Capítulo VIII: La concentración meditativa
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Capítulo VIII: La concentración meditativa

MEDIANTE LA CUAL LA BODICHITA RELATIVA SE INTENSIFICA
1. EXPLICACIÓN CONCISA DE CÓMO ESTE CAPÍTULO ESTÁ RELACIONADO CON LOS PRECEDENTES
[Estrofa 1] En El compendio de los preceptos se dice:
Cultivad la paciencia, buscad las enseñanzas
y luego instalaos en el bosque.
Esforzaos en permanecer en la estabilidad meditativa
y reflexionad sobre lo repulsivo y demás.
Tal como se explica en la estrofa 74 del capítulo precedente, primero es necesario seguir a un maestro espiritual, luego escuchar sus instrucciones esenciales y reflexionar y meditar sobre su significado.
En El ornamento de los sutras, Maitreya, el representante del Buda, dice que si no fuera necesario oír y estudiar las enseñanzas, el Tripitaka y todas las enseñanzas del Buda serían inútiles. Y si no fuera necesario meditar en el significado de las enseñanzas que se han recibido, la meditación de todos los seres sublimes del pasado también habría sido inútil. Sin embargo, ese no es el caso.
Así pues, primero hemos de esforzarnos en saber, por medio de escuchar las enseñanzas, sobre qué hemos de meditar o qué es lo que tenemos que practicar, y luego hemos de dedicarnos a meditar sobre ello.
Por tanto, tal como se ha explicado antes, hemos de cultivar la diligencia, comiendo con moderación y reduciendo las horas de sueño. Y luego hemos de concentrarnos establemente en el objeto de la meditación, focalizando la mente por completo en eso y sin permitir que nada nos distraiga.
¿Qué ocurre si la mente no está en ese estado? Una persona cuya mente está totalmente distraída con los objetos de los seis sentidos es como un bocado de comida entre los colmillos de los demonios del deseo, el odio y las demás emociones aflictivas. Es seguro que así echará a perder sus cualidades espirituales, destruirá el principio vital de la liberación y solo conseguirá sufrir.
2. EXPLICACIÓN DETALLADA SOBRE LAS CONDICIONES CONDUCENTES A LA CONCENTRACIÓN MEDITATIVA
1) EXPLICACIÓN CONCISA
[Estrofa 2] ¿Cómo podemos deshacernos de las distracciones? Hemos de dejar de estar en compañía de muchas personas y apartarnos del bullicio de los asuntos mundanos. Deshaciéndonos del anhelo por las cosas que deseamos, hemos de separarnos de los pensamientos sobre el pasado, el presente o el futuro. De ese modo ya no tendremos ninguna distracción externa ni interna.
Si queremos liberarnos de las emociones aflictivas, hemos de deshacernos de las distracciones. Para ello, tenemos que recurrir a dos soledades, la del cuerpo y la de la mente. Para la primera, hemos de librarnos de cualquier apego a los asuntos y las actividades sin sentido de la vida mundana; para la segunda, debemos abandonar por completo los pensamientos discursivos sobre los objetos de los sentidos y cultivar la concentración.
Y dado que la compañía de aun tan solo una persona puede impedir que nos concentremos, si queremos realmente cultivar la concentración, es necesario que estemos solos, sin ninguna compañía, en un lugar solitario.
Estrofa 17] Puede que pensemos: «Soy rico: tengo dinero, caballos y posesiones. Además mucha gente me respeta y me venera, y tengo muchos discípulos y benefactores que me aprecian».
Pero si durante esta vida mantenemos esa clase de orgullo y vanagloria, y nos dedicamos a acumular todo lo que podemos conseguir: las ofrendas de los creyentes, los donativos para hacer ceremonias para los difuntos, etcétera, después de la muerte, en vidas posteriores, tendremos que experimentar los diversos miedos y sufrimientos de los reinos inferiores. Deberíamos reflexionar sobre la historia del lama de Tsang llamado Caballo Negro [230] y ser cuidadosos.
En lo que respecta a los bienes de la comunidad monástica, Buda dijo que, por regla general, los seres sublimes que están en el camino de más allá del aprendizaje pueden usarlos como algo que les pertenece; los seres que están aún en los caminos del aprendizaje, como algo que les han dado; los seres corrientes dotados de las cualidades del conocimiento y la liberación [de las emociones negativas] [231], como si hubieran recibido permiso para ello. Cuando los que no tienen sabiduría y caen en la pereza (pero que sin embargo observan la disciplina monástica) los usan, es como si estuviesen contrayendo una deuda kármica. Finalmente, si aquellos que han degenerado su disciplina usan los bienes de la comunidad monástica, es como si se tragaran un trozo de metal incandescente.
[Estrofa 18] Así pues, esta mente confusa y encadenada por el aferramiento al yo (que le hace pensar en términos de yo y tú) se distrae con los objetos de los sentidos y se apega a esto y lo otro. Cuanto mayor es la codicia de la mente —especialmente por las cosas que despiertan más el apego, como la carne, las bebidas alcohólicas, las mujeres, el tabaco, las ofrendas de los creyentes, los donativos para el bien de los difuntos...—, más negativa es la falta. Si en esta vida se beben cien tazas de té o de cerveza pertenecientes a la comunidad monástica, en la próxima vida cada una de esas tazas se multiplicará por mil y se experimentará como sufrimiento (por cada taza que se haya bebido, se tendrá que tragar mil tazas de bronce fundido). En las vidas futuras, igual que si se tuviese que pagar una antigua deuda, se tendrá que experimentar el sufrimiento que se manifestará como resultado de la maduración de nuestros actos. Y por muy pequeña que sea una causa, podrá dar lugar a un resultado muy grande. Así es el inconcebible proceso de maduración kármica de las causas en sus resultados.
