QUÉ ES EL ASISTENTE DE LAS DEMÁS PRÁCTICAS
1. EXPLICACIÓN CONCISA SOBRE LA NECESIDAD DE LA DILIGENCIA
[Estrofa 1] Como se ha explicado: «Cada paramita es la base en la que se apoya la siguiente». Así pues, las seis paramitas están interconectadas, siguiendo una relación de causa y efecto entre la que precede y la que sigue.
La generosidad permite perder el apego a las posesiones, lo que hace posible la práctica de la disciplina. Tener disciplina hace posible cultivar la paciencia. Y cuando se tiene paciencia para soportar las grandes dificultades, se puede aplicar la diligencia.
¿Por qué es necesaria la diligencia? Porque gracias a ella se obtiene el fruto de la Iluminación suprema, como si estuviese al alcance de la mano.
Si no hay viento [214], nada se mueve ni en el interior del cuerpo ni en el exterior. Del mismo modo, sin diligencia tampoco son posibles los actos virtuosos ni el mérito con relación a las dos acumulaciones. Mientras que, teniendo diligencia, se puede lograr rápidamente la Iluminación suprema gracias al poder benéfico de las dos acumulaciones.
2. EXPLICACIÓN DETALLADA SOBRE LA DILIGENCIA
1) DEFINICIÓN DE LA DILIGENCIA
[Estrofa 2] La diligencia se define como un estado mental de entusiasmo por lo virtuoso. Mencionar lo virtuoso lleva implícito excluir de la diligencia lo no virtuoso y la indiferencia. Mientras que la mención del entusiasmo indica [que] la naturaleza de la diligencia [es un estado mental] y excluye a las acciones virtuosas físicas y verbales. Aunque las acciones positivas del cuerpo y la palabra se consideran como diligencia, eso se debe a que se hace referencia a lo que causa esas actividades.
2) ELIMINAR LO QUE SE OPONE A LA DILIGENCIA
1.- RECONOCER LA PEREZA Y SUS CAUSAS
Aquí, tras definir qué es lo contrario de la diligencia, se explicará el modo de eliminarlo. Lo contrario a la diligencia es la pereza, que puede presentarse de tres formas: la primera es el gusto por la ociosidad; la segunda, la inclinación a actuar negativamente; y la tercera, el desánimo debido al menosprecio de uno mismo.
[Estrofa 3] La pereza, que es la falta de entusiasmo por lo que es virtuoso, se desarrolla debido a tres factores. El primero es disfrutar de la ociosidad por apego a las distracciones y los placeres, junto con la falta de esfuerzo por lo virtuoso; el segundo, el apego a dormir y el deseo cada vez mayor de estar tumbado en la cama, sobre almohadones...; y el tercero, el no sentirse disgustado por los sufrimientos del samsara. En un comentario detallado se dice:
Por no sentirse hastiada de los sufrimientos del samsara, la gente saborea la ociosidad como algo placentero y anhela dormir.
Disfrutamos las distracciones y demás entretenimientos como algo placentero, y nos deleitamos en dormir —tiempo en el que los pensamientos burdos cesan—, pero todas esas sensaciones de bienestar se transforman más tarde en sufrimiento. Sin embargo, buscamos de nuevo esas sensaciones y no nos sentimos hastiados de los sufrimientos del samsara.
Y así nos dedicamos a las actividades de esta vida, tales como combatir a nuestros adversarios, defender a nuestros allegados y demás. Pero por mucho tiempo que dediquemos a esas actividades, estas son interminables. Y, sin embargo, no nos cansamos de ellas, sino que alardeamos de todo lo que hacemos.
2.- CÓMO DESHACERSE DE LAS TRES CLASES DE PEREZA
1/ EL MODO DE CULTIVAR EL ANTÍDOTO A LA PEREZA CONSISTENTE EN EL GUSTO POR LA OCIOSIDAD
[Estrofa 4] Cuando nos invada la pereza, hemos de meditar en la transitoriedad y ahuyentar la pereza con el látigo de la diligencia. Para meditar en la transitoriedad, tenemos que usar el ejemplo del pescador y las redes.
Nuestras emociones aflictivas —el apego, el enfado, etcétera— son como los pescadores que van en busca de los peces, los atrapan en sus redes y los matan. Nos atrapan en las inmensas redes del renacimiento en los tres mundos del samsara, en los que la muerte es omnipresente y el destino que a todos nos aguarda [215]. Así es como hemos caído en las fauces de Yama, el despiadado Señor de la Muerte.
¿Cómo es posible que todavía no nos hayamos dado cuenta de que es seguro que vamos a morir? Hemos de afrontarlo y esforzarnos sin más dilaciones en hacer lo que es virtuoso.
[Estrofa 5] Hemos de meditar también en la transitoriedad usando el ejemplo de los búfalos y el carnicero. Ningún ser humano escapa de la muerte: ni los monjes ni nuestros amigos ni nuestros compañeros ni nuestros hermanos ni los que son mayores, menores o de la misma edad que nosotros. Yama, el Señor de la Muerte, no perdona a nadie. Uno tras otro, ejecuta a todos.
¿No nos hemos dado cuenta de eso todavía? Y si, aunque nos hayamos dado cuenta, seguimos apegados a dormir, a la ociosidad y a las distracciones y no nos esforzamos en practicar lo que es virtuoso, somos sumamente estúpidos, como los búfalos que duermen, sin la menor desconfianza, al lado del carnicero que los va matando uno tras otro.
[Estrofa 6] También hemos de meditar en la transitoriedad comparándonos a un viajero al que le han tendido una emboscada. Igual que los bandidos que asesinan a los viajeros tras bloquear todos los posibles puntos de escape y acecharlos en los caminos, el despiadado Señor de la Muerte, tras cerrar todas las posibles escapatorias y dejar únicamente abierto el camino que conduce hasta él, espera al acecho para quitarnos la vida.
¿Cómo podemos, estando ante él, seguir disfrutando de la comida y la bebida de día y durmiendo de noche? ¿Cómo podemos estar contentos viendo que los días y las noches pasan tan rápido? Deberíamos perseverar diligentemente en las acciones virtuosas.
[Estrofa 7] Asimismo hemos de recordar que la muerte llegará pronto. En general, en esta época de decadencia, nuestra vida no será larga aunque consigamos vivir hasta la edad más avanzada posible. Especialmente en la actualidad, las enfermedades, las fuerzas negativas y demás circunstancias adversas son muy abundantes. Ni siquiera podemos estar seguros de que no moriremos esta noche. La llegada de la muerte es inminente. Así pues, hasta que llegue ese momento, hemos de acumular mérito y sabiduría practicando diligentemente las acciones virtuosas. Si abandonamos la pereza justo en el momento de la muerte, ya no tendremos tiempo de acumular mérito practicando lo que es virtuoso aunque deseemos hacerlo. ¿De qué servirá abandonar la pereza en ese momento?
