh rey!, cuando llegue el peligroso momento de partir,
ni el séquito ni los amigos ni la riqueza podrán seguiros.
Pero sea cual sea el lugar en el que un ser renazca,
su karma le sigue como una sombra.
Los resultados de las acciones positivas y negativas permanecen ante nosotros. Como se ilustra con la historia de cuando el Buda llevó a Nanda al cielo de los Treinta y Tres donde pudo ver su futuro lugar de nacimiento en un bellísimo palacio celestial y luego lo llevó a los infiernos donde vio el caldero de cobre en el fuego preparado para él. Y también con la historia de cuando el mecenas Shuka estaba midiendo el parque que iba a ofrecer al Buda y Shariputra dijo que Shuka experimentaría los resultados de ese acto en esa misma vida.
Por ejemplo, cuando los grandes lamas y las personas importantes viajan, sus monjes y acompañantes los preceden para preparar el lugar, la cocina, etcétera, y poder, así, recibirlos adecuadamente. Se dice que, exactamente del mismo modo, los grandes malhechores cuando mueren, debido a sus propias percepciones kármicas, ven a los secuaces del Señor de la Muerte venir a recibirlos y llevarlos a los infiernos y demás lugares, mientras que los que han practicado actos virtuosos perciben que sus maestros y las deidades los reciben y acompañan a las tierras puras.
[Estrofa 38] En resumen, somos tan efímeros y transitorios como un viajero que está de paso o un insecto que vive sólo una estación. No tenemos idea de dónde venimos ni sabemos adónde vamos y no tardaremos demasiado en desaparecer. Pero sin haber tenido en cuenta todo eso ni haberlo comprendido, hemos matado, robado y cometido muchos otros actos negativos debido a la ignorancia —aferrándonos a la noción de que las cosas son permanentes y confundiendo lo que se debe hacer y lo que se debe evitar—, el apego a las cosas que deseamos y a los seres que percibimos como allegados y la aversión a lo que no queremos y a los que percibimos como ajenos. Todos esos actos negativos los hemos de confesar lo antes posible sin ninguna demora.
[Estrofa 39] Porque el tiempo que nos queda para vivir no aumenta, sino que disminuye como un estanque sin suministro de agua. Día y noche, la vida se escapa momento a momento, sin detenerse ni un solo instante. La duración de la vida va menguando sin cesar. Como dice el proverbio:
Cuando se agota el karma que impulsa esta vida, no hay ningún medio de prolongarla, aunque
el rey de los médicos [123] aparezca en persona.
Puesto que ningún agente exterior puede prolongar esta vida, que mengua sin cesar, ¿qué puede esperar cualquier ser del samsara más que la muerte? Y ya que eso es indiscutible, es necesario esforzarse en confesar las acciones negativas. En Los discursos sobre la transitoriedad se dice:
Un estanque al que se le ha cortado el suministro de agua
solo puede decrecer; nunca, aumentar;
del mismo modo, todos vamos camino hacia la muerte.
¿Cómo puede alguien confiar en esta vida efímera?
[Estrofa 40] Cuando esta vida termine y llegue el momento de la muerte, yaceremos postrados en nuestro último lecho, rodeados de allegados, padres, hermanos, amigos, compañeros, familiares, médicos... y todos ellos sufrirán como si ellos fueran los que se están muriendo en vez de nosotros. Harán todo lo posible para protegernos, pero todo será en vano. Porque nadie puede tomar sobre sí el intenso y angustioso dolor que sobreviene cuando la vida se interrumpe. Eso es algo que uno experimenta solo.
[Estrofa 41] Cuando empiece el proceso gradual de la disolución de los elementos, como producto de las alucinaciones debidas al mal karma, aparecerán los aterradores mensajeros del Señor de la Muerte, que nos atraparán por el cuello con un lazo negro y nos infligirán diversos tormentos, como golpearnos con martillos y demás. ¿En qué podrán ayudarnos, en esos momentos, nuestros padres y familiares? ¿Cómo nos ayudarán los amigos y otros seres queridos? Nadie podrá protegernos. En esos momentos, solo el mérito que hayamos acumulado por haber llevado a cabo acciones positivas podrá ayudarnos. Esa será la mejor protección; de hecho, la única. Pero eso es algo de lo que nunca nos hemos preocupado. Y si no disponemos de mérito, ¿qué vamos a hacer?
[Estrofa 42] Por eso Shantideva invoca a los protectores, los budas y bodisatvas dotados de gran compasión y se lamenta angustiado: «No sabía lo que se debe hacer y lo que se ha de evitar, no tenía fe en el principio kármico de causa y efecto, y he sido descuidado con los actos del cuerpo, la palabra y la mente, por lo que he actuado negativamente. Ignorando los temibles trances que me aguardaban —la muerte, el bardo y los reinos inferiores en vidas futuras—, he matado y cometido otros innumerables actos dañinos a fin de vencer a los adversarios, proteger a los allegados y procurarme bienes, riquezas y sustento. Y todo ello ha sido solo por esta vida, tan insustancial y efímera».
