LA APLICACIÓN ATENTA Y DILIGENTE DE LLEVAR A CABO (LO QUE DEBE HACERSE) Y EVITAR (LO QUE NO DEBE HACERSE)
1. EXPLICACIÓN CONCISA
Todo el camino mahayana puede condensarse en dos puntos: la motivación (la generación de la actitud de la bodichita suprema) y la aplicación (la práctica de las seis paramitas o perfecciones trascendentales).
La generación de la bodichita y la práctica de la paramita de la generosidad se han explicado en los capÃtulos precedentes. Puesto que era un yogui cuya práctica era muy simple, Shantideva no explicó extensamente la práctica de la generosidad, sino que se limitó a hacerlo desde la perspectiva de los monjes que viven en retiro. La paramita de la disciplina se explica en este capÃtulo sobre el cuidado y en el capÃtulo siguiente sobre la introspección vigilante. Las enseñanzas sobre las otras cuatro paramitas se encuentran en los capÃtulos siguientes.
Aquà la explicación de la disciplina no trata sobre cómo se reciben los votos, cuáles son los diferentes preceptos o el modo de reparar las transgresiones. En vez de eso, Shantideva habla del cuidado, la atención y la introspección vigilante, que son los factores que hacen posible la observación de la disciplina. Es necesario desarrollarlos meditando reiteradamente y adiestrándose del modo que explica Shantideva. Si se carece del cuidado y meramente se aprisiona el cuerpo y el habla, la observación de los votos se convierte en una carga. Puede que, durante algún tiempo, uno haga como que los observa, pero las apariencias son engañosas y la mente es voluble e inconstante, y se deja engañar fácilmente por las cosas y las situaciones, por lo que acabará fracasando. Es, por lo tanto, de vital importancia cultivar el cuidado cuando uno se esfuerza observando la disciplina, que es la base de todas las cualidades que se adquieren por medio del estudio, la reflexión y la meditación. Nagaryuna dijo:
Igual que la tierra es la base de todo lo animado y lo inanimado, la disciplina es la base de todas las buenas cualidades.
Y Vasubandhu dijo:
Observad la disciplina, practicad el estudio y la reflexión, y consagraos a la meditación.
Asà pues, la disciplina es la raÃz o el fundamento de todas las cualidades positivas. Pero, según se dice: «Es asombroso que algunos se enorgullezcan de su observancia incluso cuando no tienen ni idea de qué es lo que se ha de observar». Por lo tanto, para observar la disciplina correctamente es necesario empezar conociendo bien los preceptos sobre lo que se debe hacer y evitar, como las dieciocho caÃdas raÃz y demás. Y, habiendo entendido que la esencia del cuidado es la aplicación atenta y diligente de llevar a cabo (lo que debe hacerse) y evitar (lo que no debe hacerse), hemos de cultivarlo, esforzándonos en hacer lo que es apropiado y evitar lo que no lo es. En El sutra del rey de las concentraciones se dice:
El Sugata ha explicado que el cuidado es la raÃz de la disciplina, el estudio, la generosidad, la paciencia y todo aquello que puede calificarse de virtuoso, porque todo ello se adquiere mediante el cuidado.
[Estrofa 1] El cuidado es, por lo tanto, lo que permite adquirir esas virtudes. Una vez que han entendido claramente esto, los bodisatvas, los hijos de los victoriosos, que han adoptado firmemente la bodichita «asû (es decir, siguiendo las tres etapas explicadas previamente de la preparación, la toma del voto y la conclusión)[[1]](154) y no la abandonan ni aun a costa de sus vidas, no deben descuidarla nunca debido a la pereza o el aplazamiento. Es necesario que tengan la intención de esforzarse al máximo en no transgredir ni deteriorar los preceptos referentes a lo que se debe adoptar y lo que se debe evitar, como las veinte caÃdas de los bodisatvas[[2]](155).
En cuanto al nombre de «hijos de los victoriosos» —o bodisatvas—, lo más importante [para merecerlo] no es generar esta actitud suprema, sino que se haya generado [realmente]. Los que tienen meramente una mente amable y bondadosa, aunque otros los llamen bodisatvas, no se vuelven por ello bodisatvas. Solo aquellos que con la vasta intención de alcanzar la Iluminación perfecta dotada de los dos aspectos u objetivos[[3]](156) han tomado adecuadamente, siguiendo el ritual auténtico, el voto de la bodichita y lo mantienen pueden ser llamados bodisatvas o hijos de los victoriosos. Nadie más.
La expresión «han abrazado firmemente» [del texto raÃz] significa que los hijos de los victoriosos han adoptado la bodichita de un modo auténtico e irreversible. Asà pues, desde el momento en que generamos la bodichita, hemos de mantenerla firmemente, con la determinación de que no la abandonaremos pase lo que pase. Si focalizamos nuestra intención en eso, diciéndonos que la bodichita ha de estar presente incluso en nuestros sueños, eso es lo que ocurrirá. Por eso se dice que focalizar nuestra intención es muy importante.
Respecto a cuando el texto raÃz dice «no transgredir los preceptos», eso implica que no tiene sentido pretender ser un experto y hacer disquisiciones elocuentes adornadas de ejemplos sobre los innumerables preceptos de los bodisatvas. Lo importante es conocer los preceptos de los bodisatvas y, especialmente, saber cuál es la esencia.
LOS PRECEPTOS DE LOS BODISATVAS
Hay dos apartados: lo que se ha de evitar y lo que se ha de hacer.
Consiste en las dieciocho caÃdas raÃz y las dos caÃdas raÃz [de abandonar la bodichita] en aspiración y en aplicación.
Las dieciocho caÃdas raÃz
Las dieciocho caÃdas mencionadas en El sutra de Akashagarbha están resumidas en verso en El compendio de los preceptos [de Shantideva]:
- Apropiarse de los bienes de las Tres Joyas se considera una caÃda definitiva.
- Rechazar el Darma sublime es la segunda caÃda, según dijo el Sabio.
- Robar los hábitos monásticos, golpear, meter en prisión, matar a un monje o hacer que pierda su ordenación, aunque este no observe la disciplina, es la tercera caÃda.
- Cometer los cinco crÃmenes de efecto inmediato[[4]](157).
- Mantener puntos de vista erróneos[[5]](158).
- Destruir lugares habitados[[6]](159): el Sabio dijo que todas estas son caÃdas raÃz.
- Hablar de la vacuidad a aquellos cuya mente no está preparada.
- Hacer que aquellos que han entrado en el camino a la budeidad desistan de la Iluminación perfecta.
- Hacer que aquellos que siguen el camino de la liberación personal lo abandonen y se unan al camino mahayana.
- Creer y hacer creer a los demás que en el camino [hinayana] del aprendizaje no se puede eliminar el deseo y demás.
- Buscando ganancias y respeto, alabar las cualidades de uno mismo y criticar a los demás taimadamente.
- Declarar falsamente que uno ha logrado la realización de la verdad profunda.
- Hacer que castiguen [e impongan una multa] a un monje, provocando que este dé lo que es de las Tres Joyas y aceptar sus donaciones.
- Dar las pertenencias de un meditador a alguien que hace recitaciones y hacer que abandone la práctica de la calma mental.
Estas son las caÃdas raÃz que hacen a los seres renacer en los grandes infiernos. Confesadlas en sueños ante el sublime Akashagarbha[[7]](160).
Asà se exponen las dieciocho caÃdas —las cinco caÃdas que podrÃa cometer un rey, las cinco que podrÃa cometer un ministro y las ocho asociadas a la gente corriente—, junto con el modo de confesarlas[[8]](161).