[Estrofa 19] Por eso, una persona sabia, que sabe lo que debe hacerse y evitarse, no se apega ni a las ganancias ni al estatus. Porque el apego da lugar al miedo y al sufrimiento en esta vida y las futuras. Y, además, todo lo que puede desearse —la riqueza, el honor...— es, sin duda alguna, perecedero por naturaleza. Esto es algo que hemos de comprender y sobre lo que hemos de adquirir una firme certeza: nada es permanente ni estable.
[Estrofa 20] Porque, de hecho, aunque ahora ganemos inmensas riquezas, disfrutemos de buena reputación en todas partes y seamos célebres y todos nos elogien, ¿quién sabe dónde terminaremos, antes o después, con toda esa riqueza y toda esa fama? No hay ninguna certidumbre sobre ello.
[Estrofa 21] ¿Por qué nos alegramos cuando algunos nos elogian, si también hay otros que nos critican porque no nos aprecian? Sus críticas contrarrestan esos elogios. Y a la inversa, ¿por qué nos sentimos abatidos cuando otros nos critican, si también hay otros que nos elogian porque nos aprecian? Esos elogios contrarrestan asimismo las críticas.
[Estrofa 22] Quizá podría pensarse que deberíamos complacer a todos y hacerlos felices, y así nadie nos criticaría y todos nos alabarían.
Pero los seres han acumulado karmas diversos y como consecuencia tienen una gran diversidad de aspiraciones e intereses. Ni siquiera el Buda perfecto, que carecía de cualquier defecto y estaba dotado de todas las cualidades, pudo complacer a todos los seres. No pudo satisfacer, por ejemplo, a Bharadhaya ni a Gochali, la hija del brahmán, ni a los seis maestros no budistas ni tampoco a Devadatta ni a Sunakshastra. Así pues, no hace falta decir que criaturas censurables como nosotros tampoco podremos complacerlos a todos. Por lo tanto, tenemos que abandonar la idea de vivir en conformidad con el mundo: hemos de dejar de aferrarnos a las ocho preocupaciones mundanas y prescindir de la compañía de los seres pueriles. Debemos desechar la compañía humana y permanecer en soledad.
[Estrofa 23] Los pobres y débiles, que no tienen nada, suelen ser despreciados. La gente considera que son unos desdichados desprovistos de mérito, incapaces de ganarse la vida ni siquiera como sirvientes. Sería lógico que esa misma gente alabara a los ricos. Pero no solo no lo hace, sino que dice cosas desagradables de los que tienen abundantes bienes y servidores, y son afortunados. Los ridiculiza preguntando con sarcasmo si van a poder llevarse sus posesiones a la próxima vida o si estas les servirán para sobornar al Señor de la Muerte o qué harán con todo lo que tienen. Lo lógico, entonces, sería que alabara a los que carecen de todo. Pero no lo hace, sino que los critica. ¿Qué alegría puede procurarnos la compañía de esos seres [pueriles], que son tan retorcidos y difíciles de complacer?
[Estrofa 24] ¿Cuáles son las razones para evitar la compañía de los seres pueriles? Solo se preocupan de beneficiarse a sí mismos. No están dispuestos a ofrecer ni siquiera algo de comer o de beber a los demás si eso no les beneficia en esta vida o las siguientes. Por eso hemos de evitar la amistad de los seres pueriles. Eso es algo que han dicho los tathagatas. En el texto Aplicarse en el campo de todos los tathagatas se dice:
Estar entre bestias salvajes
no es placentero,
estar entre seres pueriles
tampoco lo es.
Y en El sutra del rey de las concentraciones:
Por mucho que os desviváis en ser afables con los seres pueriles,
no serán vuestros amigos, sino que sentirán rencor hacia vosotros.
Al conocer la naturaleza de los seres pueriles,
el sabio no busca su compañía.
Hay otras muchas citas semejantes.
4/ HABIENDO ABANDONADO TODOS LOS APEGOS, CÓMO APROVECHAR LAS EXCELENCIAS DE LA SOLEDAD
[Estrofa 25] [Los practicantes] hemos de aspirar a vivir lejos de los seres humanos, en la agradable soledad de las montañas o los bosques, donde muchos seres eruditos y que han logrado la realización han vivido retirados. Allí estaremos acompañados de toda clase de pájaros y otros animales, y de árboles, que no halagan ni critican ni desprecian ni dicen nada desagradable. Por mucho que permanezcamos en su compañía, no necesitaremos preocuparnos de si se habrán disgustado esos excelentes y agradables compañeros, con los que es tan fácil vivir. Hemos de preguntarnos [al igual que Shantideva] cuándo podremos ir a vivir allí con ellos.
[Estrofa 26] ¿Cuándo podremos vivir así en un lugar desierto y deleitable —en una cueva, una ermita vacía que no pertenezca a nadie o debajo de un árbol agradable—, sin mirar hacia atrás ni preguntarnos cómo sobreviviremos, sin hacer proyectos para más de un día (en el mejor de los casos) o, si no, de un mes o, por lo menos, de un año, y estando libres de cualquier apego a las posesiones, el lugar de residencia o el cuerpo?
[Estrofa 27] ¿Cuándo podremos vivir solos en lugares retirados, naturalmente deleitables, amplios y de grandes dimensiones, donde no haya conflictos porque no pertenezcan a nadie y podamos disfrutar libremente, quedándonos o marchándonos según deseemos porque no dependamos de nadie, y en los que no nos consideremos propietarios de nada ni nos apeguemos a nada?