Quien se ha comportado así, cuando muere, sufre terriblemente y es muy desgraciado. [Estrofa 43] Consideremos, como ejemplo, la angustia de un criminal condenado por el rey a causa de un delito grave y al que otros súbditos llevan al cadalso para meramente amputarle los miembros. Aún así, está aterrado. Tiene la boca reseca, de llevarla abierta; los ojos congestionados y desorbitados; la cabeza caída... Está totalmente desfigurado por el miedo.
[Estrofa 44] ¿Qué será, entonces, de nosotros cuando nos atrapen los malvados mensajeros del Señor de la Muerte? Estos mensajeros, que son alucinaciones debidas al mal karma, van desnudos y son siete veces más altos que los seres humanos. Tienen el pelo erizado y los ojos vidriosos, desorbitados y triangulares. Sus dientes superiores sobresalen mordiendo el labio inferior. Su respiración es un ruidoso y fuerte vendaval huracanado. Iracundos y violentos, empuñan garfios de hierro, lazos, hachas, martillos... Estos terribles mensajeros de rostros fruncidos por la furia y formas horrendas, tan temibles como demonios caníbales, nos amarrarán con cuerdas y nos arrastrarán, solos, a la vida siguiente. Allí, sobre el suelo de metal incandescente de los infiernos, nos recibirá una pavorosa oscuridad, mientras el viento huracanado del karma nos empujará por detrás. Gritando: «¡Golpeadlo! ¡Matadlo! ¡Cortadlo a pedazos!», los esbirros del Señor de la Muerte nos agarrarán con ganchos metálicos, nos aporrearán con martillos, nos amputarán los miembros... Es innecesario explicar la magnitud del sufrimiento y el pánico de esos momentos en los que se experimentan esos horribles tormentos.
[Estrofa 45] En esos momentos, los seres llaman a alguien compasivo —su maestro, al médico...— para que los proteja eficazmente de los horrores espeluznantes del final de la vida y de los esbirros del Señor de la Muerte. Están aterrados y presos del pánico. Como tienen la piel del rostro replegada en la nuca, no pueden cerrar los ojos y estos están desorbitados y miran desesperadamente en todas direcciones en busca de ayuda y refugio. Pero ni siquiera el Buda puede proteger a nadie de tener que experimentar el mal karma que haya acumulado. Como cuando Devadatta cayó en el infierno y gritaba lastimeramente: «Gautama, me quemo, me quemo». [Pero el Buda no pudo salvarlo.]
[Estrofa 46] Entonces, al darse cuenta de que no hay nadie que los proteja ni los salve, se sienten completamente desamparados. Recuerdan que han nacido en Yambudvipa, el continente sur en el que es tan difícil renacer; han obtenido una vida humana dotada de las libertades y condiciones favorables, que es tan difícil de conseguir; han conocido a un maestro sublime, que es tan difícil de encontrar; han encontrado el Darma supremo, que es tan difícil de hallar; e incluso han llegado a entender un poco qué es lo que se ha de hacer y lo que se ha de evitar. Pero, ¡ay!, son seres desafortunados, colmados de mal karma, que han desperdiciado esa oportunidad cometiendo cuantiosos actos viles, en vez de aprovecharla para hacer actos virtuosos y ahí están sin protector ni refugio. Ha llegado el momento de la muerte y no tienen ningún sitio a donde ir más que a los reinos inferiores. Recordando todos los actos negativos que han cometido, se arañan el pecho con las uñas, su rostro palidece, los ojos se les llenan de lágrimas, jadean entrecortadamente y les tiemblan las piernas, los brazos y la cabeza. Y parten a la próxima vida sufriendo. Como dice El sutra de los consejos al rey:
Como todos los demás seres, morirá.
Tendido sobre su último lecho,
con sólo un poco de aliento vital,
tendrá miedo de los esbirros de Yama
y se sentirá desesperado.
Dejará de inspirar y espirar,
los orificios nasales se ensancharán
y la boca se abrirá mostrando los dientes.
Rodeándole estarán sus padres,
hijos, hijas, hermanos y hermanas,
que se dirán: «Ahora nos repartiremos sus riquezas».
¡Ay, padre!, ¡ay, madre!, ¡ay, hijo!, gemirá.
Pero, excepto el Darma sublime,
no hay ningún otro refugio,
ninguna otra protección,
ningún lugar a donde ir,
nadie a quien recurrir.
Cuando llegue ese momento, gran rey,
el Darma es la protección y el maestro,
es el hogar y el asilo.
Así pues, en el momento de la muerte, aparte del Darma sublime y las buenas acciones que se hayan hecho, no hay nada más en lo que refugiarse. Puesto que no hay escapatoria posible, solo sufrimiento y dolor, ¿qué podemos hacer los seres colmados de mal karma como nosotros?