Las caÃdas raÃz [de abandonar la bodichita] en aspiración y en aplicación
En El sutra de los medios hábiles del gran secreto se dice:
Hijo del linaje, si un bodisatva aspira al logro de los shravakas o los pratyekabudas, comete la más grave de las caÃdas raÃz de un bodisatva.
O dicho de otro modo, adoptar la actitud del hinayana[[9]](162) y desentenderse de los seres es la caÃda raÃz asociada a la bodichita en aspiración.
La segunda de estas caÃdas raÃz consiste en dejar que el adiestramiento de la bodichita en aplicación se deteriore y se describe en El sutra del cúmulo de joyas. Si se quebranta la promesa de practicar la generosidad y las demás paramitas —pensando: «Aunque puedo hacer eso, no lo haré»—, se abandona la bodichita en aplicación. Sin embargo, si meramente se deja de hacer algo virtuoso debido a la pereza y demás, no supone un abandono completo [de la bodichita en aplicación].
Todo lo que se ha explicado sobre lo que debe evitarse se resume en que se ha de abandonar la conducta negativa.
Consiste en adiestrase en las seis paramitas y llevar a cabo actividades que benefician a los demás.
En especial, es necesario saber cuál es la esencia de los preceptos de los bodisatvas. En El sutra de los consejos al rey se dice:
Gran rey, puesto que estás muy ocupado y tus actividades son múltiples, si, en todo momento y en todas las circunstancias, no puedes ejercitarte en todas las perfecciones trascendentales, desde la generosidad a la sabidurÃa, mantén continuamente, sin interrupción —tanto si andas, estás de pie o sentado, duermes o estás despierto, bebes o comes—, la aspiración a la Iluminación perfecta, la fe en la Iluminación perfecta, el interés por la Iluminación perfecta y el deseo de alcanzar la Iluminación perfecta. ¡Piensa en ello! ¡Medita en ello!
Alégrate inmensamente de la totalidad de las buenas acciones del pasado, presente y futuro de los budas, los bodisatvas, los shravakas, los pratyekabudas y los seres corrientes, y asimismo de las tuyas. Tras alegrarte, ofrece ese mérito [de alegrarte] a los budas, los bodisatvas, los shravakas y los pratyekabudas, y compártelo con todos los seres. Y para que todos los seres alcancen la omnisciencia y desarrollen hasta la total perfección todas las cualidades de los budas, dedica este mérito tres veces al dÃa a la Iluminación perfecta e insuperable.
Gran rey, has de reinar de ese modo. AsÃ, tu reino no decaerá y tus acumulaciones para la Iluminación se completarán perfectamente.
En este sutra se nos exhorta a aspirar a la Iluminación, alegrarnos de las acciones virtuosas, ofrecer [el mérito de alegrarse] a los budas y bodisatvas, y dedicarlo a obtener la gran Iluminación.
Además, en El sutra solicitado por Subahu se dice que en la aspiración a obtener la Iluminación total para beneficiar a todos los seres, si no se olvida, están incluidas las seis paramitas inmaculadas del estadio de la budeidad[[10]](163). Por eso, se dice que esta aspiración es también, en sà misma, el adiestramiento en las seis perfecciones trascendentales.
Estas dos citas anteriores de los sutras muestran claramente las caracterÃsticas de la bodichita. Son las mejores instrucciones y sumamente beneficiosas para los seres de esta época degenerada.
2. EXPLICACIÓN DETALLADA
PARA ACTUAR CON CUIDADO, REFLEXIONAR SOBRE LOS PRECEPTOS QUE SE HAN DE CUMPLIR
[Estrofa 2] [Normalmente] si uno promete hacer o emprende algo a la ligera —sin haber reflexionado nada sobre ello— o —aunque se haya ha considerado un poco si vale la pena u otros aspectos— sin haberlo reflexionado completamente a fondo, es posible y razonable, aunque ya se haya comprometido a hacerlo, reconsiderarlo examinando cuidadosamente si debe hacerlo o no, y decidir si continua o renuncia.
[Estrofa 3] Pero aquà el caso es diferente. Porque los budas y sus herederos (grandes bodisatvas como Mañyusri y Maitreya), que carecen incluso del más mÃnimo engaño, han examinado perfectamente la preciosa bodichita con su inmensa sabidurÃa y han declarado que tiene grandes beneficios. Y Shantideva también —como dice en el capÃtulo sobre los beneficios de la bodichita— reiteradamente la ha «examinado y valorado» —pues, según dice, en las cosas importantes, la misma palabra se ha de repetir dos veces—, y ha visto que posee incalculables beneficios. AsÃ, habiendo [visto sus beneficios y ] adoptado la bodichita en la mente, ¿qué sentido tendrÃa retrasar la práctica de sus preceptos diciendo que uno no es capaz de hacerlo? Por el contrario, es necesario esforzarse en su aplicación y no posponerla.
[Estrofa 4] Habiéndonos comprometido a liberar a todos los seres de los sufrimientos del samsara y los inconvenientes del nirvana, y a establecerlos en el estado de la budeidad, si no somos diligentes en llevar a cabo nuestra promesa, poniendo en aplicación la práctica, traicionaremos a nuestros invitados, la totalidad de los seres, ya que no los llevaremos a la budeidad como les habÃamos prometido. Al ser traidores, ¿qué destino puede esperarnos? No podrá ser otro que renacer en los infiernos o en algún otro reino inferior. Por lo tanto, es crucial tener la determinación de cumplir lo que se ha prometido.
[Estrofa 5] Porque en El sutra que resume perfectamente el Darma se explica que quien tuviese la intención de dar algo, aun tan solo alguna minucia corriente como algo de comida o bebida, si no lo diese, renacerÃa entre los pretas. Y en El sutra del establecimiento de la atención en el Darma supremo también se dice que quien tiene intención de dar un poco de algo, si no lo da, renacerá como un preta. Y quien promete dar algo, pero no lo da, renacerá en los infiernos.
[Estrofa 6] Cuando se ha invitado a todos los seres que pueblan el espacio con la intención de ofrecerles, no meramente con palabras sino sinceramente, la felicidad suprema de la budeidad insuperable, pero no se pone en aplicación la práctica para poder llevarlos al estado de la budeidad, tal como se ha prometido, se está defraudando a los budas, bodisatvas, dioses, asuras y todos los demás seres. ¿Cómo puede esperarse, siendo un traidor, alcanzar un destino feliz? Eso nunca será posible.
Eso puede parecer que contradiga la historia de Shariputra, que se narra en El sutra del loto blanco. Shariputra previamente habÃa generado la bodichita y servido a diez mil budas, y estaba consagrado a hacer el bien a los seres. En una de sus vidas, cuando era un rey llamado Vinasiva, se le apareció un demonio malvado con el aspecto de un brahmÃn y le pidió que le diera una de sus manos. Shariputra se cortó la mano derecha, pero, como se la ofreció con la izquierda, el demonio argumentando que eso era una señal de falta de respeto la rechazó. Shariputra, sintiéndose descorazonado, abandonó la bodichita. Sin embargo, alcanzó la liberación personal de un arhat y trabajó para el beneficio de los demás. Y en La historia de Kanakavarna se cuenta que un hombre después de haber pasado cuarenta kalpas practicando la bodichita, la abandonó y a pesar de ello llegó a ser un pratyekabuda.
¿Contradice esto lo dicho anteriormente? No, no lo contradice.
[Estrofa 7] Cuando algunos seres, tras abandonar la bodichita, no caen en los reinos inferiores, sino que obtienen la liberación e incluso guÃan a los demás a ella, se debe al resultado de sus actos anteriores.