[Estrofa 28] ¿Cuándo podremos vivir solos, sin compañeros, simplemente con un bol de arcilla y algunos otros objetos de uso corriente desprovistos de valor, vestidos con harapos de algodón y ropas desechadas por todos, que ni los enemigos ni los ladrones precisen, y sin tener que escondernos nosotros ni esconder nuestras pertenencias por miedo de que estos nos vean o nos hagan daño?
[Estrofa 29] Y especialmente con respecto a nuestro estado mental, aunque no vivamos en un cementerio, hemos de preguntarnos cuándo podremos visitar alguno para, estando allí, ser capaces de darnos cuenta de que nuestro cuerpo, todavía vivo, y los cadáveres que allí se encuentran —sean recientes, estén en proceso de descomposición o sean ya meros esqueletos— son iguales ya que todos ellos, sin duda alguna, finalmente desaparecerán. Hemos de reflexionar así sobre la transitoriedad y la naturaleza impura de nuestro cuerpo, y desarrollar la determinación de liberarnos del samsara.
Cuando contemplemos los cadáveres, azulados y putrefactos, hemos de pensar que, en el pasado, pertenecieron a alguien que los apreciaba y que, igual que nosotros ahora, tampoco podía soportar que tuvieran calor, frío y enfermedades; y considerar que esos cadáveres son iguales que nuestro cuerpo. Debemos recordar que nuestro cuerpo, por muy vivo que lo veamos ahora, por mucho que lo estimemos y por muy sensible que sea el calor, al frío y demás, tiene la misma naturaleza que esos cadáveres que vemos, y que en el futuro no será diferente de ellos. Así hemos de meditar en la igualdad de nuestro cuerpo y esos cadáveres.
[Estrofa 30] Es necesario que reflexionemos y meditemos en que este cuerpo, que ahora nos parece que está tan vivo, finalmente morirá y se pudrirá. Desprenderá tal hedor que ni los chacales ni los lobos ni otros animales carnívoros, que devoran la carne sin reparar en si está limpia o sucia, se le acercarán y, por supuesto, tampoco nadie más. Eso es lo que dentro de poco le ocurrirá a nuestro cuerpo.
[Estrofa 31] Esta carne y estos huesos, que cuando nacimos salieron conjuntamente del vientre de nuestra madre como un solo cuerpo, acabarán separándose cuando muramos y se desintegrarán.
Siendo eso así, no hace falta decir que los amigos, los allegados, los compañeros, los familiares, etcétera, también se separarán los unos de los otros. Debemos recordar que todo lo que está unido acabará separándose.
[Estrofa 32] Cuando nacemos, nacemos solos y cuando morimos, morimos solos. La raíz de todos los sufrimientos de los tres mundos del samsara es el nacimiento y la muerte. Nadie puede compartir el sufrimiento que sentimos cuando nacemos y cuando morimos. Ni nuestros allegados ni nuestros amigos pueden tomar sobre ellos nuestro sufrimiento. Tenemos que experimentarlo nosotros solos.
¿Para qué necesitamos, entonces, amigos y allegados, que crean obstáculos para observar la disciplina, escuchar las enseñanzas y estudiar, practicar en retiro las fases de aproximación y consecución y demás prácticas virtuosas? No son indispensables.
[Estrofa 33] Como los viajeros de un viaje largo que periódicamente hacen un alto en el camino y se alojan en algún albergue, y luego lo dejan para proseguir su viaje y parar en el siguiente; los seres que recorren el camino de la existencia en los tres mundos del samsara, sin saber de dónde vienen ni adónde irán, hacen un alto y se alojan en sus nacimientos. Ahora hemos nacido como seres humanos y estamos apegados a este estado y no queremos dejarlo para ir a otro. Pero nos guste o no, el Señor de la Muerte aparecerá de repente para llevarnos a la próxima vida y no podremos oponernos.
[Estrofa 34] En esos momentos, como se dice en El sutra de los consejos al rey, los seres mundanos —los familiares, los amigos, etcétera—, desbordados de dolor, se estirarán el pelo y gritarán: «¡Papá! ¡Mamá!», con los ojos llenos de lágrimas. Y en medio de esas lamentaciones, cuatro hombres llevarán en parihuelas el cadáver de la casa al cementerio.
[Al igual que Shantideva, hemos de decidir que,] hasta que llegue ese momento, nos iremos a vivir en los bosques solitarios, lejos de la compañía de los humanos y dedicaremos todo nuestro esfuerzo a la práctica virtuosa, que es lo único que nos ayudará en el momento de la muerte.
[Estrofa 35] Allí, sin amigos ni allegados a quienes apegarnos, ni enemigos con quienes pelearnos, permaneceremos en la soledad de nuestro retiro. Puesto que nuestros allegados nos considerarán de antemano como muertos, dejarán de albergar cualquier esperanza. Así, el día en que muramos nadie estará afligido ni se lamentará.
[Estrofa 36] Además, en esos lugares solitarios, no habrá ningún amigo del Darma ni nadie más con nosotros que se sienta afligido y se lamente cuando muramos, por lo que nadie nos molestará ni nos entristecerá con su dolor. En esa soledad, nadie nos distraerá de pensar en el Buda y en sus enseñanzas, ni nos distraerá de la práctica que efectuemos en el momento de la muerte. De ese modo, moriremos apaciblemente en un estado mental virtuoso. Como dice un sutra:
Cuando se mantiene adecuadamente una conducta pura
y uno se habitúa a obrar correctamente,
en el momento de la muerte, no se sufre,
pues es como escaparse de una casa en llamas.