2.- LA FUERZA DEL SOPORTE

La fuerza del soporte puede interpretarse como el objeto a quien se dirige la confesión o como el soporte para la purificación. En este caso, se refiere al segundo.
[Estrofa 47] Cuando llegue el momento de la muerte y aparezca el Señor de la Muerte —que personifica la alucinación producida por el mal karma—, aunque debido al miedo se busque un refugio, no podrá encontrarse. Por lo tanto, es esencial que decidamos que, de hoy en adelante, nos refugiamos en el Buda victorioso y perfecto. Él es el protector de todos los seres, cuyo número es tan ilimitado como el espacio, que a fin de ampararlos de todos sus sufrimientos engendró en primer lugar la aspiración a la Iluminación suprema y luego se esforzó exclusivamente en beneficiarles. Así llegó a ser el gran y poderoso Protector, el Buda dotado de diez fuerzas.
Se dice que el Buda está dotado de diversos poderes: la fuerza física recibida de sus padres, el poder de los milagros, el poder de su sabiduría primordial, etcétera. Los sutras explican que la fuerza que heredó de su padre y su madre era tal que los músculos de sus brazos y sus piernas eran cien e incluso quinientas veces más fuertes que los de Narayana. El sutra de la roca lanzada cuenta que cuando el Buda fue a Kushinagar, se encontró con quinientos hombres fuertes, cada uno acompañado de otros quinientos. Estaban limpiando un camino, pero había una gran roca que querían quitar de allí y no podían mover. El Buda, gracias a la fuerza heredada de sus padres, la levantó con el dedo gordo del pie derecho y con la mano la lanzó al aire. Y, por medio de su poder milagroso, hizo que la roca se convirtiera en polvo y se esparciera en todas las direcciones. Luego, dándose cuenta de que eso no era lo que querían esos hombres, el Buda hizo que se uniera de nuevo todo el polvo y volviese a formarse la roca de antes, y la dejó en un lugar fuera del camino. Esto último lo hizo mediante el poder de su meditación o sabiduría primordial.
En particular, el Buda tiene diez clases de fuerza para proteger a los seres. Se explican así:
Conoce lo que es correcto y lo que es incorrecto, el pleno resultado de los actos, los diferentes tipos de seres, sus actitudes, sus aspiraciones, los diferentes caminos, las concentraciones, lo ocurrido en vidas anteriores y el final de los engaños, y tiene la visión divina: estas son las diez fuerzas del Buda [124].
Al estar dotado de estas diez fuerzas del conocimiento, el Buda enseña el Darma sublime de forma perfecta. Si practicamos siguiendo sus palabras, se eliminarán todos los miedos y los sufrimientos del samsara, y especialmente los de los reinos inferiores. Los que no saben discernir lo que es importante de lo que no lo es y confunden lo que se ha de hacer y lo que se ha de evitar pasan toda su vida haciendo actos negativos. Cuando mueren, les invade el pánico y no saben qué hacer. Aunque busquen protección, es difícil que algo pueda ayudarlos en esos momentos. Será ya demasiado tarde. No hemos de seguir su ejemplo, sino, en cuanto oigamos el Darma, hemos de decirnos: «Desde hoy, desde esta mañana (si es por la mañana) o desde esta tarde (si es por la tarde) o de esta noche (si es por la noche), hasta que alcance la esencia de la Iluminación, me refugio en el Buda como mi maestro».
Con respecto al Darma, hemos de recibir las enseñanzas, reflexionar y meditar sobre ellas, alternando estas tres cosas entre sí. Y si enseñamos el Darma, en vez de contentarnos con hablar elocuentemente y de un modo agradable, hemos de pensar en lo que estamos diciendo. Si lo hacemos así, la enseñanza será también una meditación.
[Estrofa 48] Mientras estaba en el camino del aprendizaje, el Buda reunió las acumulaciones de mérito y sabiduría durante muchas kalpas innumerables. Cuando finalmente obtuvo la sabiduría omnisciente bajo el magnificente árbol de la iluminación, declaró:
He encontrado una verdad similar a la ambrosía:
profunda, apacible, libre de elaboraciones mentales, luminosa y no compuesta.
Por consiguiente, el Darma que el Buda integró en su ser —o logró su realización— incluye todas las enseñanzas vastas y profundas. Si se practica, pacifica y elimina todos los miedos del samsara. Por eso, desde ahora hemos de refugiarnos verdaderamente, sin dudas ni falsedad, en el Darma de transmisión y realización, y considerarlo nuestro camino. Asimismo, de hoy en adelante, hemos de refugiarnos del mismo modo en la comunidad de los bodisatvas sublimes que se hallan en los estadios de realización de los que ya no se retrocede, y considerarlos nuestros compañeros.