[Estrofa 8] El momento de la muerte es totalmente imprevisible. El despiadado Señor de la Muerte llegará de repente, sin que ni siquiera nos demos cuenta de que está llegando, cuando algunas de las actividades que tengamos planeadas aún no las hayamos empezado; otras de esas actividades que hayamos planeado las estemos empezando a hacer y algunas otras estén a medio hacer, pues no las hayamos terminado todavía. Y en el momento en que la muerte sea segura, nos daremos cuenta de que no nos hemos esforzado suficiente en hacer lo que es virtuoso y en evitar lo que es negativo cuando todavía teníamos posibilidades de hacerlo, y de que, además, hemos hecho lo contrario, al cometer actos negativos y no llevar a cabo los que son virtuosos. Con profundo arrepentimiento nos lamentaremos: «¡Ay! El Señor de la Muerte me ha vencido». Y con una mente con una acumulación de pesadumbre similar al monte Meru, partiremos dejando esta vida.
[Estrofa 9] Cuando la muerte llegue, ni nuestros amigos ni nuestros familiares ni nada de lo que tenemos y nos resulta imprescindible podrá acompañarnos. Tendremos que dejar todo atrás y partir solos hacia la próxima vida. Tendremos que ver cómo nuestros padres, hijos y amigos han perdido cualquier esperanza de que nos recuperemos y tienen el rostro cubierto de lágrimas brillantes y los ojos enrojecidos e hinchados debido a su profunda tristeza. Y tendremos que ver, también, los rostros aterradores y amenazantes de los emisarios del Señor de la Muerte. En algunos momentos vislumbraremos momentáneamente imágenes de esta vida con nuestros padres, familiares, etcétera, y otras veces tendremos atisbos de la próxima vida y de los emisarios del Señor de la Muerte.
[Estrofa 10] El recuerdo de los actos negativos que cometimos nos torturará y nos cubriremos el pecho de arañazos. Llegarán a nuestros oídos, procedentes del infierno, las voces que apremian a matar y amputar, y también los llantos y los lamentos. Y el pánico nos hará ensuciarnos con nuestros excrementos. Estaremos confusos y no tendremos ningún control del cuerpo, la palabra y la mente; ni podremos reconocer a los demás ni a nosotros mismos. ¿Qué podremos hacer cuando llegue ese momento?
Puesto que entonces no podremos hacer nada, ahora, que todavía podemos, es cuando tenemos que esforzarnos en hacer lo que es virtuoso.
[Estrofa 11] Si, como el pescado aún vivo que se retuerce sobre la arena caliente, tenemos un miedo insufrible mientras estamos todavía vivos, ¿es necesario decir que, en vidas futuras, sentiremos un terror insoportable por todos los sufrimientos atroces de ser cortados, quemados, etcétera, en los infiernos creados por los actos negativos que hemos cometido desde tiempos sin principio? En La carta a un amigo se dice:
Si mirar las imágenes u oír hablar de los infiernos
o pensar o leer sobre ellos nos aterroriza,
¿es necesario decir lo que sentiremos
cuando experimentemos el resultado insoportable [de los actos negativos]?
[Estrofa 12] ¿Cómo podemos descansar tan tranquilos e indolentes habiendo cometido los actos negativos que nos llevarán al infierno Intensamente Ardiente, donde el bronce fundido abrasará la carne de nuestro cuerpo, que es tan incapaz de soportar nada como los tejidos tiernos y delicados de un bebé? Hacer eso no tiene sentido.
[Estrofa 13] No solo estamos lejos de tener la diligencia que no deja descansar de día ni dormir de noche, sino que no tenemos ni siquiera diligencia para estudiar (ni aun durante un año o un mes) ni para practicar en retiro los estadios de aproximación y consecución [216]. ¿Cómo podemos esperar grandes resultados, como ser eruditos y conseguir la realización en esta vida o renacer en una tierra pura en la próxima vida?
Como dice un proverbio: «Menos tolerante que la carne tierna de una herida y más irascible que un espíritu maligno». Puesto que somos tan delicados e irritables, incapaces de tolerar incluso la menor molestia, tendremos que afrontar muchos males en esta vida y las siguientes.
Quienquiera que nace en el samsara ha de morir, luego es seguro que seremos atrapados por el Señor de la Muerte. Sin embargo, igual que los dioses embelesados con sus placeres, no pensamos en la muerte ni un solo momento. Disfrutando con las distracciones como si el momento de la muerte no fuera a llegar nunca, cometemos toda clase de acciones negativas. ¡Ay! En esta vida y las siguientes, seremos abatidos por tremendos sufrimientos cuando llegue la muerte. ¡Qué pena! Lo razonable sería recordar que vamos a morir y dedicarnos diligentemente a hacer acciones positivas.
[Estrofa 14] Ahora que disponemos del soporte de este cuerpo humano dotado de libertades y condiciones favorables, que es tan difícil de conseguir y similar a un excelente navío, hemos de esforzarnos en hacer lo que es virtuoso a fin de liberarnos del inmenso torrente de sufrimiento de los tres mundos del samsara. Si no perseveramos con diligencia ahora, será sumamente difícil obtener de nuevo un navío tan excelente como este. Los que ignoran lo que se debe y no se debe hacer han de esforzarse en actuar adecuadamente. Pues ahora no es el momento de dormir, sino de dejar de lado la pereza y practicar con diligencia las acciones positivas.
2/ EL MODO DE CULTIVAR EL ANTÍDOTO A LA PEREZA CONSISTENTE EN LA INCLINACIÓN A ACTUAR NEGATIVAMENTE
[Estrofa 15] Se dice que las palabras de este verso de Shantideva [217] se han de interpretar como que el Darma sublime es causa de infinita alegría. De modo resumido, al principio, cuando se oye, el Darma sublime es como una ambrosía para los oídos que engendra inspiración y fe en donde previamente no había fe. Más adelante, cuando se reflexiona sobre él, elimina todos los pensamientos discursivos de la mente distraída. Al final, cuando se medita en él, hace que se genere en la mente la sabiduría primordial de la liberación perfecta. Virtuoso al principio, en el medio y al final, el Darma es la alegría suprema.
Por lo tanto, ¿cómo es posible que rechacemos estudiar el Tripitaka y practicar los tres adiestramientos [218], y que disfrutemos con lo que es contrario al Darma y da lugar a sufrimientos insoportables en esta vida y las futuras? ¿Cómo podemos dedicarnos a combatir a los adversarios; defender a los amigos; el comercio o la agricultura; cuidar de una familia o un grupo de amigos; velar por los bienes del monasterio, los caballos o las posesiones; procurarnos el sustento y demás actividades? ¿Cómo es posible que nos dejemos llevar por esas distracciones que son incompatibles con el estudio y la práctica del Darma y no nos dejan descansar por el día ni dormir por la noche? ¿Cómo podemos deleitarnos con la agitación incontrolada del cuerpo, la palabra y la mente: con los juegos y los deportes, los torrentes de habla no virtuosa motivada por el deseo o la aversión, los chismorreos fútiles que no son ni positivos ni negativos, las risas y carcajadas estrepitosas, y todo tipo de pensamientos que siguen inútilmente cosas del pasado, del presente o del futuro? No tiene sentido disfrutar con esas cosas.