[Estrofa 37] La soledad tiene muchas ventajas. En los bosques deleitables y espléndidos no hay necesidad de mantener una casa, adular a la gente importante, proteger a los humildes, etcétera. Se tienen pocas preocupaciones. El cuerpo está relajado y la mente, feliz. Por las bendiciones de permanecer en soledad, las distracciones del cuerpo, la palabra y la mente cesan por sí mismas. Es en esa soledad donde siempre hemos de permanecer.
[Estrofa 38] Abandonando todas las demás aspiraciones —todos los pensamientos no virtuosos e incluso los neutrales, que se centran solo en esta vida y tratan de conseguir riquezas, acumular posesiones, vencer a los enemigos y proteger a los amigos—, hemos de mantener un único propósito: observar la mente y controlarla. Para ello, perseveraremos totalmente centrados en la meditación profunda de la unión inseparable de la calma mental y la visión penetrante: la calma mental establecerá la mente en un estado de equilibrio meditativo y la visión penetrante la subyugará.
2.- LIBRARSE DE LOS PENSAMIENTOS DISCURSIVOS
1/ EXPLICACIÓN CONCISA
En general, hay muchas enseñanzas para deshacerse de los pensamientos discursivos. De hecho, todo el Bodicharyavatara está dedicado a ello. De un modo más específico, el capítulo sobre la paciencia expone el antídoto al enfado y el capítulo sobre la sabiduría, el antídoto a la ignorancia. En este capítulo sobre la concentración meditativa se explica el antídoto al deseo y el apego.
[Estrofa 39] En este mundo y en los demás (es decir, en esta vida y en las futuras), el intenso deseo de mujeres [u hombres [232]], riquezas, etcétera, engendra todo tipos de sufrimientos y desgracias. Para conseguir lo que se desea —una mujer, bienes materiales, etcétera—, puede que uno, en esta vida, sea asesinado, aprisionado, encadenado, mutilado o torturado de muchas otras formas y, en las vidas futuras, tenga que experimentar los ilimitados e insoportables sufrimientos de los infiernos, los espíritus hambrientos y los animales. Como dice el proverbio:
Aunque el acto sea placentero,
su resultado nos hará llorar.
2/ EXPLICACIÓN DETALLADA
1. LIBERARSE DEL APEGO A LAS MUJERES
1) LAS DIFICULTADES DE CONSEGUIR LO QUE SE DESEA
[Estrofa 40] Para encontrarse con una mujer, un hombre tiene que enviar primero, en numerosas ocasiones, un mensajero o una mensajera con una invitación. A fin de conseguir su objetivo, no evita cometer actos negativos —puede incluso llegar a matar a sus padres, quebrantar los votos y los samayas...—, que le perjudicarán en esta vida y las siguientes. En esta vida, por quebrantar los votos, por ejemplo, sentirá vergüenza de sí mismo ante los demás y todos los humanos y los no humanos lo criticarán y difamarán, y su mala reputación se extenderá en todas las direcciones.
[Estrofa 41] Sin embargo, está dispuesto a soportar de buena gana el hambre y la sed e ignorar todas las dificultades, y asume alegremente tremendos riesgos en los que arriesga su propia vida y que le pueden hacer sufrir en esta vida y las siguientes, pues puede que muera y luego se abrase en el fuego del infierno.
No hace falta decir que no usará sus bienes —la comida, la ropa, las joyas y demás pertenencias— ni las donaciones de los creyentes ni las recibidas por ceremonias por el bien de los difuntos para hacer ofrendas a las Tres Joyas ni otros propósitos religiosos, como hacer pinturas u otras representaciones del cuerpo, la palabra y la mente de los seres iluminados…
Tampoco usará todos esos bienes que ha reunido con tanta avaricia para alimentarse o vestirse adecuadamente. Ni, por supuesto, tampoco los usará para practicar la caridad con los desfavorecidos. Todo lo despilfarrará para alimentar, vestir, adornar y obsequiar a esa mujer. Y cuando consigue disfrutar del abrazo sexual con esa mujer por la que siente apego, experimenta una gran alegría y considera que ha colmado sus deseos.
[Estrofa 42] Pero, mirándolo bien, abraza un esqueleto: un conjunto de trescientos sesenta huesos ensamblados. No es nada deseable o deleitable. ¿Qué es lo que es tan agradable? [El «cuerpo»] es meramente un nombre que designa la reunión de diversos elementos, no tiene una existencia independiente. No existe de ese modo ni hay, por tanto, un yo en ese individuo que exista realmente.
Esas palabras [del segundo verso] también se pueden interpretar como que «puesto que el cuerpo de esa mujer no es nuestro, no tenemos control sobre él. Puesto que es de otro, no es nuestro».
¿Cómo es posible que uno sienta tanto deseo por eso y lo anhele con tal avidez? ¿Por qué, en vez de eso, no tratamos de alcanzar el estado que está más allá del sufrimiento?
Ese consejo nos pone ante una elección. Si queremos alcanzar el estado que está más allá del sufrimiento, hemos de abandonar el deseo de mujeres, porque, si no lo abandonamos, ese deseo creará obstáculos a los tres adiestramientos del camino y no se podrá lograr el nirvana. Observando perfectamente la disciplina, que es el fundamento de todas las cualidades, hemos de deshacernos de todos los apegos externos e internos. De lo contrario, no lograremos la concentración, es decir, la calma mental del shamatha. Y sin la calma mental del shamatha, tampoco lograremos la visión penetrante del vipashyana. Es más, sin la absorción meditativa que une la calma mental y la visión penetrante, no es posible deshacerse por completo de las emociones aflictivas que están presentes incluso en la Cima de la Existencia [233], y no se puede ir más allá del sufrimiento.