El funcionamiento del karma, en todas sus diversas formas, es inconcebible para los seres corrientes. Según se dice:
Cada uno de los ocelos multicolores de la cola de un pavo real tiene causas diversas y distintas.
Quien las conoce es omnisciente;
sin la sabidurÃa omnisciente, es imposible conocerlas.
Solo el Omnisciente puede conocer todos los más sutiles detalles de las causas y los resultados. Nadie más es capaz de conocerlos. ¿Qué sentido tendrÃa agotarse intentando comprenderlos? Porque las enseñanzas dicen que el karma de los seres, los actos de los budas, asà como el poder de la concentración, de la amrita y de los mantras son inconcebibles. En el Bodhisattvacaryavatara-pañjika y en el Bodhisattvacaryavataravivritti pañjika[[11]](164) se dice: «En relación con esas materias, somos ignorantes».
El pandita Kalyanadeva explica:
Aunque [Shariputra] abandonó la bodichita con respecto a los medios hábiles, puesto que volvió a tomar el voto perfectamente, continuó trabajando para la liberación de todos los seres.
Y Vibhutichandra comenta:
Abandonó la bodichita relativa, pero no la bodichita última.
Y en el gran comentario[[12]](165) se dice que aunque Shariputra dejó de cultivar la bodichita, no renunció a su intención de alcanzar la liberación. Y como tras lograr la liberación, no dejó de liberar a los demás, no cometió ninguna falta.
Con respecto a la primera de estas tres opiniones, podrÃa ser que se refiera a El ornamento de los sutras, en el que se dice que «los shravakas alcanzarán la gran Iluminación». En cualquier caso, se dice que aunque Shariputra abandonó la bodichita debido al apuro del momento, después tomó el voto de nuevo.
Respecto a la segunda, algunos la encuentran válida y están de acuerdo con ella, pero ¿cómo se puede considerar admisible decir que es posible abandonar la bodichita relativa cuando se ha logrado la realización de la verdad del camino de la visión, es decir, las dos clases de falta de entidad propia[[13]](166)? Aunque es posible discutir ampliamente sobre esto, lo importante es entender la verdadera intención de Shantideva.
Hay tres modos de abandonar la bodichita en aspiración. En primer lugar, si surge la ocasión de ayudar a alguien, aunque sea el peor enemigo, y se decide no hacerlo o cuando se es capaz de evitar un daño a alguien y se decide no hacer nada para evitarlo, se está abandonando a los seres. En segundo lugar, si [después de haber entrado en el mahayana] se engendra la actitud hinayana, se abandona la bodichita. Y en tercer lugar, si se incurre en alguna caÃda raÃz, se abandona la bodichita.
[Estrofa 8] Abandonar la bodichita es la más grave y negativa de las caÃdas de los bodisatvas. En El sutra condensado de la Prajñaparamita se dice:
Si, tras practicar el camino de los diez actos virtuosos durante un millón de kalpas, un [bodisatva] aspira al estado de un arhat o un pratyekabuda, mancha su disciplina y la degenera.
Esa actitud es más grave que una caÃda definitiva[[14]](167).
La razón de ello es que si un bodisatva incurre en esa caÃda, su capacidad para beneficiar a todos los seres queda reducida. Quien incurre en la caÃda de abandonar a los seres, aunque obtenga la liberación del hinayana y actúe beneficiando a los seres hasta alcanzar el nirvana sin residuo[[15]](168), no será capaz de beneficiar a todos los seres que pueblan la totalidad de espacio. El beneficio de todos los seres se ve reducido. Sin embargo, consiguiendo la budeidad se beneficia en gran escala a todos los seres que pueblan la totalidad de espacio.
[Estrofa 9] Además, aquellos que impiden u obstaculizan, incluso por un solo instante (ni qué decir tiene que es todavÃa peor si el perÃodo es más prolongado), los actos virtuosos y el mérito de un bodisatva, renacerán ilimitadamente en los reinos inferiores, porque con esos actos deterioran o reducen el beneficio de todos los seres. En El sutra del samadhi de la demostración mágica que establece lo que es la paz se dice:
Aquel que impide que un bodisatva haga el bien, aunque se trate solamente de dar un puñado de comida a un animal, hace un acto mucho peor que robar las posesiones de todos los seres de este mundo o matarlos a todos, porque obstaculiza la virtud que lleva a ser un buda.
Cuando [el texto raÃz] dice «obstaculiza el mérito», se refiere a «crear un obstáculo a la bodichita». Quienquiera que hace eso incurre en la caÃda raÃz de impedir que [un bodisatva] alcance la budeidad perfecta y hacer que adopte la actitud del hinayana. Si el bodisatva al que se ha creado el obstáculo deja de aspirar a la Iluminación, «el beneficio de todos los seres se ve reducido», lo que complementa la explicación de la estrofa precedente.
[Estrofa 10] La razón de ello es que, según los sutras, quien destruye la felicidad de los reinos superiores de tan solo un ser (y peor aún si destruye la de muchos) arruina su propia felicidad de los reinos superiores y renace en los reinos inferiores. Y dado que al obstaculizar las acciones virtuosas de un bodisatva, se destruye la causa de la inmensa felicidad de todos los seres cuyo número es ilimitado como el espacio, ¿es necesario decir que haciendo eso renacerá incontables veces en los reinos desdichados y se verá privado de renacimientos felices? Porque si no se obstaculiza el desarrollo de la bodichita de un bodisatva, este logrará la budeidad. Y una vez la haya logrado, su cuerpo irradiará innumerables rayos de luz que al difundirse por los tres reinos inferiores y otros lugares establecerán a los seres en la felicidad temporal y los conducirán progresivamente a la felicidad última de la gran Iluminación.
[Estrofa 11] Puede que pensemos que aunque se incurra en alguna de las caÃdas de un bodisatva, es posible repararla confesándola, aplicando los antÃdotos y tomando de nuevo el voto de la bodichita, puesto que no son como los votos pratimoksha. Pero los que en un momento incurren en una caÃda grave de abandonar la bodichita (como se ha explicado antes) y en otro momento la abrazan con fuerza, alternando ambos estados mientras están en el samsara, verán retardada en gran medida la obtención del primer estadio de los bodisatvas y los siguientes, y, por descontado, también el logro último de la Iluminación suprema.
Aunque se purifiquen las caÃdas por medio del poder de la confesión y no se renazca en los reinos inferiores, se habrá creado una traba para la aparición de nuevas cualidades en el continuo mental, lo que retrasará mucho tiempo la consecución de los estadios de los bodisatvas y demás cualidades. Se cita como ejemplo el caso de Tilopa, que, según se dice, hubiera sido capaz de conseguir el logro supremo en siete dÃas, pero tardó siete meses por haber hurtado un puñado de semillas de sésamo.
[Estrofa 12] Por lo tanto, debemos esforzarnos en observar con respeto y cuidado los preceptos según la promesa que hicimos al generar la bodichita.
Si en lo sucesivo no somos diligentes en la práctica de los preceptos sobre lo que se ha de hacer y evitar, debido a las caÃdas descenderemos cada vez más y más, desde nuestro estado actual al de los animales y asà sucesivamente, de un estado desdichado a otro, donde experimentaremos dolor y sufrimiento.
Puede que nos digamos que aunque no seamos capaces de esforzarnos, los budas, los bodisatvas y nuestros maestros no dejarán que caigamos en los reinos inferiores, sino que nos guiarán en el camino a los reinos superiores y a la liberación.