[Estrofa 16] ¿Con qué hemos, pues, de disfrutar? Como se explicará más adelante, en la práctica de lo que es virtuoso, no hemos de dejarnos caer en el desánimo, sino llevar la armadura de la diligencia y proveernos de las cuatro fuerzas reparadoras; por medio de la atención y la introspección vigilante, hemos de perseverar en adoptar lo que es positivo y rechazar lo que es negativo; y aplicando los antídotos, hemos de tener control del cuerpo, la palabra y la mente (estas dos últimas [son dos fortalezas, que] son como el rey y el ministro respectivamente); y hemos de esforzarnos con alegría y diligencia en cultivar la bodichita: meditando, primero, en la igualdad de uno mismo y los demás, y, después, en el intercambio de uno mismo por los demás [219].
3/ EL MODO DE CULTIVAR EL ANTÍDOTO A LA PEREZA CONSISTENTE EN EL DESÁNIMO DEBIDO AL MENOSPRECIO DE UNO MISMO
[Estrofa 17] No hemos de desanimarnos preguntándonos, con una actitud de menosprecio hacia nosotros mismos, cómo es posible que, con todas la emociones negativas que tenemos y todos los actos negativos que hemos cometido, alcancemos la Iluminación insuperable. El Tathagata, el buda omnisciente, que siempre dice la verdad cuando habla y nunca miente, proclamó con palabras infalibles que incluso los seres más débiles e insignificantes, como las moscas y los mosquitos que vuelan por el aire, las abejas que extraen el néctar de las flores, los escarabajos que se alimentan de excrementos..., si fortalecen su diligencia, obtendrán la budeidad insuperable, que es tan difícil de lograr.
[Estrofa 18] En El sutra solicitado por Subahu se dice:
Además, un bodisatva ha de adiestrarse perfectamente del modo siguiente. Ha de reflexionar en que si incluso los leones, los tigres, los perros, los chacales, los buitres, las grullas, los cuervos, los búhos, los gusanos, las abejas, las moscas y los mosquitos despertarán al estado de la Iluminación insuperable, ¿por qué él, que es un ser humano, va a permitir que se debilite su diligencia, con la que podrá obtener la Iluminación? No debe permitir que eso ocurra nunca, ni siquiera a costa de su vida.
La razón de ello es que todos los seres poseen desde siempre la naturaleza búdica. Cuando encuentran a los budas y los bodisatvas, su naturaleza búdica despierta, la semilla de la liberación se reaviva y ellos, progresando gradualmente a lo largo de sus vidas, alcanzan la budeidad.
[Estrofa 19] Si nosotros y los que son como nosotros —que tenemos una existencia humana, que es la mejor de las seis posibles, y la facultad de entender el lenguaje, y sabemos distinguir lo que beneficia (las acciones positivas) de lo que daña (las negativas) y actuar consecuentemente— cultivamos la bodichita sin caer en el desaliento y no dejamos de ser diligentes en la práctica de los bodisatvas, ¿por qué no vamos a poder obtener la Iluminación? Es indudable que la obtendremos, porque se dice que incluso los que cultivan la bodichita de un modo inconstante obtendrán la Iluminación.
[Estrofa 20] Puede que aceptemos que si nos esforzamos de ese modo, alcanzaremos indudablemente la Iluminación, pero que, sin embargo, nos asuste que para ello sea necesario dar la cabeza, los miembros y otras partes del cuerpo.
Decir eso demuestra que se ignora lo que se debe y no debe hacer, y no se sabe distinguir entre el [sufrimiento] intenso que sí se ha de temer y el insignificante que no es necesario temer. Ese es un miedo totalmente injustificado.
[Estrofa 21] Puede que pensemos que si no generamos bodichita, no tendremos que experimentar el sufrimiento de que nos corten la cabeza, los miembros y demás. Pero tener miedo a generar bodichita es algo injustificado. Desde tiempos sin principio, muchas veces durante innumerables periodos de tiempo inmensos nos han cortado la cabeza y los miembros con espadas, nos han atravesado con lanzas y otras armas, nos hemos quemado en el fuego de los infiernos, nos han descuartizado con sierras incandescentes. Sin embargo, todos esos tremendos sufrimientos que hemos experimentado han sido totalmente inútiles. Ninguno nos ha servido para acumular mérito ni alcanzar la Iluminación.
[Estrofa 22] Comparados con esos sufrimientos, las dificultades padecidas a fin de lograr la budeidad insuperable son realmente limitadas. Sabiendo que son reducidas y están restringidas a un periodo de tres kalpas inmensurables, hemos de ser capaces de soportarlas, del mismo modo que, cuando una punta de flecha se clava en el cuerpo y produce mucho dolor, es necesario soportar la pequeña molestia de la incisión que se hace en la piel, la carne y el hueso para poder extraerla.
[Estrofa 23] Además, en este mundo, todos los médicos expertos usan para curar métodos poco agradables (sangrías, cauterizaciones, incisiones, etcétera). Y es necesario soportar ese dolor de ser sangrados, quemados...
Por lo tanto, para eliminar por completo todos los múltiples e intensos sufrimientos, tanto los nuestros como los de los demás, de los tres mundos del samsara —que son como enfermedades crónicas—, es necesario que seamos capaces de aceptar y soportemos ciertas dificultades mínimas.
[Estrofa 24] Pero el Buda, el Médico Supremo, para curar nuestros males, no usa esa clase de tratamientos médicos comunes, drásticos y dolorosos, que acaban de mencionarse (sangrías, cauterizaciones, incisiones, etcétera). Su método curativo es excelente y muy suave. Consiste en sentarse con las piernas cruzadas sobre un asiento cómodo y aplicar la atención perfectamente. Así cura las incontables y graves enfermedades producto de las dos clases de oscurecimientos, tales como las enfermedades crónicas de los ochenta y cuatro mil emociones aflictivas, que hacen sufrir a todos los seres del samsara.
[Estrofa 25] Por supuesto, algunos se preguntarán cómo puede considerarse un tratamiento suave dar a los demás la carne de nuestro propio cuerpo.
La respuesta es que no es necesario hacer eso al principio. Los que son completamente incapaces de ser generosos, para acostumbrarse poco a poco al acto de dar, han de pasar algo que les pertenezca de la mano derecha a la mano izquierda y viceversa, pensando que [realmente] lo dan y diciéndolo con palabras. Luego se puede ofrecer a los demás cosas básicas como verduras u otros alimentos. Eso es lo que el Buda, que guía gradualmente a los seres, dice que hemos de hacer al principio. Poco a poco, a medida que uno se vaya acostumbrando, será capaz de dar más y más, hasta que finalmente pueda hacer grandes donaciones, como la de la propia carne y sangre, sin aferrarse a nada.