2) REFLEXIÓN SOBRE LA NATURALEZA IMPURA DEL CUERPO HUMANO
[Estrofa 43] Cuando desea ver por primera vez el rostro de su esposa, tiene que esforzarse en levantárselo mientras ella baja vergonzosamente la mirada. Antes de casarse, ese rostro, fuese visto o no, iba siempre cubierto con un velo según la tradición del país de Mathura.
[Estrofa 44] Ahora Shantideva imagina que esa misma cara, que el amante tanto deseaba ver y que tanto le atormentaba, está ahora en el cementerio y puede verse claramente sin ningún velo que la cubra, ya que los buitres se lo han quitado. ¿Por qué, ahora que la ha visto, el amante huye aterrorizado?
[Estrofa 45] Cuando otros hombres miraban a esa mujer, ese celoso amante la protegía posesivamente. ¿Por qué cuando los buitres y otras aves devoran su cuerpo, no se siente también celoso y lo protege? Debería hacerlo.
Y si no lo protegerá cuando esté en el cementerio, tampoco debería protegerlo ahora con tanta codicia.
[Estrofa 46] Esa masa de carne humana, que ese hombre desbordado de deseo equivocadamente considera como un objeto de apego puro y agradable, los buitres, los chacales y otras bestias carroñeras la perciben como comida y se nutren de ella. ¿Por qué se ofrecen guirnaldas de flores, perfume de sándalo, preciosos brazaletes y otras joyas a eso que no es más que el alimento de otros seres? No tiene sentido.
[Estrofa 47] Si, en el cementerio, ver el cráneo y los demás huesos, que no se mueven ni van de acá para allá, le da tanto miedo a ese amante, ¿por qué no está asustado de ese mismo montón de huesos ahora que se mueven de acá para allá como si fuera un cadáver animado por la presencia fantasmal de la respiración y las emociones aflictivas de la mente? Sería más lógico que, en vez de sentir apego, sintiera pánico.
[Estrofa 48] Si deseaba el cuerpo de esa mujer cuando estaba cubierto de vestidos y adornos, ¿por qué cuando lo dejan en el cementerio y nada lo cubre, no lo desea? Sería lógico que también lo deseara.
Si respondiera que no quiere ese cuerpo desnudo porque es impuro, ¿por qué, entonces, lo abrazaba cuando estaba enjoyado y vestido? No tiene sentido, porque tan impuro era antes como ahora.
[Estrofa 49] Podría decir que disfruta con la saliva de ella.
Pero la saliva y los excrementos tienen el mismo origen. Ambos se producen de la comida. ¿Por qué ese amante, ignorante y lascivo, no disfruta de sus excrementos, pues estos le repugnan, pero disfruta de su saliva y la saborea como si fuera néctar?
[Estrofa 50] Quizá diga que le gusta la suavidad que nota al tocarla.
En ese caso, el algodón es también muy suave al tacto y, sin embargo, ese amante no siente deseo por los delicados cojines de algodón ni disfruta de ellos, pues considera que el algodón procede de algo sucio.
Sin embargo, el amante lascivo, confundido, no percibe la suciedad del cuerpo de su amada como tal y dice que no emite mal olor. Y, así, lo considera como algo puro.
[Estrofa 51] Los seres llenos de deseo están confundidos. Pensando en el cuerpo de las mujeres, que son impuros por naturaleza, se enojan con la almohada de algodón, aunque sea suave al tacto, porque dicen que con esta no pueden copular. Sencillamente no están apegados a la suavidad del tacto, sino a lo que es impuro.
[Estrofa 52] Si ese amante dice que no le atrae la suciedad, ¿por qué abraza ese cuerpo humano que no es más que un entramado de huesos ligado por los tendones y recubierto con la argamasa de la carne? Es absurdo.
[Estrofa 53] Su propio cuerpo está lleno de inmundicias. Contiene treinta y seis sustancias inmundas: saliva, mucosidades, excrementos, orina, etcétera, con las que está constantemente en contacto. Pero no solo eso, además siente deseo de otros sacos de sustancias inmundas —otros cuerpos—, que contienen esas mismas treinta y seis sustancias impuras. ¿Por qué siente deseo de eso? No tiene sentido.
[Estrofa 54] Quizá diga que no le gusta el algodón y demás, sino que lo que le gusta es la carne del cuerpo y que eso es lo que quiere ver y tocar. En ese caso, ¿por qué no desea ver y tocar esa misma carne cuando es un cadáver desprovisto de mente y abandonado en el cementerio?
[Estrofa 55] Quizá diga que si ya no desea ese cuerpo es precisamente porque está desprovisto de mente; pues lo que le gusta, en realidad, es su mente.
Pero no es posible ver ni tocar esa mente que le gusta. Ese cuerpo que ve y toca no es la mente que dice que le deleita. ¿Por qué, entonces, copula con ese cuerpo, que ve y toca, pero que no es la mente [que supuestamente desea]? Eso solo puede ser debido a una gran confusión.
[Estrofa 56] Puede que no sea extraño no darse cuenta de que los cuerpos de los demás —como el de esa mujer en este caso—, que de momento están cubiertos, están, por naturaleza, compuestos de numerosas sustancias impuras. Pero no darse cuenta de la naturaleza impura del propio cuerpo, que puede verse claramente, es realmente extraño. Es algo necio y también ridículo.