[Estrofa 13] Pero el hecho es que en el pasado aparecieron incontables budas que, exentos de cualquier intención egoÃsta, trataron exclusivamente de beneficiar y hacer felices a todos los seres, y luego desaparecieron tras haber llevado a cabo su actividad altruista. Sin embargo, debido a nuestras faltas y actos negativos, fuimos como un enfermo incurable al que un médico no puede ayudar y no pudimos ser objeto de su actividad benéfica. Es decir, no pudimos ser guiados ni ayudados por esos innumerables budas. Además, [también es conveniente recordar que] Devadatta, aun estando tan cerca de nuestro maestro el Buda —el Maestro de los tres mundos, que está exento de todos los defectos y dotado de todas las cualidades— no pudo ser guiado por él y cayó en el infierno ante sus ojos.
[Estrofa 14] Si seguimos, como hasta ahora, actuando de manera tan vil —sin hacer nada virtuoso, sino, por el contrario, dedicándonos a hacer lo que es nocivo— no tendremos ningún otro destino —no solo una vez, sino una vez tras otra— más que el de caer cada vez más bajo y renacer en los reinos desdichados. E incluso si conseguimos salir de ellos y renacemos en los reinos superiores, nuestro karma residual hará que contraigamos numerosas enfermedades, seamos aprisionados y encadenados, nos descuarticen con hachas y suframos de muchas otras maneras.
2. PARA ACTUAR CON CUIDADO, REFLEXIONAR SOBRE LAS LIBERTADES Y CONDICIONES FAVORABLES DE LA PRECIOSA EXISTENCIA HUMANA
[Estrofa 15] La aparición de un buda en el mundo —tan rara como la de una flor udumbara—, tener fe en sus enseñanzas y haber obtenido una preciosa existencia humana dotada de libertades y condiciones favorables: estas tres cosas [mencionadas en el texto raÃz] representan respectivamente las condiciones favorables circunstanciales, las condiciones favorables personales y la libertad para practicar el Darma (consistente en la ausencia de las ocho condiciones en las que no hay posibilidades de poner en práctica las enseñanzas). Es extremadamente raro encontrarse en una situación en la que sea posible habituarse a lo que es virtuoso y practicarlo, es decir, una situación que carezca de todas las condiciones adversas y en la que todas las condiciones favorables están presentes. ¿Podremos encontrar de nuevo esta rara oportunidad que ahora tenemos? Puesto que puede que no volvamos a encontrarla, es necesario que nos esforcemos en aprovechar estas libertades y condiciones favorables actuales.
[Estrofa 16] Aunque, por el momento, estemos exentos de enfermedades y otras circunstancias adversas; disfrutemos de circunstancias favorables tales como disponer de alimentos, ropa y demás; y estemos fuera de cualquier peligro ocasionado por enemigos, fuerzas hostiles o algo similar; hemos de recordar que la duración de la vida es totalmente incierta —no se puede dar por sentado ni siquiera un instante— y se extingue momento a momento. Este cuerpo no durará demasiado. Es como algo que nos han prestado por un breve plazo y no podremos tener siempre. Y nadie sabe cuándo el Señor de la Muerte, como si fuera su dueño, querrá recuperarlo.
[Estrofa 17] Sin embargo hasta el momento hemos sido descuidados con lo que debe y no debe hacerse, y hemos estado cometiendo actos nocivos. Si continuamos comportándonos de ese modo, en el futuro no obtendremos un cuerpo humano en los reinos superiores ni, por supuesto, tampoco podremos obtener la liberación. Como ejemplo de eso, se cuenta la historia de un rey de los nagas del pasado, Sagara, que invitó al Buda al océano y cuando este fue a visitarlo, Sagara le preguntó que por qué cuando él nació allà solo habÃa unos pocos nagas, pero en la actualidad habÃa tantos que apenas cabÃan en el océano. El Buda le respondió que era debido a las transgresiones de los votos y otras acciones naturalmente negativas.
Y si no obtenemos una preciosa existencia humana y renacemos en los tres reinos inferiores, solo haremos actos negativos y no tendremos ninguna oportunidad de llevar a cabo los virtuosos. Un ejemplo de ello es que la mayorÃa de los animales no pueden sobrevivir a menos que consigan la sangre y la carne de otros animales a los que tienen que cazar. Por lo que en lo que respecta a matar, son mucho más hábiles que los seres humanos.
[Estrofa 18] La razón de la afirmación precedente es que si cuando disponemos de estas libertades y condiciones favorables, y tenemos la oportunidad de hacer lo que es virtuoso con el cuerpo, la palabra y la mente, no lo hacemos ni siquiera mÃnimamente, las consecuencias de nuestros actos dañinos nos llevarán en las vidas futuras a los infiernos y otros lugares de tormento en donde sufriremos e ignoraremos por completo lo que se ha de hacer y lo que se ha de evitar. Y en esas circunstancias, ¿cómo podremos hacer lo que es positivo? Será imposible.
[Estrofa 19] Tampoco podremos escapar de los reinos inferiores. Si no hacemos ni la más mÃnima acción virtuosa, sino que, por el contrario, acumulamos todo tipo de actos muy negativos durante mucho tiempo, caeremos sin cesar en los reinos inferiores durante cientos de millones de kalpas. Y no solo no podremos renacer en los reinos afortunados, sino que ni siquiera oiremos hablar de ellos.
[Estrofa 20] Por eso el Buda dio el siguiente ejemplo hipotético, que está recogido en un sutra que expone consejos auténticos. Supongamos que toda la tierra está cubierta por un inmenso océano en cuya superficie flota a la deriva un yugo de un solo orificio al que el viento mueve en todas la direcciones y que en el fondo del océano vive una tortuga ciega que sube a la superficie una vez cada cien años. La tortuga al salir podrÃa introducir el cuello por el orificio del yugo, pero puesto que el océano es inmenso, el yugo carece de mente y la tortuga está ciega, es extremadamente difÃcil que eso ocurra. Sin embargo, el Buda dijo que conseguir una existencia humana es todavÃa más difÃcil.
[Estrofa 21] Se dice que debido a un acto dañino de un solo instante —ya se trate de la unidad de tiempo más corta posible o del tiempo que dura el acto—, como por ejemplo un pensamiento hostil hacia un bodisatva o uno de los crÃmenes de efecto inmediato, se sufrirá en el infierno de las Torturas Máximas durante un periodo de tiempo inmenso (una kalpa intermedia o incluso toda una kalpa).
Asà pues, debido a todos los actos negativos que hemos cometido en el samsara desde tiempos sin principio, tendremos que sufrir en los reinos inferiores sin ninguna posibilidad de escapar de ellos durante un tiempo inmenso. No es necesario decir que eso nos impedirá renacer en los reinos felices.
En general, una causa pequeña puede tener enormes consecuencias. Si alguien mata a un ser (una acción que apenas dura nada) tendrá que experimentar el sufrimiento de los infiernos durante una kalpa intermedia (un periodo de tiempo inmenso).
Y, de todas las acciones negativas que hemos cometido desde tiempos sin principio, no sabemos cuántas todavÃa no hemos purificado mediante la confesión o experimentado sus resultados y siguen acumuladas en nuestro continuo mental. Además, debido a los pensamientos negativos que surgen a cada momento, ¿cuántas acciones negativas conducentes a renacer en los infiernos estamos acumulando en esta vida? Todos esos actos negativos que acumulamos desde el nacimiento hasta la muerte harán difÃcil que podamos escapar de los infiernos.