[Estrofa 49] Presa del pánico y totalmente aterrorizado ante la idea de la muerte, del bardo subsiguiente, del samsara y los reinos inferiores en la próxima vida, Shantideva invoca angustiado al muy sublime Samantabhadra, al primero de todos los herederos de los victoriosos, y le ofrece su cuerpo y todo lo que posee. Nosotros también hemos de tener esa misma actitud. Se dice, por otra parte, que si cuando se hace esa invocación angustiada no se está realmente asustado, se está, de hecho, mintiendo a los budas y los bodisatvas, lo que hace que estos se sienten apenados.
Shantideva, asimismo, ofrece su cuerpo libremente y sin sentirse coaccionado al protector Mañyusri, el padre de todos los victoriosos [125].
[Estrofa 50] Desde el momento en que generó la bodichita en presencia del buda Ratnagarbha, el sublime y compasivo Avalokitesvara actúa, movido por una gran compasión, con la exclusiva finalidad de beneficiar a los innumerables seres, sin el menor atisbo de apego ni intereses egoístas. Su comportamiento exterior no se contrapone a sus cualidades compasivas interiores; es decir, no es inadecuado. Mira a todos los seres, en todo momento y en todas las circunstancias, sin cerrar nunca los ojos. Por eso se le llama «El que ve» [Avalokitesvara] o «El que no cierra los ojos». Con fe convencida e irreversible, Shantideva le lanza, desde lo más profundo de su ser y sin ninguna hipocresía, un lamento profundo y auténtico, porque está asustado del samsara y los reinos inferiores y se siente aterrado de la inminencia de la muerte y el bardo. Así pues, abatidos por el dolor, hemos de invocar [al igual que Shantideva] al sublime y compasivo Avalokitesvara exclamando angustiados: «¡Te ruego que me protejas, pues soy un pecador!».
Con respecto a lo de ser «pecadores», es decir a los actos negativos que hemos cometido con el cuerpo, la palabra y, especialmente, la mente, [Dhamakirti] dijo:
Los pensamientos discursivos son ignorancia, un poderoso demonio
que nos hace caer en el océano del samsara.
Todos los actos negativos provienen de los pensamientos, y todos los pensamientos se manifiestan debido al aferramiento al yo —la creencia en el yo y en lo mío, en yo y los demás—. Debido a este aferramiento al yo, a esa ignorancia, constantemente —estemos explicando el Darma o escuchándolo, recitando plegarias o meditando, etc.— nuestra mente no se centra ni un instante en lo que hace, sino que sigue sin cesar los pensamientos negativos de apego, aversión y otras emociones negativas. Por eso estamos sumidos continuamente en el engaño y así acumulamos actos negativos que nos llevan a los estados inferiores del interminable samsara. Hemos, pues, de reconocer los actos negativos que hemos cometido e invocar a Avalokitesvara para que nos proteja de nuestro mal karma.
[Estrofa 51] Asimismo, puesto que hemos tomado todos los votos, pero no los observamos como deberíamos hacerlo, es importante que nos encomendemos a Akashagarbha, le rindamos homenaje, le hagamos ofrendas, etcétera. El Buda dijo que el sublime Akashagarbha es como el bastón en el que han de apoyarse los practicantes noveles del camino del bodisatva que cometan faltas [126]. También hemos de invocar a Kshitigarbha, que protege con suma bondad especialmente a los indigentes y a los débiles, como aquellos noveles en la vida monástica, que no son todavía más que meras imitaciones de monjes y actúan movidos por todo tipo de emociones aflictivas. E igualmente hemos de invocar buscando protección a Maitreya, a Sarvanivaranavishkambhin y a todos los demás poderosos bodisatvas del décimo estadio de realización, que residen en las tierras puras de las diez direcciones y cuyas aspiraciones y compasión son inmensamente vastas. Hemos de buscar refugio en todos ellos, invocarlos por su nombre e implorar su protección desde lo más profundo de nuestro corazón.
[Estrofa 52] También hemos de refugiarnos, con fe y devoción, en Vajrapani, el glorioso Señor de los Secretos, que hace huir en las cuatro direcciones, despavoridos por tan solo verlo, a los mensajeros y secuaces del Señor de la Muerte, y asimismo a los perros, las aves rapaces y todos los seres dañinos que nos odian como si tuviéramos las manos manchadas con la sangre de haber matado a sus propios padres.
Según la explicación general, todos los budas de los tres tiempos —desde el momento en que generan por primera vez la bodichita hasta que alcanzan la Iluminación perfecta, hacen girar la rueda del Darma y pasan al parinirvana— son protegidos por el glorioso Vajrapani, que empuña un vajra llameante y aplasta la cabeza de cualquier malvado que intenta dañar su cuerpo, palabra o mente. Vajrapani los escolta del mismo modo que, por ejemplo, lo hace aquel a quien los seres mundanos denominan su deidad protectora de nacimiento [127]. A Vajrapani también se le denomina Guhyaka, El Secreto, un nombre usado para referirse a los yakshas. Puesto que es el señor de los yakshas, se le conoce asimismo como Yaksha Vajrapani.