[Estrofa 57] Quizá argumente que lo que le atrae es el color de su piel. Pero en ese caso, ¿por qué su mente, atraída por lo impuro, no siente apego por el color y la belleza del loto fresco que se abre con la luz del sol, de un cielo despejado, pero, sin embargo, encuentra deleitable ese cuerpo, que es un saco lleno de inmundicias? Eso es completamente ilógico.
[Estrofa 58] El cuerpo de la amada es causa de sustancias inmundas y proviene, a su vez, de sustancias inmundas. Es, por naturaleza, tanto causa como resultado de ellas. Veámoslo paso a paso.
En primer lugar, el cuerpo es causa de inmundicias. Cuando una tela o la superficie de algo está manchada de inmundicias —como heces, orina, etcétera—, uno no quiere tocarla. Pero el cuerpo de la amada es causa de inmundicias. ¿Por qué el amante desea tocarlo si de él salen esas inmundicias?
[Estrofa 59] El cuerpo de la amada es asimismo el resultado de sustancias inmundas. Puede que el amante piense que no le atraen ni desea tocar las heces, la orina y otras sustancias inmundas. Pero el cuerpo humano procede de un lugar inmundo —el útero materno— y se ha desarrollado a partir de sustancias inmundas —el óvulo materno y el esperma paterno—, ¿por qué abraza, entonces, el cuerpo de la amada, que es resultado de sustancias inmundas?
[Estrofa 60] El cuerpo humano es, por naturaleza, tanto causa como resultado de las inmundicias.
Si ese amante no siente ningún deseo por los sucios gusanos diminutos que aparecen en los excrementos y otras inmundicias, ¿por qué siente deseo de un cuerpo humano, que proviene de sustancias inmundas y el mismo está repleto de numerosas sustancias inmundas: carne, sangre, heces, orina, etcétera?
[Estrofa 61] Ese apego es un desatino. No solo no siente ninguna repugnancia de su propio cuerpo, que es un verdadero saco de inmundicias, sino que, además, siente apego por la suciedad y está ávido de otros cuerpos, que son asimismo sacos de inmundicias. Eso es algo sumamente despreciable.
[Estrofa 62] Una cosa que ensucia a otra que está limpia es, por eso mismo, algo sucio. Si nos metemos en la boca materiales limpios y agradables como el alcanfor, el azafrán, el azúcar, la melaza, el exquisito arroz cocido, las deliciosas hierbas aromáticas y las verduras frescas, y luego los escupimos en un suelo limpio, este se ensucia. ¿Qué se puede decir del cuerpo humano que transforma en inmundicias o excrementos estos materiales limpios?
[Estrofa 63] Si todavía tenemos dudas sobre la suciedad del cuerpo, tanto sobre su aspecto de ser producto de la suciedad como el de ser causa de ella —aunque sea algo evidente y comprobable—, debemos ir a los cementerios y observar los cadáveres que están allí abandonados, putrefactos, devorados por los gusanos, hediondos y nauseabundos.
[Estrofa 64] Si quitásemos la piel a los cadáveres abandonados en los cementerios, cuando viésemos la sangre, los intestinos, los excrementos y otras sustancias fétidas y nauseabundas, sentiríamos un profundo horror. Sabiendo eso, ¿cómo es que esos cuerpos [cuando están vivos] no nos producen ningún desasosiego? ¿Cómo es que, por el contrario, nos gustan y los deseamos de modo insaciable?
[Estrofa 65] Quizá el amante diga que le atrae la dulce fragancia de su cuerpo.
Pero esa fragancia tan agradable proviene de la sustancia con la que se ha untado el cuerpo. Es el perfume del sándalo, el musgo, etcétera; no es el olor del cuerpo. ¿Cómo es posible que se desee un cuerpo debido al perfume de algo distinto?
[Estrofa 66] Si lo que le atrae es la fragancia, ¿no sería preferible no desear ese cuerpo, que por naturaleza despide malos olores? Pero el deseo de los seres mundanos no tiene sentido. ¿Por qué aplican deliciosas fragancias, como la del sándalo, a un cuerpo inmundo?
[Estrofa 67] Entonces, si esa agradable fragancia proviene del sándalo u otra sustancia con la que se perfuma el cuerpo, ¿cuál es el olor que emana ese cuerpo, que es fétido e inmundo? Si no produce ninguna fragancia agradable, ¿cómo es posible que se desee un cuerpo fétido e inmundo debido al olor de algo distinto, como el sándalo?
[Estrofa 68] Sin lavarlo ni prodigarle ningún cuidado, ese cuerpo —desnudo, con el pelo largo y descuidado, las uñas demasiado crecidas, los dientes sucios, con sarro y la fetidez producida por los restos de comida en descomposición, y todo él despidiendo mal olor— no resulta nada atractivo, sino que da tanto miedo como un fantasma o un demonio.
[Estrofa 69] ¿Por qué nos esforzarnos tanto en limpiar, perfumar y acicalar este cuerpo (objeto de nuestro apego)? Eso es igual que limpiar el arma —una espada o cualquier otra— que nos hará daño. Aferrándonos con apego al cuerpo, debido a la ignorancia —que nos hace identificar como yo y mío algo que carece de yo y considerar como puro algo que es impuro—, nos dedicamos a lavarlo, perfumarlo y acicalarlo.