En lo que se refiere al modo en que se experimenta el karma, en El tesoro del Abidarma se dice:
Las acciones más graves producen antes su resultado,
seguidas de las más cercanas [al momento de la muerte]
y luego de aquellas a las que estamos más habituados.
Las demás maduran según el orden en el que se hicieron.
AsÃ, la maduración del resultado de las acciones, positivas o negativas, sigue un orden. Las acciones que se han hecho más próximas al momento de la muerte maduran antes[[1]](169). Si no las hubiera, se experimentará el resultado de aquellas a las que se está fuertemente habituado. O si no, madurarán los resultados según la antigüedad de las acciones. Por lo tanto, puede que un malhechor cuando muera tenga un renacimiento afortunado debido a algún acto virtuoso del pasado y que, por el contrario, un practicante de Darma renazca en un infierno a causa de alguna acción negativa cometida en una vida anterior. No es posible tener ninguna certeza sobre si todos los karmas negativos del pasado han sido purificados por la confesión o consumidos por haber sido experimentados.
[Estrofa 22] Puede que se piense que por haber experimentado el sufrimiento de los reinos inferiores como resultado de las acciones cometidas en el pasado, ese resultado ya ha concluido y seguidamente se está libre. Pero el simple hecho de haber sufrido en los infiernos u otros reinos inferiores no significa que los seres que acumularon ese karma se liberen de las existencias en los reinos inferiores. Porque mientras están experimentando el sufrimiento en los reinos inferiores como resultado de las acciones que hicieron en el pasado, el efecto similar a la causa los lleva a querer hacer daño, enfadarse, matar, etcétera, es decir, a cometer y acumular nuevos actos negativos. Los halcones, los lobos y las historias de Purnavasu y de Ashvaka son ejemplos de ello.
De modo general, los fenómenos manifiestos pueden ser evaluados por medio de la percepción directa válida; los fenómenos ocultos, por medio de una inferencia válida; y los fenómenos extremadamente ocultos, tales como el principio de causa y efecto, remitiéndose a la autoridad de las enseñanzas del Buda. Se dice que el principio de causa y efecto puede ser probado por medio de la lógica. Y de los cuatro tipos de razonamiento lógico (el de la eficacia, el de la dependencia, el de la naturaleza y el de la prueba válida), el que se aplica en este caso es el último[[2]](170).
En cualquier caso, si los seres de los infiernos, mientras están experimentando allà el fruto de sus actos, acumulan más karma —que a su vez también tendrá que ser experimentado a su debido tiempo—, no tendrán ninguna posibilidad de liberarse de ese estado. Como yo [Khempo Kumpel] personalmente no entendÃa cómo esto puede ser asÃ, pedà respetuosamente a los sabios eruditos que examinaran bien el sentido [de esta estrofa].
[Estrofa 23] Es difÃcil encontrase en la situación adecuada que permita practicar el Darma sublime y conseguir la realización. Habiendo conseguido, pues, las libertades de una preciosa existencia humana, que son tan importantes, y habiendo además descubierto el Darma y conocido a un maestro excelente, se puede lograr, en el mejor de los casos, el objetivo último en esta misma vida; si no, se podrá conseguir una existencia humana en la próxima vida y, con ella, despertar al linaje de los bodisatvas; o, al menos, no se tendrán remordimientos en el momento de su muerte.
Por eso, si en vez de cultivar lo que es virtuoso y conseguir algún logro, consumimos, bajo la influencia de las ocho preocupaciones mundanas, toda nuestra vida en distracciones, nos estaremos engañando del peor modo posible, pues, de hecho, no hay un engaño mayor. También será algo estúpido, pues nada puede ser más estúpido que no saber lo que se ha de hacer y lo que se ha de evitar.
No hemos de andar tras los objetos de los sentidos ya que son hábiles en engañarnos. Y puesto que la mente es débil, no debemos permitir que caiga en poder de la confusión. En lugar de ello, hemos de aumentar nuestro cuidado y practicar el Darma sublime genuinamente.
[Estrofa 24] Si, habiendo obtenido estas libertades y condiciones favorables [de una preciosa existencia humana], no nos dedicamos a hacer lo que es virtuoso, seremos muy estúpidos y nos estaremos engañando inmensamente. Porque si, a pesar de haber comprendido la oportunidad que tenemos, todavÃa estamos sedientos de los objetos de los sentidos y tratamos de conseguir riqueza, respeto, fama y demás, seremos igual que un animal confundido por un espejismo. Y cayendo bajo el dominio de la confusión y la estupidez, nos diremos que alguien como nosotros no puede practicar el Darma ni ahora ni más adelante y nos sumiremos en la depresión y la indolencia.
Asà es cómo la gente pierde la oportunidad afortunada de [practicar] el Darma. Se subestima pensando que no es suficiente inteligente para estudiar, que se enfada demasiado y no tiene compasión, que tiene muchas distracciones y es incapaz de ser diligente, etcétera, y desperdicia de ese modo su existencia.
Si malogramos asà nuestra vida, cuando esta termine y llegue el momento de la muerte, nos golpearemos el pecho pensando con tremendo arrepentimiento: «He nacido en este mundo en el que es tan difÃcil renacer, he obtenido las libertades y condiciones favorables de una existencia humana que son tan difÃcil de conseguir, y he encontrado las enseñanzas y un maestro, que son también tan difÃciles de encontrar. Si hubiera practicado el Darma sublime, hubiese logrado su fruto, pero no lo he hecho. ¡Cómo lo siento!» Y después de morir, caeremos en algún infierno.
[Estrofa 25] Dicen que el fuego de los infiernos es totalmente insoportable, pues es siete veces más abrasador que el del final de una kalpa, que a su vez es siete veces más abrasador que el fuego corriente de quemar madera de sándalo. Y cuando nuestro cuerpo, que será mucho más sensible al dolor de lo que es ahora, experimente el tormento de ser quemado durante un tiempo inmenso en ese fuego inaguantable, es indudable que nuestra mente también sufrirá el intenso y espantoso tormento de consumirse en las llamas de un remordimiento insoportable. Porque pensaremos que si hubiéramos practicado el Darma, ahora no tendrÃamos que experimentar todo eso, pero no lo hicimos, o bien porque los guardianes del infierno le dirán que ese sufrimiento es el resultado de ese o aquel acto.
[Estrofa 26] Como se ve al reflexionar sobre su causa, usando ejemplos o haciendo comparaciones numéricas, una vida humana dotada de libertades y condiciones favorables es algo sumamente difÃcil de obtener. Es el soporte con el que se consigue el beneficio y la felicidad y lo que hace posible practicar el Darma sublime. Ahora, después de mucho tiempo, por alguna coincidencia debida al mérito, la hemos conseguido, por lo que es vital que no caigamos en los errores y la insensatez, sino que sepamos discernir entre lo que beneficia y lo que daña. Pues, ¿qué sentido tendrÃa que nos dedicásemos a cometer actos dañinos que nos harán caer de nuevo en los infiernos, donde ya hemos nacido antes.
¿Cómo sabemos que venimos de los infiernos? Por medio de las palabras del Buda, que, cuando iba a pasar al parinirvana, como un padre que antes de embarcar para hacer un viaje por el océano confÃa a sus familiares el testamento para sus hijos pequeños, dijo a los nobles y sublimes Chenresi y Avalokitesvara: «Cuando los seres que ahora están en los infiernos y tienen alguna conexión conmigo, por pequeña que sea, se liberen de esos sufrimientos y obtengan un cuerpo humano, entregadles este tesoro de Darma que he acumulado durante tres kalpas inmensurables».