[Estrofa 26] Cuando hayamos adquirido el hábito de dar y, desprovistos de apego, seamos capaces de considerar que el propio cuerpo no es diferente de las verduras, podremos dar sin ninguna dificultad la carne y la sangre de nuestro cuerpo. Porque cuando hayamos logrado actualizar la igualdad natural de todos los fenómenos, el oro y un trozo de tierra valdrán lo mismo para nosotros, todo el espacio y la palma de nuestra mano serán iguales. Comprenderemos plenamente que todos los fenómenos —tanto el placer de que, por la derecha, nos unten con agua de sándalo como el dolor de que, por la izquierda, nos corten con un cuchillo; lo bueno y lo malo; etcétera— son como sueños o ilusiones mágicas y ya no tendremos ningún miedo. Como se dice en El ornamento de los sutras:
Los que saben que todo es como una ilusión mágica
y que nacer es igual que entrar en un jardín,
tanto en la abundancia como en la miseria,
no tendrán miedo de los sufrimientos ni de las emociones aflictivas.
[Estrofa 27] Puede que objetemos que, aunque seamos capaces de dar la cabeza y los miembros del cuerpo, todavía nos asusta y nos hace sentir desalentados que, para beneficiar a los seres, tengamos que permanecer, a lo largo de diferentes nacimientos y muertes, durante un periodo inmenso en el samsara, que es como un foso lleno de brasas o una cesta de serpientes venenosas.
Pero aunque los bodisatvas permanecen voluntariamente en el samsara, no se contaminan con sus defectos, igual que un loto no se ensucia con el lodo en el que crece. Los bodisatvas no experimentan ningún dolor físico porque han abandonado todos los actos negativos. Y como han entendido que la naturaleza de todos los fenómenos conocibles es la ausencia de entidad propia, no experimentan ninguna aflicción mental. Porque los seres corrientes experimentan aflicciones mentales debido a que albergan conceptos erróneos (como creer que tiene entidad propia lo que carece de entidad propia). Y experimentan el dolor físico debido a que actúan negativamente (matando, cogiendo lo que no les han dado, etcétera).
[Estrofa 28] Los bodisatvas, dondequiera que se encuentren, no experimentan ni dolor físico ni aflicción mental. Debido a que acumulan mérito practicando la generosidad y las demás paramitas, se sienten bien físicamente y debido a que han entendido y perciben la ausencia de entidad propia, disfrutan de la alegría y la felicidad mental. Por lo tanto, aunque permanecen en los tres mundos del samsara para beneficiar a los seres, no están ni mínimamente contaminados de sus defectos y sufrimientos. ¿Qué puede apesadumbrar a los bodisatvas, los compasivos herederos de los victoriosos? No hay nada que pueda hacerles sentir abatidos.
[Estrofa 29] Además, por el poder de su bodichita, las acciones negativas que los bodisatvas cometieron anteriormente (la causa del sufrimiento) se consumen y purifican por completo, como se explica en las estrofas 13 y 14 del primer capítulo. Y como se explica en la estrofa 19 del mismo capítulo, su práctica de las seis paramitas —la generosidad y las demás— se desarrolla sin cesar, instante a instante, y así reúnen y completan un océano de mérito, que es la causa de su felicidad. Por eso se dice que los bodisatvas son muy superiores a los shravakas en la acumulación de mérito y en los remedios para las acciones negativas.
[Estrofa 30] Por todas las razones que se han explicado antes, ¿cómo pueden aquellos que desean su bien y saben distinguir los defectos de las cualidades sentirse abatidos y descorazonados mientras van montados sobre el excelente caballo de la bodichita, que elimina todo el abatimiento mental y la fatiga física, y hace progresar en el camino feliz hacia el resultado feliz, que no reside ni en el extremo de la existencia ni en el de la paz? No pueden sentirse así.
[Estrofa 31] Aun así, puede que todavía nos consideremos incapaces de lograr el beneficio de los seres.
Pero del mismo modo que el hijo de un chakravartin, que hace girar la rueda del poder, lleva a los demás a practicar los actos virtuosos con la ayuda de sus cuatro ejércitos, el Buda, que hace girar la rueda del Darma, ha concedido a sus herederos, los bodisatvas, cuatro fuerzas para que puedan lograr el beneficio de los seres. Estas cuatro fuerzas son la aspiración, la firmeza, la alegría y el desistir. Las tres últimas provienen de la aspiración, que es la raíz. Y la aspiración nace del miedo al sufrimiento, que es el resultado de las acciones negativas, y se ha de cultivar reflexionando repetidamente en los beneficios de la liberación y en las ventajas de aspirar a ella.
3) CONSEGUIR LAS CONDICIONES FAVORABLES A LA DILIGENCIA
1.- EXPLICACIÓN CONCISA
[Estrofa 32] Tras deshacernos de los tres tipos de pereza que se oponen a la diligencia, tal como se ha explicado, hemos de esforzarnos en aumentar nuestra diligencia reuniendo las cuatro fuerzas: la aspiración (un interés entusiasta por el Darma), la confianza en uno mismo o firmeza (por la que no se retrocede en lo que se ha empezado), la alegría (por la que se disfruta con lo que se hace) y desistir (en los momentos en que es necesario hacerlo), junto con las dos clases de fortaleza: la práctica resuelta de adoptar y rechazar [según sea necesario] y el control del cuerpo y la mente.
2.- EXPLICACIÓN DETALLADA
1/ REUNIR LAS CUATRO FUERZAS
1. LA FUERZA DE LA ASPIRACIÓN
[Estrofa 33] Puesto que cultivamos la bodichita, hemos de eliminar todas nuestras innumerables faltas —las emociones negativas, etcétera— y las de todos los seres. A fin de poder acabar con esos oscurecimientos, hemos de aplicar la diligencia, aunque para cada una de esas ochenta y cuatro mil emociones aflictivas y las demás faltas necesitemos un número de kalpas tan inmenso como un océano.
[Estrofa 34] Y si vemos que no estamos haciendo ni el más mínimo esfuerzo para eliminar esas faltas, ¿cómo es que no nos estalla el corazón en pedazos, dado el incalculable sufrimiento que tendremos que experimentar en el futuro? Aquí Shantideva nos muestra que es necesario deshacernos de esas faltas.
[Estrofa 35] Asimismo, hemos de lograr las innumerables cualidades del camino y el resultado, para nosotros mismos y los demás, aunque para cada una de ellas —como, por ejemplo, las de la visión [220] y el conocimiento sobrenaturales— necesitemos practicar con diligencia durante un océano de kalpas.
[Estrofa 36] Nunca hemos tenido la perseverancia necesaria para lograr siquiera parcialmente esas cualidades. ¡Qué increíble es —ironiza Shantideva— que desperdiciemos esta vida humana dotada de libertades y condiciones favorables, que hemos obtenido debido al poder del karma, aunque eso sea algo tan sumamente raro!
[Estrofa 37] Puede que pensemos que nuestro comportamiento no ha sido completamente inútil y que al menos hemos llevado a cabo algunos actos positivos.
Pero, ¿qué actos positivos? No hemos hecho ofrendas a los budas ni directamente, con objetos presentes, ni indirectamente mediante el poder de la imaginación. No hemos hecho ni siquiera una pequeña donación —de alimentos, vestidos, etcétera— con una intención pura a la sanga para la celebración de grandes fiestas o para honrarla.