Según la explicación específica del vehículo de los Mantras Secretos, Vajrapani es la manifestación espontánea de la mente vajra de todos los budas y ha sido entronizado como el Señor del secreto inconcebible de la mente, la palabra y el cuerpo iluminados. Y como símbolo de ello, empuña un vajra en su mano, por lo que se denomina Vajrapani, El Portador del Vajra.
Para los que practicamos el mantrayana, es esencial tener un yídam, una deidad de meditación por la que nos sintamos personalmente atraídos, como alguno de los bodisatvas supremos de las tres familias, etcétera. Una deidad es suficiente y, asimismo, indispensable. Hemos de recibir la iniciación correspondiente, practicar su visualización, recitar su mantra y no olvidar nunca a nuestro yídam. Hemos de ser capaces de recordar al yídam siempre que surja una situación que nos asuste, incluso por la noche en sueños. Se dice que si lo hacemos así, en el momento de la muerte, percibiremos que nuestro yídam viene a recibirnos.
[Estrofa 53] Hemos de confesar [como hace Shantideva] que en el pasado, al ser seres con mal karma, transgredimos las enseñanzas de los budas y los bodisatvas, y no actuamos virtuosamente ni evitamos las acciones negativas. Pero ahora que hemos visto lo inmenso que será el miedo en el momento de la muerte, el bardo y los reinos inferiores en vidas futuras, nos refugiamos en los grandes y compasivos protectores, igual que alguien que ha caído, se apoya en el suelo y se levanta. Y les rogamos que nos salven rápidamente del miedo a los sufrimientos engendrados por nuestros actos dañinos.

3.- LA FUERZA DE LA PRÁCTICA COMO ANTÍDOTO

Aquí —igual que en los capítulos sobre el cuidado, la introspección vigilante y la paciencia— el objetivo principal es desarrollar las cualidades adecuadas. En este caso significa generar en la mente el antídoto que purifique los actos negativos acumulados. Para ello, hemos de meditar reiteradamente en el principio kármico de causa y efecto, y en la transitoriedad de la vida. Si no tenemos todavía la actitud mental de cultivar el antídoto que purifique nuestros actos negativos, hemos de promoverla ahora. Si disponemos de ella en cierta medida, pero debido a la pereza o la distracción no la ponemos en aplicación, debemos meditar una vez y otra, repetidamente, en la transitoriedad de la vida y en el principio kármico de causa y efecto. Eso estimulará que la pongamos en aplicación lo antes posible. Una vez que tengamos ya esa actitud mental y la pongamos en aplicación, cualquier acción virtuosa servirá para purificar nuestros actos negativos, siempre que la hagamos siguiendo los tres métodos siguientes: El primero es el propósito de llevar a cabo esa acción a fin de remediar los actos negativos cometidos. El segundo es mantener, durante esa acción, la idea de estar reparando esos actos negativos. El tercero es dedicar, al final, el mérito acumulado a la purificación de los actos negativos.
Si se lleva a cabo con estos tres métodos de la preparación, la acción en sí y la conclusión, cualquier acción virtuosa sirve para remediar nuestros actos dañinos y actúa, por lo tanto, como un antídoto.
Aunque pasemos la vida practicando virtuosamente en soledad, a menos que confesemos y purifiquemos hasta las faltas más diminutas, usando la práctica como antídoto, tendremos que experimentar sus resultados kármicos. Por ejemplo, si se siembran muchos granos de cebada junto con un guisante, la cebada crecerá en abundancia, pero también crecerá ese guisante, sin que el crecimiento de todos esos granos de cebada impida en modo alguno el crecimiento del guisante. Del mismo modo, las enseñanzas dicen que, por muchos actos virtuosos que hayamos hecho, si no nos proponemos hacerlos para que actúen como antídoto de los actos negativos, los actos virtuosos de por sí no los suprimirán. Incluso no hay ninguna seguridad de que la gente buena, en la próxima vida, no renazca en los reinos inferiores, porque puede que tenga en el continuo mental el karma para renacer allí. Ese renacimiento depende, específicamente, de la actitud mental que tenga en el momento de la muerte (porque esta actúa como un puente hacia la próxima vida). Por eso es sumamente importante que quienes no saben cómo morir adecuadamente se esfuercen en el antídoto a las acciones negativas confesándolas.