[Estrofa 27] Si sabiendo todo esto nos dejamos caer de nuevo en ese estado que supondrá nuestra perdición, serÃamos como alguien perturbado por un encantamiento o como si nuestra mente hubiese sido anulada por completo y no pudiese distinguir entre lo que beneficia y lo que daña.
El omnisciente Longchempa dijo:
No entendemos lo que se nos explica,
no comprendemos lo que se nos muestra.
Somos tan inconscientes como si nuestra mente
fuera una roca o una gran bola de hierro.
¿Somos realmente tan inconscientes como dicen estos versos? Si reflexionamos detenidamente veremos que nuestra mente no es ni una roca ni una bola de hierro. Sin embargo, no sabemos qué es lo que nos lleva a esa estupidez y esa confusión. ¿Qué es, entonces, lo que nos hace estar confundidos y nos impide practicar el Darma sublime, mantener la disciplina, estudiar las enseñanzas y reflexionar sobre ellas, aunque esta sea nuestra intención? Seguro que es algo que no hemos identificado todavÃa.
Asà que es necesario que nos lo sigamos preguntando sin cesar.
3. PARA ACTUAR CON CUIDADO, REFLEXIONAR SOBRE LAS EMOCIONES AFLICTIVAS QUE DEBEN ERRADICARSE
[Estrofa 28] Cuando buscamos en nuestro interior tratando de encontrar qué nos hace tan estúpidos, vemos que la aversión y el deseo son los padres de la existencia samsárica. Junto con la ignorancia y las demás emociones aflictivas, son nuestros enemigos interiores. Pero estos enemigos no son como los soldados, que tienen cuerpos fÃsicos con cabezas y miembros, llevan cotas de malla y cascos con insignias, y empuñan toda clase de armas. No son bravos guerreros, sino que más bien parecen holgazanes. No son sabios ni inteligentes en engañarnos con habilidad, sino estúpidos.
¿Cómo es posible, pues, que esas emociones aflictivas nos hayan esclavizado y hecho sufrir, a nosotros y a todos los demás: lamas y dignatarios, gente importante y humilde, los fuertes y los débiles, sin que seamos capaces de hacer nada?
¿Cómo es posible que, por ser esclavos del deseo, busquemos el honor, la fama, la riqueza y las diversiones, sin descansar de dÃa ni dormir por la noche y que el odio nos esclavice hasta tal punto que ni siquiera evitemos aquello que puede costarnos la vida? Siendo impotentes, estamos al servicio de nuestras emociones que nos atormentan con todos los sufrimientos de la esclavitud.
[Estrofa 29] Y estas enemigas no tienen ningún otro lugar en el que permanecer más que nuestra propia mente. Se instalan en ella como viajeros en un templo. Y mientras estas emociones del deseo, el odio y demás están allÃ, somos sus esclavos y las complacemos en todo lo que quieren. Pero ellas, sin embargo, como recompensa, se deleitan haciéndonos daño sin restricciones y de todos los modos posibles en esta vida y las siguientes. Y nosotros lo toleramos. Soportamos sin enfurecernos a estas emociones aflictivas, a nuestras enemigas. Tenemos paciencia hacia un objeto inadecuado. Esa clase de paciencia ha sido reprobada por los budas y los bodisatvas.
[Estrofa 30] Reflexionemos sobre el inmenso mal que nuestras enemigas, las emociones aflictivas, pueden causarnos. Incluso si los reyes de los dioses y los de los asuras junto con sus séquitos, que son famosos en el mundo por su inmenso poder y cada uno de ellos es capaz de derrotar a varios miles de hombres, se levantaran todos juntos como enemigos contra alguno de nosotros, solo podrÃan dañar su cuerpo y sus bienes de esta vida. No podrÃan arrojarnos al fuego abrasador del infierno de las Torturas Máximas.
[Estrofa 31] Por el contrario, las emociones aflictivas —como el apego y el odio—, que son, de hecho, nuestras más poderosas enemigas, pueden en un solo instante —como un momento de malicia hacia un bodisatva— enviarnos al fuego del infierno de las Torturas Máximas, en donde el monte Meru, el rey de las montañas, que es inmenso, majestuoso y firme, y tiene una altura de ochenta mil pagtsas, se consumirÃa al instante sin que quedaran ni siquiera las cenizas, y, por supuesto, también cualquier otra cosa que allà se encontrara. Por lo que es esencial librarse de esas enemigas.
[Estrofa 32] Consideremos ahora durante cuánto tiempo pueden hacernos daño las emociones aflictivas. Estas enemigas nuestras han estado haciéndonos daño desde tiempos sin principio en el samsara hasta ahora, que es un periodo de tiempo inmenso. Y si no conseguimos vencerlas, seguirán haciéndonos daño durante esta vida y todas las futuras, es decir, mientras siga existiendo el samsara, que no tiene final. Ningún otro enemigo —como los ladrones que nos roban nuestros bienes, riquezas y demás— puede hacernos daño durante tanto tiempo. Es, por eso, esencial que seamos diligentes aplicando los antÃdotos necesarios.
[Estrofa 33] Reflexionemos también sobre los inconvenientes que ocasiona confiar en esas enemigas. Cuando servimos y complacemos a los enemigos corrientes dándoles bienes, riquezas, comida, vestidos o cualquier otra cosa que deseen, ellos a cambio tratarán siempre de favorecernos y contentarnos. Pero por mucho que sirvamos a esas enemigas, las emociones aflictivas (el deseo, el odio, la ignorancia y las demás), haciendo lo que desean, en vez de beneficiarnos y hacernos felices, nos infligirán toda clase de sufrimientos en esta vida y las futuras. Por lo tanto, no hemos de servirlas, sino librarnos de ellas.
[Estrofa 34] Como se ha explicado antes, durante un periodo inmenso de tiempo, sin principio ni final, nuestras emociones aflictivas han sido y son sin motivo alguno y sin ninguna interrupción nuestras enemigas naturales —del mismo modo que el fuego es caliente por naturaleza— y la única causa de que aumente abundantemente el caudal de los diversos sufrimientos de esta vida y las venideras. Estas enemigas están instaladas de modo estable en nuestra mente, como si fuera un templo. Si obedecemos a todo lo que nos dicten, nos causarán un daño inmenso; si las obedecemos a medias, nos dañaran a medias; si las obedecemos muy poco, nos harán muy poco daño; y si no las obedecemos en nada, no nos causarán ningún daño.
La razón de que esas enemigas, que son la raÃz de todos nuestros males, estén asentadas en nuestra mente es que no nos asusta ni aterroriza el samsara, aunque es doloroso por naturaleza y similar a una fosa de brasas o un nido de serpientes venenosas. Por el contrario, nos gusta. ¿Cómo es posible que disfrutemos del samsara y estemos apegados a él? No tiene sentido.
Los bodisatvas, a pesar de que no desean los sufrimientos del samsara, renacen por compasión y se esfuerzan en beneficiar a los seres. No lo hacen porque disfruten estando en el samsara. Porque si asà fuera, querrÃan que los seres siguieran en él y no que se liberaran. Pero no es asÃ. Se dice que debido a que les resulta intolerable el sufrimiento insoportable de los seres en el samsara, permanecen en él haciendo caso omiso de su propio sufrimiento para poder ayudarlos.
[Estrofa 35] Las emociones aflictivas son los guardianes que nos impiden escapar de la prisión de los tres mundos del samsara. Son ellas las que aparecen como verdugos y asesinos que nos quitan la vida en el infierno de las Resurrecciones y los demás. Y estas emociones aflictivas están en nuestra propia mente, cobijadas en las redes del apego, al que ni siquiera queremos renunciar. Si quedamos atrapados en ellas, como pájaros atrapados en las redes del cazador, ¿cómo podremos tener alguna posibilidad de ser felices en esta vida y las futuras? Será imposible. Por eso hemos de esforzarnos en deshacernos de ellas.