Beber las aguas intoxicantes del deseo perturba la mente. Toda la superficie de la tierra está cubierta de seres perturbados. ¡Es sumamente lastimoso! Se dice que cuando ven que el mundo está lleno de esos seres —sean poderosos, humildes, fuertes, débiles o ni lo uno ni lo otro— que, comportándose como si estuvieran totalmente enloquecidos, se dedican exclusivamente a su propio interés, aferrándose con apego a sus allegados, peleando con los adversarios, tratando de conseguir riquezas y honores..., los bodisatvas se sienten profundamente tristes y derraman lágrimas de compasión. Como, por ejemplo, el caso de la mujer a la que el bodisatva Keshawa auxilió mediante su habilidad. Ella, enloquecida de dolor por la muerte de su marido, debido al gran apego que sentían el uno por el otro, cargaba con su cadáver y lo adornaba de flores hasta hacerlo parecer un muerto viviente.
[Estrofa 70] Si, en los cementerios, donde solo se ven huesos esparcidos y esqueletos de cadáveres, nos sentimos a disgusto y abatidos, y no queremos mirar ni estar ahí; ¿por qué disfrutamos en las poblaciones, que son como aterradores cementerios llenos de esqueletos que se mueven animados por la mente y la respiración?
3) REFLEXIÓN SOBRE LOS CUANTIOSOS DAÑOS PRODUCIDOS POR EL APEGO
[Estrofa 71] Esa mujer, aunque sea algo sucio por naturaleza, no se consigue sin pagar un precio. En el caso más caro, se ha de pagar con oro y plata; en una situación intermedia, con caballos y ganado; y como mínimo, con cualquier cosa que uno tenga. Para poder pagar ese precio y el banquete, la ropa, las joyas, la comida y todo lo demás, uno se agota y sufre en esta vida, y además comete actos negativos, que harán que en las vidas futuras sufra en los infiernos los tormentos de ser cocido, quemado...
[Estrofa 72] Cuando son niños pequeños, no pueden reunir riquezas y, por lo tanto, no pueden disfrutar los placeres que provienen de disponer de bienes materiales. Cuando llegan a la edad adulta, ¿cómo van a disfrutar de tener una mujer? Tienen que dedicar todo su tiempo a reunir bienes y riqueza —trabajando la tierra o viajando a todas partes para comerciar— y a proteger todo lo que han ganado. Y cuando finalmente son ancianos, ¿qué placeres sensuales pueden disfrutar? Ya no tienen tiempo ni capacidad para ello.
[Estrofa 73] Hay algunos desdichados que, por apego a los objetos de los sentidos, pasan todo el día trabajando. Desde muy temprano por la mañana, aran los campos, cortan las hierbas, esquilan... Y es ya de noche cuando llegan a casa exhaustos. Duermen como cadáveres durante toda la noche y tan pronto se despiertan, vuelven al trabajo. Su vida es un continuo sufrimiento.
[Estrofa 74] Otros tienen que emprender largos viajes porque se dedican al comercio o son bandidos, y se agotan con los problemas y dificultades que tienen que afrontar. Estar a tanta distancia de sus hogares les aflige física y mentalmente (están enfermos, sienten nostalgia...). Aunque quieran estar con su esposa, sus hijos, sus amigos..., no pueden verlos ni estar con ellos durante todo un año o incluso durante varios años. No es necesario decir que ellos no pueden satisfacer sus deseos.
[Estrofa 75] Algunos padres que desean ayudar a sus hijas las dan a otros porque ignoran otros medios para beneficiarlas. Quieren que sus hijas sean felices y estén contentas, pero estas no logran ni lo uno ni lo otro. Se ven obligadas a hacer las diversas tareas de esa familia con la que viven y a la que no pertenecen, sin tener tiempo para descansar de día ni dormir de noche. Empujadas por el viento de su karma negativo, sus diversos actos negativos y comentarios maliciosos les hacen sufrir y les arruinan tanto esta vida como las siguientes.
[Estrofa 76] Algunos, como los sirvientes, se venden a sí mismos poniéndose al servicio de otras personas. Por un simple salario, están completamente a merced de sus señores sin disponer de la menor libertad. Cuando las sirvientes o las esposas de los sirvientes tienen que dar a luz, han de hacerlo en cualquier lugar que encuentren —debajo de un árbol, en un lugar solitario, en una cueva, entre las rocas...—, ya que no disponen de un hogar propio.
[Estrofa 77] Algunos locos ignorantes, confundidos por su apego a los objetos deseables de los sentidos, se hacen bandidos, ladrones, soldados, etcétera, deseando conseguir riquezas y posesiones. Deciden hacer fortuna en las guerras, aunque temen perder la vida. Y, a fin de vencer a sus oponentes, ofrecen dinero a cabecillas crueles y malvados, y se someten a ellos. Viven constantemente asustados y se vuelven sus esclavos.
[Estrofa 78] Algunos, por haber robado o cometido otras fechorías debido a su apego a los objetos deseables de los sentidos, son mutilados, empalados en estacas, atravesados con lanzas y puñales, o quemados en una gran hoguera. Ellos sufren en esta vida y sufrirán en las siguientes.
Las polillas se queman en las llamas debido a que su consciencia visual se apega a una forma, los ciervos mueren alcanzados por las flechas venenosas debido a su apego al sonido [234], las abejas quedan atrapadas en las flores [carnívoras] debido a su apego al perfume de estas, los peces son atrapados con un anzuelo debido a su apego al sabor y los elefantes se hunden en las ciénagas debido a su apego al contacto con el barro. Hemos de reflexionar en los inconvenientes de los objetos deseables y deshacernos del apego hacia ellos.