Así, es necesario que recordemos que las emociones negativas son la causa [del sufrimiento y los malos renacimientos] y las subsanemos siendo diligentes en contrarrestarlas. [Estrofa 54] La necesidad de la confesión se ilustra mediante un ejemplo. Cuando estamos asustados de padecer una enfermedad corriente —debida a las interacciones del viento, la bilis y la flema—, tenemos que tomar las medicinas que nos receta el médico y soportar los diversos tratamientos: las sangrías, las moxibustiones, las punciones, etcétera. Por tanto, puesto que desde tiempos sin principio padecemos constantemente cientos de males debidos al deseo, el odio, la ignorancia, el orgullo y demás, ¿es necesario decir que hemos de seguir las instrucciones del Buda, el médico supremo, sobre lo que se debe hacer y lo que se debe evitar?
[Estrofa 55] Incluso una sola de esas emociones negativas —el deseo, por ejemplo— o un solo ser cuya mente esté infectada con esa emoción negativa puede destruir a todos los habitantes de este mundo y hacerlos sufrir en los reinos inferiores. Y aunque se busque en todas las direcciones, en ninguna parte pueda encontrarse otro remedio que cure las enfermedades de las emociones negativas más que el Darma sublime.
[Estrofa 56] El mejor médico, el que tiene el poder de curar esas enfermedades, es el Buda omnisciente. Sus instrucciones erradican todos los sufrimientos del cuerpo y la mente. Por eso, aquellos que tienen puntos de vista equivocados y no actúan según el Darma sublime que el Buda enseñó están aquejados de una estupidez y una ignorancia extremas; se ganan la reprobación de los budas y los bodisatvas, y también de las deidades protectoras, que los abandonarán por considerarlos despreciables. El gran maestro Nagaryuna dijo:
Habiendo nacido como un ser humano
dedicarse a hacer el mal es mucho más estúpido
que usar una vasija de oro con piedras preciosas incrustadas
para recoger los vómitos.
Esto es similar a cuando el Buda dijo que Devadatta era un loco bebedor de salivazos.
Después de que todos los reyes enaltecieran tres veces a Yivakakumara designándolo como el rey de todos los médicos, este declaró lleno de orgullo que en este mundo el Buda era el médico que curaba las enfermedades de la mente y él era el médico que curaba las enfermedades físicas. El Buda pensó que, sin ese orgullo, Yivakakumara podría ver la verdad si le enseñaba el Darma. Así que se lo llevó a los Himalayas por medio de sus poderes milagrosos y le pidió que recogiera ciertas plantas medicinales. Como Yivakakumara no conocía la mayoría de esas plantas, el Buda, que sí las conocía, se las mostró y de ese modo eliminó su orgullo. Luego le dijo que no era suficiente saber solo un poco de medicina, que no es más que una de las ciencias menores, y que los únicos médicos que lo conocían todo eran los budas y que excepto el Darma sublime no había ninguna otra medicina.
[Estrofa 57] Pensar en el abismo de los reinos inferiores, que son el resultado de los actos negativos, nos da una razón de la necesidad de la confesión y la purificación. Si cuando estamos encima de una escalera o al borde de un barranco poco profundo hemos de tener cuidado, pues podríamos rompernos alguna extremidad si nos cayéramos, huelga decir que hemos de ser mucho más cuidadosos ante el riesgo de caer en un abismo de una profundidad de veinte mil pagtsas [128]—en el infierno de las Resurrecciones— o más —en otros infiernos—, donde se permanece sufriendo terriblemente durante un periodo tan inmenso como una kalpa intermedia o incluso más tiempo.
[Estrofa 58] Por eso es aconsejable que nos apliquemos de inmediato a practicar lo que es virtuoso como antídoto a nuestros actos negativos. No tiene ningún sentido permanecer en un estado de total despreocupación diciéndonos que hoy al menos no vamos a morir. Es indudable que la muerte llegará y desapareceremos. Ni siquiera podemos estar seguros de que no moriremos esta misma noche. En La carta a un amigo se dice:
La vida, sacudida por las ráfagas de mil males,
es más frágil que una burbuja de agua.
Cuando dormimos, tras espirar, inspiramos de nuevo.
¡Qué asombroso que nos despertemos todavía vivos!
[Estrofa 59] ¿Hay alguien —un buda o algún otro ser— que pueda asegurarnos que hoy no vamos a morir y la muerte no nos ha de asustar? Si nadie puede asegurarnos eso, ¿cómo podemos librarnos definitivamente de ese miedo a morir? No es posible. En El sutra de la noche excelente se dice:
¿Quién sabe que no morirá mañana?
Desde hoy mismo tenéis que prepararos,
porque los innumerables secuaces del Señor de la Muerte
no son vuestros amigos.
Sin duda alguna la muerte, nuestra propia muerte, se acerca. ¿Cómo podemos estar tranquilos y relajados? Es absurdo descansar divirtiéndonos distraídos, comiendo y bebiendo alegremente, etcétera. Como se dice en La carta de consolación:
¿Habéis visto en la tierra o en los cielos
un ser que habiendo nacido no vaya a morir?
¿Habéis oído que haya ocurrido tal cosa?