[Estrofa 36] Meramente reconocer las emociones aflictivas y saber cuáles son sus defectos no es suficiente. Es necesario erradicarlas. Asà pues, hasta que hayamos vencido definitivamente a estas enemigas, las emociones aflictivas, y no simplemente las hayamos reprimido, es necesario que seamos diligentes en cultivar sus antÃdotos y prometamos que nunca, ni aun a costa de nuestra vida, dejaremos de esforzarnos para conseguirlo.
Por ejemplo, quienes debido al orgullo se enfurecen cuando los enemigos ordinarios los dañan aun solo un poco —como robándoles un caballo o algún otro bien—, no cesan de esforzarse, sin ni siquiera dormir, hasta haber derrotado a esos enemigos. Huelga decir que se han de hacer enormes esfuerzos para derrotar a las emociones aflictivas, esas enemigas que causan tanto daño.
Este tipo de ejemplo que se ha usado aquà se conoce como «la comparación con algo similar».
[Estrofa 37] Aunque no se esfuercen en vencer a esos enemigos ordinarios, esos «desdichados» —término peyorativo con el que se alude a esos enemigos que son vÃctimas del sufrimiento y dignos de compasión— están destinados, por naturaleza, a padecer pronto el sufrimiento de la muerte.
Pero ellos, ignorando los horribles sufrimientos que saben que las flechas, las lanzas, las espadas y otras armas les causarán, se disponen en formación en el campo de batalla dispuestos a vencer resueltamente a esos enemigos y no desisten de su lucha hasta haber logrado que se cumpla su objetivo (de eliminar a sus adversarios).
[Estrofa 38] Hasta que no derrotemos a las emociones aflictivas, seguirán causándonos sin cesar todos los innumerables sufrimientos de esta vida y las siguientes. Son indudablemente nuestras enemigas naturales, sin razón alguna, igual que el fuego quema por naturaleza. Por eso, desde este momento hemos de esforzarnos en derrotar a las emociones aflictivas, que destruyen a todos los que las generan en su mente, sean distinguidos o humildes. Y aunque mientras perseveremos en desarrollar los antÃdotos a estas emociones aflictivas, nos encontremos sin alimentos ni vestidos ni bienes o en cualquier otra situación desfavorable que nos produzca cientos de sufrimientos, no hemos de caer en el abatimiento y en la desilusión (pensando que aunque hemos aplicado los antÃdotos de las emociones aflictivas, no hemos sido capaz de eliminarlas) ni en la apatÃa y el derrotismo (dejando de aplicar los antÃdotos bajo el pretexto de que no vamos a poder vencerlas). AsÃ, no hace falta decir que hasta que hayamos sometido a esas enemigas, las emociones aflictivas, no hemos de dejar de esforzarnos. Es decir, no hemos de desanimarnos ni caer en la apatÃa.
[Estrofa 39] Los soldados lucen como si fueran trofeos las cicatrices y heridas de la cabeza u otras partes del cuerpo que les hicieron sus enemigos con espadas y otras armas en batallas sin demasiado sentido. Alardean de ellas como distintivos de su heroÃsmo. Entonces, ¿por qué van a dañarnos las dificultades y los sufrimientos que surgen mientras perseveramos aplicando los antÃdotos y nos esforzamos realmente en practicar los adiestramientos de los bodisatvas a fin de conseguir el gran objetivo de la budeidad para los demás y para nosotros mismos? Esas dificultades y sufrimientos no solamente no nos hacen daño, sino que nos benefician, pues por medio de ellas se purifican los oscurecimientos.
[Estrofa 40] Los pescadores, los carniceros, los campesinos y otros seres, con la finalidad de procurarse el mero sustento, pacientemente hacen caso omiso del frÃo, el calor, la lluvia, el viento y demás padecimientos. No descansan de dÃa ni duermen por la noche y «se dejan la sangre de los pies en las rocas y la de las manos en los troncos». ¿Cómo no vamos a poder soportar las dificultades del camino cuando nuestro objetivo es hacer que los seres logren la gran felicidad última de la budeidad y, mientras tanto, los estados de dicha temporal? Por supuesto que tenemos que resistirlas.
[Estrofa 41] Cuando previamente generamos la bodichita, nos comprometimos con todos los seres, que colman el espacio en las diez direcciones, a ayudar a cruzar a la otra orilla a todos los que todavÃa no hubieran cruzado, a liberar a todos los que aún no estuvieran liberados, a aliviar a todos los que aún no hubieran sido aliviados y a establecer en el estado más allá del sufrimiento a todos los que todavÃa no lo hubieran alcanzado[[171]](171). Es decir, prometimos liberarlos de todos sus oscurecimientos: los kármicos, los de las emociones aflictivas y los demás. E hicimos esa promesa incluso cuando nosotros mismos no nos habÃamos liberado, ni siquiera mÃnimamente, del deseo y las demás emociones negativas.
[Estrofa 42] Sin conocer nuestra propia capacidad, ¿no fue una locura hablar de un modo tan irreflexivo? Es como el insensato que promete salvar a los demás mientras él mismo está encadenado o ahogándose. De cualquier modo, las promesas deben cumplirse. Por lo tanto, para poder acabar con nuestras enemigas, las emociones aflictivas, nunca hemos de echarnos atrás y dejar de aplicar los antÃdotos. Habiendo hecho esa promesa, es necesario que nos esforcemos con suma diligencia.
[Estrofa 43] Considerando a las emociones aflictivas como enemigas, hemos de aferrarnos a los antÃdotos capaces de vencerlas con los que estemos más familiarizados y aplicarlos persistentemente. Llenos de rencor hacia estas emociones negativas, que nos han estado haciendo daño desde tiempos sin principio, hemos de emprender una batalla contra ellas usando sus antÃdotos, puesto que es necesario que acabemos con ellas.
PodrÃa pensarse que el aferramiento y el rencor son, de hecho, apego y odio, y por lo tanto deben ser desechados. Pero emociones como estas (aferramiento a los antÃdotos y rencor hacia lo que ha de ser eliminado) son, en los estadios iniciales, un medio para vencer a las emociones aflictivas. De momento, no son parte de lo que ha de ser eliminado. Por lo que no es necesario que las descartemos. Sin embargo, puesto que constituyen un oscurecimiento cognitivo, llegará el momento en que será necesario abandonarlas.
[Estrofa 44] Desde el principio es necesario que reiteradamente hagamos la siguiente promesa: «Aunque tenga que morir quemado en una hoguera, me corten la cabeza con una espada y esta ruede por el suelo, o tenga que afrontar cualquier otro peligro espantoso, nunca me doblegaré ante estas enemigas: no me someteré al odio ni al apego ni a ninguna otra emoción aflictiva».
[Estrofa 45] Cuando se expulsa a la fuerza de un territorio a los enemigos corrientes, que nos perjudican, estos se van a otras tierras, se establecen allà mientras recuperan sus fuerzas y se reorganizan reuniendo tropas de bandidos y truhanes, y después regresan para vengarse.
Pero las emociones negativas no son como los enemigos ordinarios. Una vez que nos hemos librado de ellas por medio de [los logros conseguidos en] el noble camino, ya no pueden regresar.