Y con respecto a las enseñanzas del Buda, tampoco hemos hecho nada: no hemos estudiado ni enseñado las enseñanzas del Tripitaka —las escrituras del Darma sublime— ni hemos practicado los tres adiestramientos del camino. Y tampoco hemos satisfecho los deseos de los más pobres, de aquellos que no tienen nada para comer ni para vestirse: nunca les hemos proporcionado un poco de té o de leche de buena calidad y menos todavía una ayuda material considerable. Por el contrario, los hemos tratado con desprecio.
[Estrofa 38] No hemos protegido a los seres del miedo: salvando y prolongando la vida de los que están en peligro de perderla, etcétera. Ni hemos consolado a los desdichados, que ignoran lo que deben hacer y lo que deben evitar, instruyéndoles apropiadamente con el Darma para que sepan cuál es la conducta correcta.
Esta vida humana solo nos ha servido para causar un gran dolor a nuestra madre cuando estábamos en su seno y cuando nos dio a luz (momento en el que tanto ella como nosotros sufrimos tremendamente y casi morimos). Pero no la hemos usado para cumplir el objetivo de sus libertades y condiciones favorables.
[Estrofa 39] Así pues, debido a que tanto en nuestras vidas pasadas como en la presente hemos sentido menos aspiración o interés por el Darma sublime que un perro por la hierba que se le pone delante, nos encontramos en esta situación miserable y de carestía en materia de virtud. Por tanto, ¿qué persona, que desee ser feliz, puede prescindir de la aspiración al Darma sublime? Hacer eso es algo insensato.
[Estrofa 40] El Buda dijo que la aspiración o el interés por el Darma sublime es la raíz de todo el mérito virtuoso, que lleva a los renacimientos superiores y al beneficio definitivo de la budeidad. En El sutra solicitado por Sagaramati se dice:
La aspiración es la raíz de todo lo que es virtuoso.
Y en La manifestación de la tierra pura de Mañyusri:
Todo depende de las circunstancias
y está asentado sobre la aspiración.
Cualquier plegaria que se haga
producirá el resultado correspondiente.
Por consiguiente, quienes tienen un gran interés por practicar el Darma se convierten en los mejores practicantes; aquellos cuyo interés es moderado, en practicantes de capacidad media; y quienes tienen un interés reducido, en practicantes de menor capacidad. Así, el interés entusiasta por el Darma es de vital importancia y, puesto que es difícil tenerlo desde el principio, es necesario cultivarlo.
Pero hoy en día la gente se menosprecia y duda de su capacidad para mantener la disciplina, estudiar las enseñanzas y reflexionar y meditar sobre ellas. Hemos de evitar esa actitud autodestructiva. En vez de mirar hacia abajo, como un perro sobre un tejado, tenemos que mirar hacia arriba, como un pájaro posado sobre el suelo. Si aprendemos a mantener la disciplina y a estudiar las enseñanzas y reflexionar y meditar sobre ellas, progresaremos y seremos cada vez más felices.
Si desde el principio careciésemos de cualquier oscurecimiento y poseyéramos todas las cualidades, las enseñanzas del Darma sublime no serían necesarias. Pero ese no es el caso.
Y la raíz de la aspiración (o el interés entusiasta) por el Darma es reflexionar y meditar constantemente y con convencimiento sobre los resultados de las acciones positivas y negativas, que, cuando completan su maduración, son ineludibles y dan lugar respectivamente a la felicidad y el sufrimiento.
[Estrofa 41] Y ¿cómo meditamos en eso? Todos los dolores físicos causados por las enfermedades, el frío, el calor y demás, y también las angustias y sufrimientos mentales, todos los diferentes tipos de miedo —como el miedo a morir, etcétera—, la aflicción de estar separados de lo que queremos y la de tener que afrontar lo que no queremos, etcétera, es decir, todos los diferentes sufrimientos de esta vida y las siguientes no son debidos a la gente malvada, sino que son producto de nuestras propias acciones negativas. Esta es la explicación general sobre la causalidad kármica.
[Estrofa 42] En cuanto al modo específico, las explicaciones sobre los resultados de las acciones mixtas [con aspectos positivos y negativos] no son meras palabras superfluas. Si nuestras intenciones y los actos correspondientes son positivos, luego, en cualquier parte que nazcamos y adondequiera que vayamos, el mérito de esos actos positivos que llevamos a cabo en el pasado nos proporcionará su fruto completamente maduro, consistente en abundante felicidad y numerosas cualidades positivas. Un ejemplo de ello es la historia del príncipe Puñabala [221], que se estableció en la vivienda de un hombre pobre y descubrió allí un enorme tesoro inagotable.
[Estrofa 43] Por otra parte, si hacemos actos negativos tratando de ser felices, luego, en cualquier parte que nazcamos y adondequiera que vayamos, los cuchillos afilados del sufrimiento (los frutos completamente maduros resultantes de esos actos negativos que hicimos en el pasado) nos traspasarán y nos destruirán.
Con respecto a las acciones mixtas, hay cuatro combinaciones posibles del karma propulsor y el karma que completa [222]. Cuando el karma que propulsa es positivo y va acompañado de un karma que completa también positivo, se renace en uno de los reinos felices y durante esa vida se disfruta de felicidad, riquezas, etcétera. Cuando el karma que propulsa y el que completa son ambos negativos, se renace en los infiernos y se sufre durante toda esa vida. Cuando un karma propulsor positivo va acompañado de un karma que completa negativo, se puede renacer en el reino de los dioses, pero no se tienen los bienes y las ventajas que caracterizan ese nacimiento y se sufre. Y cuando un karma propulsor negativo va acompañado de un karma que completa positivo, se experimenta una suerte similar a la de Dsabo Pumo o, por ejemplo, a la de un animal que disfruta de una vida cómoda y feliz.
Asimismo, cuando un karma propulsor negativo hace renacer en un infierno efímero, pero va acompañado de un karma que completa que es a la vez positivo y negativo (como en el caso del carnicero que tomó el voto de no matar de noche o el que se describe en la historia de Shrona [223] del hombre adúltero que tomó el voto de abstenerse de la conducta sexual incorrecta durante el día), se experimenta felicidad o sufrimiento, durante el día o la noche, según cada caso, en los infiernos efímeros.
Igualmente, aunque el karma propulsor haga renacer como un ser humano, si va acompañado de un karma que completa que es a la vez positivo y negativo, se tendrán diversas experiencias diferentes de felicidad y sufrimiento (unas afectarán, por ejemplo, a la primera parte de la vida y las otras a la segunda parte).
En resumen, hemos de saber que, renazcamos en los reinos afortunados o en los reinos inferiores, todas las experiencias de felicidad y sufrimiento que experimentamos en nuestra existencia son los efectos de nuestras acciones positivas y negativas, y los efectos de las acciones no se desvanecen.
[Estrofa 44] El resultado de las acciones completamente positivas, que no están contaminadas con la más mínima negatividad, es renacer en una tierra pura, como por ejemplo la de Sukhavati. En las tierras puras, el lugar del que se nace es muy superior a un útero estrecho, caliente y maloliente. Porque en las tierras puras se vive a gusto en el interior de un amplio loto multicolor, perfumado y fresco al tacto.