¿Sospecháis siquiera que pudiera ocurrir?
A fin de superar el apego a los objetos de los sentidos, que da lugar a malos hábitos mentales —similares a un papel enrollado [129]—, hemos de reflexionar así:
[Estrofa 60] No hay ni un solo placer de los cinco sentidos que no hayamos disfrutado en el pasado. Pero ahora nada queda del efímero placer surgido del contacto de una consciencia con su objeto. Ese instante inicial de placer no puede permanecer durante un segundo instante. Ya no está ahí, ese placer no tiene ninguna esencia. E incluso aunque disfrutemos otra vez los objetos de los sentidos, ese placer se desvanece de nuevo, no permanece. ¿Qué queda de ese placer en el instante siguiente? ¿Queda algo, quizá, en el instante siguiente, diferente del que se ha ido, que no haya desaparecido? Nada.
Sin embargo, seguimos anhelando los objetos de los cinco sentidos y aferrándonos a ellos. Para satisfacer esos deseos, no rehuimos cometer actos negativos y los sufrimientos a los que estos darán lugar, ignoramos las dificultades y la fatiga, y actuamos en contra de las instrucciones de nuestro maestro raíz y las del Buda —el Maestro de los tres mundos— y sus herederos, los bodisatvas. De ese modo arruinamos esta vida y las futuras. Hemos de evitar, por lo tanto, actuar así.
Especialmente, nuestra avidez de carne, bebidas alcohólicas y placeres sexuales, y también el anhelo absurdo de fumar y esnifar tabaco nos incitan continuamente a satisfacerlos. Pero como el placer desaparece a medida que se experimenta, anhelamos más y más. El resultado es que se malogran esta vida y las futuras. Por eso las enseñanzas dicen que es muy importante cortar con el apego a los objetos de los sentidos, sean los que sean, y abandonar todas las actividades, importantes o nimias, conectadas con ese apego.
Dándonos cuenta de que todos los placeres de los que disfrutamos carecen de esencia, hemos de acabar con nuestro apego y nuestro deseo. Pero, como niños que están absortos en sus juegos y no pueden dejarlos, estamos tan obsesionados por los objetos de nuestro deseo que tampoco podemos dejarlos. Es, por lo tanto, necesario que hagamos que cesen todas esas actividades debidas a ello. El deseo y el aferramiento [130] son los padres de nuestra existencia. Nuestros actos negativos aumentan proporcionalmente a nuestros deseos. Cuando se interrumpe la continuidad del deseo y el aferramiento, ya no se experimentan los efectos del karma. Se dice que estos cuatro versos son una instrucción esencial.
[Estrofa 61] Cuando muramos, no nos iremos acompañados como los lamas y los grandes líderes de hoy en día que viajan rodeados de un par de decenas o incluso una centena de acompañantes. Tendremos que irnos solos, dejando atrás nuestra vida y abandonando a nuestros padres, hijos, parientes, amigos, compañeros, conocidos y también nuestras posesiones y todo aquello de lo que disfrutamos. Seamos un gran rey o un mendigo, estaremos en la misma situación: partiremos solos, sin amigos, desnudos, con las manos vacías y metidas bajo las axilas.
Entonces saldrán a nuestro encuentro unas tinieblas aterradoras, por detrás nos empujará el fuerte viento del karma, mientras los temibles esbirros del Señor de la Muerte gritarán: «¡Matadlo!, ¡acuchilladlo!». Nos veremos obligados a partir sin tener ninguna posibilidad de elegir ni saber a qué lugar —desde la cima de la existencia hasta las profundidades del infierno de las Torturas Máximas— la fuerza de nuestro karma nos empuja. En esos momentos, ni los amigos ni los allegados ni los parientes más cercanos podrán ayudarnos, ni los enemigos mundanos podrán hacernos daño. ¿Qué importarán entonces los amigos y los enemigos?
[Estrofa 62] En cambio, lo que nos hará daño en esos momentos son las diez acciones no virtuosas que hicimos por esos seres debido al apego, la aversión o alguna otra emoción negativa, y cuyos resultados ineludibles nos harán padecer sufrimientos atroces en los infiernos o algún otro destino desgraciado. Por eso, deberíamos preguntarnos cómo podríamos deshacernos indefectiblemente de esos actos dañinos, que son la causa del sufrimiento. Tendríamos que pensar sólo en eso, sin cesar, todo el tiempo, sin descansar de día ni dormir de noche: esa debería ser nuestra única preocupación. Así hemos de esforzarnos en confesar nuestras acciones negativas.
Además, igual que, cuando se tiñe una tela, es muy importante lavarla antes; es también sumamente importante esforzarse en purificar los actos negativos porque debido a ellos no se manifiestan en la mente los beneficios del estudio, la reflexión y la meditación.