[Estrofa 46] ¿Cómo podemos librarnos de ellas? Si se analiza y examina el deseo y las demás emociones aflictivas, resulta fácil vencerlas. Cuando se las observa con el ojo de la sabidurÃa que entiende que carecen de existencia inherente, estas emociones aflictivas —a las que se alude con el término peyorativo de miserables pues son viles y nocivas— desaparecen del mismo modo que la oscuridad de una cueva cuando sale el sol.
¿Adónde se dirigen cuando se las expulsa de la mente? No tienen ningún sitio adonde ir. ¿De dónde regresarán con las fuerzas recuperadas para dañarnos de nuevo? No lo harán.
Anteriormente nuestro entendimiento era débil y no nos esforzamos para erradicarlas. Pero, si hubiéramos tenido sabidurÃa y perseverancia, nos hubiéramos deshecho de las emociones aflictivas más fácilmente que de los enemigos ordinarios.
[Estrofa 47] ¿Cómo hemos de examinar la naturaleza de las emociones aflictivas con el ojo de la sabidurÃa? Cuando el apego, el odio o cualquier otra emoción aflictiva aparezca en nuestra mente, no hemos de dejar que nos domine, sino que hemos de inspeccionarla del modo siguiente. Las emociones aflictivas como el apego, el odio... no se encuentran en los objetos externos —como, por ejemplo, los amigos o los enemigos—, porque se manifiestan incluso cuando estos objetos externos no están presentes. Además, si residieran en esos objetos, cuando otras personas se encontraran con nuestros amigos o enemigos experimentarÃan necesariamente el mismo deseo y la misma aversión que nosotros, pero ese no es el caso. Por lo tanto, las emociones aflictivas no se encuentran en los objetos externos.
Pero tampoco se encuentran en nuestro interior, en la conjunción de los sentidos —los ojos, etcétera— y sus consciencias, porque cuando los sentidos y sus consciencias se juntan, no se producen automáticamente las emociones aflictivas. En el caso de que se produjeran, cada vez que vemos, oÃmos o percibimos de algún otro modo algo, sentirÃamos apego, aversión, etcétera, pero eso no ocurre. Por lo tanto, tampoco se encuentran ahÃ.
Las emociones aflictivas tampoco se encuentran en medio de los objetos y las facultades sensoriales, ya que solo hay espacio vacÃo; por lo que esas emociones negativas no tienen ningún sitio en el que estar.
Y puesto que tampoco es posible que estén en ninguna otra parte —ni en otros seres ni en el universo que los contiene—, ¿dónde están, pues, esas emociones aflictivas, que han sido nuestras enemigas desde tiempos sin principio? ¿Cómo es que hacen tanto daño a todos los seres y a nosotros mismos en esta vida y todas las demás?
Cuando se examina las emociones aflictivas cuidadosamente, puede verse que aunque aparecen, carecen de existencia inherente. Son como ilusiones, espejismos de fenómenos irreales, que tienen tres caracterÃsticas: aparecen bajo ciertas circunstancias, son percibidas por la mente y carecen de existencia inherente. Las emociones aflictivas surgen debido a la presencia de un amigo, un enemigo o alguna otra circunstancia; las percibe nuestra mente y carecen de existencia inherente.
Por lo tanto, no hemos de asustarnos pensando que no podremos acabar con ellas. No hemos de ir detrás de los objetos de los sentidos, igual que los perros corren tras la piedra que les tiran. Hemos de ser como los leones, que se vuelven contra quien les lanza la piedra. Cuando se manifieste en la mente cualquier pensamiento de deseo, odio u otra emoción aflictiva, hemos de reconocerlo directamente e indagar en primer lugar de dónde viene, luego dónde reside en el momento presente y finalmente adónde se va. Si nos esforzamos en comprender, por medio de este método, que las emociones aflictivas carecen de existencia inherente, será fácil deshacerse de ellas, puesto que no tienen existencia intrÃnseca. ¿Por qué, entonces, no somos diligentes para no tener que padecer innecesariamente los sufrimientos de los infiernos y otros destinos desafortunados?
En El sutra del cúmulo de joyas se dice:
Kashyapa, en el futuro, habrá monjes arrogantes que serán como perros que corren tras las piedras. El perro, sintiéndose amenazado por la piedra, corre tras ella, en vez de perseguir a quien se la ha lanzado. Kashyapa, ciertos monjes y practicantes escrutarán persistentemente las formas, los sonidos, los olores, los sabores y las percepciones táctiles. Comprenderán que son transitorios, engañosos y están destinados a desaparecer; sin embargo, no sabrán de dónde surgen. Por eso, cuando vayan a aldeas, pueblos, ciudades, provincias, paÃses y palacios reales, las formas, los sonidos, los olores, los sabores y las percepciones táctiles les harán daño. Aunque permanezcan y mueran en soledad, si observan los preceptos del mundo[[172]](172), renacerán en los reinos superiores, en donde los objetos de los cinco sentidos seguirán haciéndoles daño. Y cuando mueran y transmigren de nuevo, no estarán libres todavÃa de los reinos inferiores. Y ¿cuáles son esos reinos? El de los infiernos, el de los animales, el del Señor de la Muerte[[173]](173) y el de los asuras. Por eso esos practicantes son como perros que corren tras las piedras.
Kashyapa, en el futuro, habrá otros monjes yoguis que no serán como los perros que corren tras las piedras. Si se lanza una piedra a un león, este sabe de donde viene la piedra y no persigue la piedra, sino a quien se la ha arrojado, y asà no le lanzan más piedras. Del mismo modo, cuando un monje practicante de yoga percibe los objetos externos de los sentidos, sabe que estos tienen su origen en la mente. Y examinando su mente, sabe que esta carece de existencia verdadera, y de ese modo se liberan.
[Estrofa 48] AsÃ, tras reflexionar a fondo sobre las instrucciones para el cuidado explicadas anteriormente, hemos de esforzarnos al máximo en ponerlas en práctica en el camino de los tres adiestramientos superiores—la disciplina, la concentración y la sabidurÃa—, tal como se exponen en las escrituras y los comentarios.
Además, se dice que se ha de practicar el Darma considerando al Buda como a un médico; al Darma sublime que estudiamos y sobre el que reflexionamos y meditamos como una medicina; los preceptos o el adiestramiento en la disciplina, que es de suma importancia, como la dieta y el comportamiento adecuados durante el proceso curativo; el deseo, el odio y las demás emociones aflictivas como enfermedades; y a uno mismo como a un enfermo. Si no observamos la disciplina esforzándonos en hacer lo que se ha de hacer y en evitar lo que se ha evitar, el Darma no nos beneficiará en nada. Seremos como los enfermos que no siguen las indicaciones de un médico experto sobre lo que deben hacer y evitar: lo que tienen que comer, el modo en el que han de comportarse, etcétera. ¿Cómo podrÃan curarse esos enfermos de las enfermedades producidas por el frÃo, el calor, etcétera, aunque tomen las medicinas especÃficas para esas enfermedades? Es imposible.
Por el contrario, si nos esforzamos en practicar el Darma adecuadamente, lograremos la gran felicidad y nos liberaremos de todos los sufrimientos, igual que quien siguiendo perfectamente los instrucciones del médico se cura de su enfermedad. Por eso hemos de ser diligentes en adiestrarnos en el cuidado. En La carta a un amigo se dice:
El cuidado trae la ambrosÃa[[174]](174);
su ausencia, la muerte, dijo el Sabio.
AsÃ, para aumentar la práctica de la virtud,
con devoción, estad siempre provistos del cuidado.
Aquà concluye el cuarto capÃtulo del Bodicharyavatara, acerca de las instrucciones sobre el cuidado.