El esplendor del cuerpo y de las facultades sensoriales se desarrolla y alcanza su madurez nutriéndose de la ambrosía del Darma expuesto por la voz melodiosa del Victorioso, que es una forma de sustentarse superior a la de alimentarse de la sustancia impura segregada por el cuerpo de la madre.
Además, el modo de nacer [en Sukhavati] es también superior al del parto, que es muy doloroso y similar a tener que pasar a través del diminuto orificio metálico de una hilera. Allí, los rayos de luz que irradia el cuerpo del Buda hacen que se abran por completo los pétalos del loto y, de su interior, uno surge milagrosamente con un cuerpo perfecto, que está adornado con todas las marcas mayores y menores. Luego vive en presencia del buda Amitabha y otros seres iluminados, que es un modo de vida superior al de residir en las viviendas inmundas de los seres humanos. Y, sustentado por el Darma, deviene el heredero afortunado de los sugatas. Todo esto es el resultado de las acciones virtuosas completamente puras.
[Estrofa 45] Por otra parte, el resultado de las acciones completamente negativas de las que no se siente el menor arrepentimiento es sufrir de un modo atroz en los infiernos, donde los terribles esbirros del Señor de la Muerte equipados con armas incandescentes desuellan por completo los cuerpos tiernos y delicados de los seres que allí se encuentran. Además, vierten sobre ellos y en su interior cobre fundido por un fuego más abrasador que el del final de una kalpa. Y también cortan y despedazan con espadas y cuchillos afilados y ardientes la carne de esos cuerpos en cientos de pedazos, que caen en el suelo de metal candente. Todos esos numerosos e interminables sufrimientos son producto de numerosos actos negativos.
[Estrofa 46] Por lo tanto, teniendo confianza en el principio kármico de causa y efecto, hemos de abandonar las acciones negativas y aspirar con un interés entusiasta solo a lo que es virtuoso. Con devoción y confianza, hemos de esforzarnos en cultivarlo, poniendo en aplicación [las acciones virtuosas] o evitando [las que son negativas] según corresponda.
[Estrofa 47] Antes de empezar, hemos de examinar nuestros recursos, tanto materiales como espirituales, a fin de emprender la acción o abstenernos según si tenemos posibilidades o no de llevarla a término. Si no podemos, es mejor que, de momento, no empecemos. Pero si empezamos, nunca hemos de desistir de lo que hemos prometido llevar a cabo.
[Estrofa 48] Porque si actuásemos de ese modo (interrumpiendo los estudios o las prácticas de un retiro que hemos empezado, por ejemplo), el efecto similar a la causa será la propensión (en esta vida y las siguientes) a no completar las buenas acciones que emprendamos. El efecto proliferante de romper la promesa de llevar a cabo un acto virtuoso hará que se multipliquen nuestros actos negativos. Y el efecto completamente maduro será que aumentará nuestro sufrimiento. Y si, antes de terminar lo que hemos empezado, nos embarcamos en otras acciones, no lograremos llevar a cabo ni esa ni las demás. Y en el momento del resultado, el fruto será escaso.
[Estrofa 49] Por lo tanto, hemos de desarrollar y cultivar la firmeza de la confianza en uno mismo [224] con respecto a tres cosas: la acción, las emociones aflictivas y nuestra habilidad. En primer lugar, hemos de decidir que nosotros mismos llevaremos a cabo la acción. En segundo, hemos de decirnos que no sucumbiremos a las emociones negativas. Y en tercero, hemos de creer que somos capaces de hacerlo, reflexionando en que podremos eliminar todas las faltas y lograr todas las cualidades. Sin embargo, esta firme confianza en uno mismo no se cultiva en los estadios iniciales. Es para cuando ya estamos realmente inmersos en la tarea y empezamos a flaquear y desanimarnos.
2) EXPLICACIÓN DE LOS PUNTOS ESPECÍFICOS
1.- Cultivar la confianza en uno mismo con respecto a la acción
Pensemos en el siguiente ejemplo que se cita también en El sutra del gran compendio:
Devaputra, el palacio exterior del sol, que es material, no tiene otra opción más que la de iluminar por sí solo los cuatro continentes. Brilla de modo imparcial y sin que las nubes, el polvo, el viento, la lluvia ni ninguna otra circunstancia se lo impidan. Y aunque todos los seres depositan sus esperanzas en él, el sol no necesita depositar su confianza en nadie.
Del mismo modo, yo —un bodisatva experto en la vacuidad y en los medios hábiles de la gran compasión— haré que maduren y se liberen todos los seres, cuyo número es tan ilimitado como el espacio. Y lo haré yo solo y sin dejar que las faltas y los defectos de los seres, salvajes y bárbaros como son, me lo impidan. Seré el gran amigo desconocido de todos y cada uno de los seres. Aunque ellos depositen sus esperanzas en mí, yo no depositaré las mías en ellos.
Cultivar esta firmeza es lo que constituye la confianza en uno mismo con respecto a la acción.
[Estrofa 50] Como están dominados por sus emociones aflictivas, los seres mundanos actúan en contra de sus deseos más profundos y no son, por tanto, capaces de conseguir siquiera su propio bien en esta vida. Ellos no pueden trabajar, como los bodisatvas, para beneficiar a los demás; así pues, hemos de ser nosotros, bodisatvas, los que logremos el beneficio de todos los seres y el nuestro.
[Estrofa 51] Cuando los demás se dediquen a actividades mundanas inferiores —tales como vencer a los enemigos, proteger a los allegados, dedicarse al comercio y la agricultura, etcétera—, ¿hemos de colaborar con ellos en esas tareas? Hacer eso no sería adecuado. En lugar de eso, hemos de dedicarnos a las seis paramitas, que es la práctica de los bodisatvas.
Estas palabras de Shantideva también se pueden interpretar como que cuando los demás se dedican a actividades mundanas humildes —tales como recoger la paja, cortar y transportar madera, etcétera—, ¿hemos de quedarnos cómodamente sin hacer nada? Eso no sería correcto. Por el contrario, debemos ayudar a los demás en todo aquello que no sea negativo; como, por ejemplo, Dromtompa que le llevó el equipaje a un anciano tantrika o el maestro indio Padampa Sanguie que hizo lo mismo con un acharya de barba amarilla.
Pero sea cual sea la interpretación que sigamos, no hemos de comportarnos con orgullo pensando que lo que nosotros hacemos nos hace superiores a los demás. Liberarse de ese orgullo ordinario es la mejor práctica de los bodisatvas.
2.- Cultivar la confianza en uno mismo con respecto a nuestra habilidad
[Estrofa 52] Hasta los cuervos se comportan como águilas cuando se encuentran con una serpiente que ya está muerta y la devoran con altivez. Del mismo modo, si la confianza que tenemos en nuestra propia habilidad —es decir, en nuestra capacidad de remediar una situación— es muy débil, cualquier falta, como por ejemplo una caída mínima, podrá dañarnos considerablemente enviándonos a los reinos inferiores como si fuera una caída grave.