Una vez que se ha despertado en nosotros, de diversas formas, el deseo sincero de confesar y reparar todos nuestros actos negativos, cuando llega la confesión en sí, las faltas que tenemos que confesar, por muy numerosas que sean, pueden resumirse en dos grupos: los actos que son negativos por naturaleza y los que son transgresiones de preceptos o reglas establecidas. Los primeros son negativos quienquiera que los cometa. Los segundos —las transgresiones de un precepto o una regla de conducta moral— son negativos si los comete alguien que ha tomado ese precepto o voto.
Con respecto a estas dos clases de actos negativos se pueden dar cuatro posibilidades. Por ejemplo si los shramaneras o los bhikshus, que han tomado votos, le quitan la vida a un ser, comete un acto negativo por naturaleza y además transgreden uno de sus votos. Si cortan hierba o comen después de mediodía, transgreden sus votos, pero no hacen nada que sea negativo por naturaleza. Si alguien que ni siquiera ha tomado el voto de refugio mata a un ser, comete un acto negativo por naturaleza, pero no transgrede ningún voto. Si esa persona corta hierba fresca, no comete ningún acto negativo por naturaleza ni transgrede ningún voto.
Si los monjes no observan las reglas monásticas, como la que prohíbe cortar la hierba, no pueden mantener puramente sus adiestramientos. Las reglas monásticas son medios hábiles, una barrera creada para preservar los adiestramientos. El Buda dijo:
Los que se toman a la ligera las enseñanzas
del maestro compasivo y las transgreden
tendrán que experimentar el sufrimiento,
como un jardín de mangos al que se le tala el cerco de bambú
o como el naga Elapattra que renació como una bestia.
[Estrofa 63] Teniendo certidumbre de haber actuado así, hemos de confesar todos los actos que hemos hecho debido a los engaños y al desconocimiento de lo que debe hacerse y lo que debe evitarse: las diez acciones no virtuosas y los demás actos que son dañinos por naturaleza, los actos que son transgresiones de los preceptos, como por ejemplo comer después del mediodía, y todos los actos innombrables, que uno no se atreve a mencionar.
[Estrofa 64] En presencia de los protectores —es decir, los budas y los bodisatvas dotados de una inmensa compasión—, con las manos unidas, los ojos anegados en lágrimas y la carne de gallina, pronunciando las palabras de la confesión con una voz afligida, atemorizados por los sufrimientos de la muerte, el bardo y las existencias futuras en los reinos inferiores, y sintiendo un intenso arrepentimiento y pesar por haberlos cometido; nos postramos con respeto incesantemente y confesamos todas las faltas y caídas, sin ocultar ni mantener nada en secreto. Cuando en el texto dice «incesantemente» (tib. yang dang yang), indica que hemos de sentir un intenso arrepentimiento.
Aunque no seamos capaces de ver a los budas y los bodisatvas, ellos sí pueden vernos. Son como personas dotadas de buena vista que están en frente de seres ciegos. Cuando confesamos nuestras faltas, sus ojos de sabiduría les permiten vernos; su oído milagroso, escucharnos; y su mente omnisciente, pensar en nosotros, aunque estén a una distancia inmensamente grande. Por eso se dice que nos perciben directa y claramente.
[Estrofa 65] Concluimos rezando a los guías del mundo —los budas y los bodisatvas—, implorándoles que nos acepten, a nosotros que somos unos pecadores. Se dice que hemos de declarar y admitir nuestras faltas como si los testigos de nuestra confesión estuvieran interrogándonos sobre ellas.

4.- LA FUERZA DE LA REPARACIÓN

Hacer actos no virtuosos nos lleva de la luz a la oscuridad, produce efectos que serán difíciles de soportar y suscita la reprobación de los seres sublimes. Por lo tanto, como esas acciones son dañinas, hemos de prometer que de ahora en adelante nunca más volveremos a hacerlas aun a costa de nuestra vida. Al pronunciar esa resolución, consideramos que los cuerpos de los budas y los bodisatvas —los testigos de nuestra confesión—, irradian rayos de luz multicolor que limpian y purifican la totalidad de las faltas, las caídas, los actos negativos y los oscurecimientos, nuestros y de los demás seres, igual que cuando el sol ilumina una cueva oscura.
Hay dos clases de individuos: los que mantienen izada la bandera de la victoria del Darma y los que derriban la bandera de la victoria de los demonios. Los primeros nunca cometen faltas. Los segundos, aunque las cometen, las purifican con la confesión. El hecho de que las acciones negativas puedan purificarse con la confesión es su aspecto positivo. En La carta a un amigo se dice:
Alguien que ha actuado negligentemente
pero después se vuelve cuidadoso
es tan bello como la luna sin nubes,
como Nanda, Angulimala, Ayatashatru y Udayana.
Aquí concluye el segundo capítulo del Bodicharyavatara, titulado La confesión de las acciones negativas, que es el tema principal de los cuatro que en él se han explicado.