[Estrofa 53] Debido a su débil determinación, algunos, aunque son como nosotros, piensan que no son capaces de evitar las acciones negativas y practicar las positivas. Sintiéndose desalentados, dejan de esforzarse para conseguirlo. Y debido a ello, no podrán conseguir liberarse de su estado miserable, en esta vida ni en las venideras.
Pero aquellos que, por el contrario, permanezcan resueltos, con una firme confianza, perseverando con diligencia —confesando lo que se ha de confesar con una firme promesa de enmendarse— es difícil que sean derrotados incluso por las caídas graves. Estas no podrán arrojarlos a los reinos inferiores. En El sutra de los medios hábiles del gran secreto se dice:
Igual que los sostenedores de los vidyamantras pueden deshacerse a voluntad de las ligaduras de los cinco hechizos maléficos, los bodisatvas expertos en la vacuidad y en los métodos de la gran compasión no serán vulnerables a las caídas graves.
[Estrofa 54] Así, con la firme estabilidad de la confianza en nuestra habilidad, erradicaremos todas las caídas que se han de abandonar. De lo contrario, si incurrimos en esas caídas, nuestro deseo de alcanzar la budeidad y ser totalmente victoriosos sobre todos los factores aflictivos de los tres mundos será vergonzoso e irrisorio.
[Estrofa 55] Por tanto, venceremos todos los factores aflictivos de los tres mundos. Ninguna emoción aflictiva podrá vencernos. Nosotros, que somos los herederos del Victorioso, el León de los hombres, que ha vencido a los cuatro demonios y tiene el poder de las cuatro clases de intrepidez, hemos de cultivar y mantener la confianza en nuestra habilidad, gracias a la cual no seremos vulnerables a las emociones aflictivas.
[Estrofa 56] Puede que nos preguntemos por qué aquí se enseña que hemos de cultivar el orgullo [la autoestima y la confianza en uno mismo], cuando previamente se ha explicado que el orgullo es algo que debe abandonarse.
Los seres de los tres mundos dominados por el orgullo arrogante están bajo el poder de una emoción aflictiva (el enemigo). Carecen de la confianza en sí mismos que tienen los bodisatvas con respecto a su habilidad. Si tuviesen esa confianza en su habilidad, que es un antídoto, no estarían dominados por el enemigo: el orgullo arrogante, que es una emoción aflictiva. La gente que tiene orgullo en el sentido ordinario de la palabra han sucumbido al enemigo (el orgullo que es una emoción aflictiva).
[Estrofa 57] ¿Qué ocurre si se cae bajo el poder del orgullo arrogante?
Si el orgullo arrogante invade la mente, conduce a los estados inferiores y, en caso de que se renazca como un ser humano, destruye la felicidad y la dicha de ese estado. Para su subsistencia, esa persona vivirá de las limosnas que otros le den o será un esclavo o un sirviente que dependerá de los demás para su subsistencia.
[Estrofa 58] O será tan estúpido como los cerdos, que ignoran lo que se debe hacer y lo que se ha de evitar, o tan feo como un sapo de aspecto desagradable o será débil y lánguido. O, aunque no haya hecho ningún daño, será despreciado por todos como un perro viejo. Aquellos cuyas mentes están llenas de orgullo arrogante —como esos ascetas que no saborean el alimento del Darma sublime— son totalmente despreciables. Si contamos a estos individuos, que son incapaces de cultivar el auténtico orgullo de los bodisatvas, entre los seres firmes, que tienen confianza en su habilidad; entonces —pregunta Shantideva—, ¿a quiénes llamaremos viles?
[Estrofa 59] Los bodisatvas que mantienen una firme confianza en sí mismos —el antídoto para vencer al enemigo, el orgullo aflictivo del que hay que deshacerse— son los orgullosos dignos de elogio, los héroes vencedores del enemigo (el orgullo que es una emoción aflictiva). Los que tienen verdadera confianza en su habilidad derrotan por completo la fuerza desbordante que domina a los tres mundos: el pensamiento de yo (y con él, el orgullo arrogante). Y pueden, según sus deseos, ofrecer a todos los seres el fruto perfecto de la budeidad total (la victoria).
De este modo [Shantideva] elogia las cualidades de la confianza en uno mismo que es un antídoto [al orgullo aflictivo].
[Estrofa 60] Cuando nos encontremos en situaciones peligrosas en las que haya abundantes estímulos para las emociones negativas —como gente atractiva que provoque el deseo o gente malvada que induzca al enfado, etcétera—, hemos de cultivar con aun mayor intensidad los antídotos a esas emociones y hacerles frente de mil modos. El deseo, el enfado y las demás emociones aflictivas no han de poder dañar nuestra mente, del mismo modo que, por ejemplo, los zorros no pueden hacer daño a un león.
Se dice que los mejores practicantes han de integrar en el camino los objetos que hacen surgir sus emociones aflictivas; los practicantes intermedios deben aplicar los antídotos y mantenerse firmes, y los practicantes inferiores tienen que abandonar esos objetos y apartarse de ellos.
[Estrofa 61] Del mismo modo que, por muy peligrosas que sean las situaciones en las que se encuentre (como cuando está en riesgo su vida), la gente se protege con mucho cuidado los ojos, que le son tan preciados; a pesar de los peligros que afrontemos, no hemos de sucumbir al apego, el enfado y las demás emociones aflictivas.
[Estrofa 62] Sea cual sea el peligro que afrontemos, aunque nos quemen vivos o nos decapiten con una espada, nunca hemos de doblegarnos ni sucumbir al enemigo, las emociones aflictivas. Desde el principio, hemos de tomar la firme resolución y hacer la promesa sincera de que no permitiremos que las emociones aflictivas nos contaminen. En todo momento y en todas las circunstancias, hemos de hacer solo lo que sea adecuado y correcto, y abstenernos de lo que no lo sea.
3. LA FUERZA DE LA ALEGRÍA
[Estrofa 63] Los niños pequeños se divierten jugando, sin esperar de ello ninguna recompensa en esta vida ni en las futuras. Lo único que quieren, al jugar, es divertirse y nunca están saciados de sus juegos. Así es exactamente cómo los bodisatvas han de llevar a cabo todo lo que hacen para el beneficio de los demás —los actos de generosidad o de las demás paramitas—, sin esperar ninguna recompensa ni el resultado de la maduración kármica de sus actos. Han de dedicarse a las prácticas de los bodisatvas con gran alegría y cada vez con mayor intensidad, sin sentir nunca que ya han hecho suficiente.
[Estrofa 64] A fin de ser feliz, la gente corriente se esfuerza trabajando en la agricultura, el comercio, etcétera. Pero es dudoso que pueda conseguirlo. Pues, si no hace los actos virtuosos de los bodisatvas —tales como la práctica de la generosidad, la disciplina...—, cuyo fruto es la felicidad, y en vez de eso actúa negativamente, ¿cómo conseguirá ser feliz? No podrá serlo ni en esta vida ni en las siguientes.
[Estrofa 65] Disfrutar de los objetos deleitables de los cinco sentidos (las formas, etcétera) tiene poco beneficio y muchos peligros. De hecho, es como lamer la miel que está adherida al filo de una cuchilla muy afilada. Sin embargo, estamos apegados a estos placeres transitorios provenientes del encuentro de los objetos con las consciencias correspondientes. Los codiciamos y aunque los disfrutemos una vez tras otra, nunca nos sentimos satisfechos, igual que cuando se bebe agua salada.
Y si nunca nos sentimos saciados de los placeres, ¿cómo podemos estar saciados de las prácticas de los bodisatvas? Porque estas son como una ambrosía de inmenso beneficio y sin ningún peligro. Ellas nos permiten reunir sabiduría y mérito, y son la causa de que obtengamos el resultado temporal de la felicidad de un renacimiento humano o celestial en los reinos superiores y el resultado último de la budeidad: el estado de paz en el que todos los sufrimientos y las aflicciones han cesado. Nunca deberíamos cansarnos de ellas.
[Estrofa 66] Así pues, a fin de poder completar cualquier actividad de las prácticas de los bodisatvas —la generosidad, etcétera— que hagamos para el beneficio de los demás y el nuestro, hemos de emprenderla con una inmensa alegría, igual que, por ejemplo, un elefante atormentado por el calor y la sed en un caluroso mediodía de verano, en cuanto ve un lago, se zambulle en sus refrescantes aguas con gran alegría y sin dudarlo.
4. LA FUERZA DE DESISTIR
[Estrofa 67] Cuando nos encontremos agotados y sin fuerza, debido a alguna enfermedad o al cansancio, y no podamos completar la tarea que estemos haciendo, hemos de dejarla de momento a fin de poder retomarla más adelante. Y cuando hayamos concluido esa tarea que planeamos y emprendimos, no hemos de pensar que ya hemos hecho suficiente. Una vez esté terminada, la dejaremos deseando llevar a cabo otra todavía mejor y luego otras todavía más excelentes.
2/ CULTIVAR LAS DOS FORTALEZAS
1. LA FORTALEZA DE LA PRÁCTICA RESUELTA
[Estrofa 68] En la práctica resuelta del cuidado, hemos de actuar de modo similar a los combatientes veteranos que, al enfrentarse en el campo de batalla a las espadas de los enemigos, sortean las armas de sus adversarios y además los aniquilan. Hemos, pues, de esquivar las armas afiladas de las emociones aflictivas y pulverizar a estas enemigas para que no tengan posibilidad de hacernos daño.
[Estrofa 69] Con respecto a la práctica resuelta de la atención, hemos de actuar igual que un soldado que, cuando se le cae la espada durante la batalla, la recoge rápidamente por miedo a que lo maten. Así pues, si perdemos el arma de la atención y, por estar distraídos, olvidamos los antídotos, hemos de recuperar la atención lo antes posible y esforzarnos en aplicar los antídotos por miedo a caer bajo el poder de las emociones aflictivas y tener que ir a los infiernos.
[Estrofa 70] Cuando una flecha venenosa hiere a alguien, el veneno se esparce por todo el cuerpo por medio de la sangre y esa persona muere. De modo similar, cuando nos distraemos con los objetos de los sentidos y alguna pequeña emoción aflictiva encuentra la oportunidad de infiltrarse en la mente, valiéndose de ella otras emociones aflictivas mayores se esparcirán por la mente y destruirán la vida en los reinos afortunados.
[Estrofa 71] Hemos de comportarnos como un hombre que lleva una tinaja llena hasta el borde de aceite mientras le sigue un guardia armado con una espada que le amenaza de muerte si derrama una sola gota. Esa persona estará aterrada y andará con sumo cuidado. Así es como han de esforzarse los que han entrado por la puerta del Darma sublime y mantienen sus votos, por miedo a los infiernos y a los tres mundos del samsara. Con la ayuda de la atención, la introspección vigilante y el cuidado, han de controlar su cuerpo, su palabra y su mente, y no caer bajo el poder de las emociones aflictivas.
Aquí se dice que además se ha de considerar la historia sobre lo que hicieron el sublime Katyayana y sus discípulos cuando el temible rey Prabhachakra puso a prueba a los budistas y los no budistas para ver quiénes eran dignos de veneración.
[Estrofa 72] Incluso las faltas más pequeñas pueden dar lugar a grandes daños. Por lo tanto, del mismo modo que una mujer hermosa cuyo cabello estuviese en llamas correría a apagarlas o que un hombre asustadizo saltaría de inmediato aterrorizado si encontrase una serpiente venenosa en su regazo, si caemos en el sopor y la indolencia (por la noche, al alba o en algún otro momento), hemos de eliminarlos de inmediato levantándonos del asiento o de cualquier otro modo. Tenemos que prometer que eso es lo que haremos.
Por ejemplo, cuando el gran traductor Rinchen Sangpo hizo un retiro estricto de siete años, estableció tres límites (uno interno, otro externo y otro intermedio). Estos límites, que eran una promesa y también una invocación, decían: «Que las dakinis y los darmapalas me quiten el corazón y la vida si surge una sola emoción aflictiva en mi mente» (el externo), «que las dakinis y los darmapalas me quiten el corazón y la vida si tengo un solo pensamiento egoísta» (el intermedio) y «que las dakinis y los darmapalas me quiten el corazón y la vida si tengo un solo pensamiento dual» (el interno).
Se dice que es muy importante hacer promesas firmes con gran determinación.
[Estrofa 73] Si, a pesar de esforzarnos así, cometemos fallos, hemos de censurarnos de formas diversas cada vez que incurramos en ellos y pensar durante mucho tiempo que pase lo que pase evitaremos que ocurra de nuevo. Y así hemos de aplicarnos en enmendarlos.
[Estrofa 74] Hemos de preguntarnos en todo momento (a lo largo de los meses y los años) y en todas las circunstancias cómo podemos hacer que la atención (por la cual la mente no se olvida de estar centrada en lo que es virtuoso) sea en nosotros un hábito. Pensando únicamente en las causas que hacen eso posible y en los métodos para cultivarla, hemos de anhelar y procurar llevar a cabo las acciones apropiadas que ayuden a nutrir y desarrollar la atención y la introspección vigilante: conocer a maestros espirituales, hacer retiros, hacer peregrinaciones y otras prácticas convenientes.
Según Sherab Yungne [225], la fortaleza de la práctica resuelta [tratada aquí arriba] significa la aplicación sincera de las instrucciones recibidas del maestro.
[Estrofa 75] En cualquier caso, antes de empezar cualquier acción virtuosa y a fin de ser capaz de completarla, hemos de reflexionar sobre las prácticas que hemos de poner en aplicación y recordar las enseñanzas explicadas previamente sobre el cuidado. Y sintiéndonos animados, hemos de aplicarnos con presteza y alegría a esa tarea. ¿Por qué?
[Estrofa 76] Igual que el viento mueve una tela de algodón y le hace ir y venir, la alegría de hacer el bien ha de ser lo que nos dirija el cuerpo, la palabra y la mente. De este modo, todo acto virtuoso que emprendamos y al que nos consagremos con entusiasmo lograremos concluirlo perfectamente.
Aquí concluye el séptimo capítulo del Bodicharyavatara, acerca de las instrucciones sobre la diligencia.