2. LIBERARSE DEL APEGO A LA RIQUEZA Y LOS BIENES
[Estrofa 79] En primer lugar se sufre buscando y reuniendo esos bienes que antes no se tenían, luego se sufre protegiéndolos para que no se dañen y finalmente se sufre cuando se pierden debido a los enemigos, los ladrones...
Para poder adquirir y proteger todas las posesiones, las riquezas, los caballos..., todas las personas de cualquier rango, tanto los laicos como los lamas o los monjes, han de sufrir todo tipo de tormentos. Tienen que levantarse temprano y acostarse muy tarde; estar vigilantes de día y de noche; padecer el frío, el calor, el hambre, la sed y todo tipo de dificultades; resistir el cansancio e incluso arriesgar la propia vida.
Por ejemplo, si queremos comprar un caballo, primero hemos de soportar los problemas de adquirir ese caballo. Luego sufrimos porque tenemos que cuidar el caballo. No disponemos de tiempo libre por el día ni podemos descansar por la noche y acabamos siendo su sirviente. Y finalmente, cuando el caballo muere o lo perdemos a causa de un ladrón o un enemigo, nos lamentamos y golpeamos el pecho. Esas son las penalidades de tener un caballo.
Del mismo modo, cualquier cosa que poseamos —una oveja, dinero, etcétera— nos ocasiona molestias y sufrimientos. Hemos de saber que, al principio, en el medio y al final, las posesiones nos arruinan esta vida y las futuras, ya que son la causa que da lugar a interminables padecimientos. Los que están distraídos por su apego a las riquezas nunca tienen tiempo para practicar los tres adiestramientos del camino. Y, por tanto, nunca tendrán la oportunidad de liberarse de los sufrimientos de los tres reinos de la existencia.
En primer lugar, los que están aferrados a la riqueza y le tienen mucho apego no forman parte de los aryas o seres sublimes, que tienen pocos deseos, carecen de apego y se contentan con lo que tienen. En segundo lugar, debido a que no abandonan su apego a los objetos deseables, no pueden alcanzar ni siquiera los estadios preparatorios de la concentración meditativa. Y sin esa preparación, la visión penetrante no puede surgir, pues faltan los cimientos. Finalmente, mientras sigan anhelando los objetos deseables, seguirán renaciendo inexorablemente en el samsara, igual que lo han estado haciendo en el pasado, y nunca se liberarán de los sufrimientos de la existencia.
Conviene recordar que en el pasado hubo un hombre que estaba muy apegado a tres vasijas de oro que tenía y, cuando falleció, renació muchas veces como una serpiente que vivía enrollada en el interior de esas vasijas. En La carta a un amigo se dice:
Se sufre proporcionalmente a lo que se tiene.
Quienes tienen pocos deseos apenas sufren.
Los sufrimientos que padece el rey de los nagas
se corresponden con el número de sus cabezas.
[Estrofa 80] Como se ha explicado antes, los que tienen muchos deseos experimentan muchos sufrimientos a cambio de un gozo insignificante. En el mejor de los casos, disfrutan de un instante de placer cuando se produce el encuentro entre la consciencia y su objeto. Son como los bueyes que tiran de un carro pesado. Comen un poco de hierba y, entonces, las ruedas del carro se mueven y experimentan un dolor intenso.
[Estrofa 81] Procurarse alimentos, un lugar en el que resguardarse y otras posesiones insignificantes, que no son nada especiales y son fáciles de obtener incluso hasta para las bestias estúpidas, puede tener graves inconvenientes. Para conseguirlas, algunos seres atormentados por sus karmas negativos del pasado malogran esta preciosa existencia humana, dotada de libertades y condiciones favorables, que es tan difícil de obtener y cuyas excelentes cualidades permiten alcanzar la budeidad. En La carta a un discípulo, de Chandragomin, se dice:
Solo los seres humanos dotados de un gran valor
encuentran y siguen las enseñanzas del camino de los sugatas.
Ni los dioses ni los nagas encuentran este camino.
Los asuras, garudas, vidyadharas, kinnaras y uragas [235] tampoco las encuentran.
La gente que vive completamente distraída, sin escuchar las explicaciones del Tripitaka, ni seguir los tres adiestramientos, ni hacer retiros practicando una sadana, ni rezar, ni dedicarse a hacer actos virtuosos, desperdicia inútilmente las libertades y las condiciones favorables de esta vida humana. Los budas y bodisatvas sienten compasión por ellos.
[Estrofa 82] La felicidad mental basada en los objetos del deseo es inestable. Es transitoria y con toda seguridad acabará, porque todo lo que ha nacido morirá, todo lo que se ha unido se separará, todo lo que se ha acumulado se agotará y todo lo que se ha elevado descenderá. Sin embargo, para poder disfrutar esos placeres, destruimos a nuestros adversarios y favorecemos a nuestros allegados, nos dedicamos al comercio y la agricultura, acumulamos y usamos las donaciones de los creyentes y las ofrendas hechas para beneficiar a los difuntos. Como consecuencia de todas las acciones negativas que llevamos a cabo con esas actividades caeremos en los infiernos y otros reinos desafortunados en nuestras vidas futuras.
Esas actividades apenas nos reportan ningún beneficio ni ahora ni en el futuro. Todas las interminables tareas en el samsara y todas las dificultades que tenemos que afrontar para conseguir lo que queremos solo nos proporcionan dolor y agotamiento.
[Estrofa 83] Sin embargo, si nos esforzásemos en aplicar la práctica de los bodisatvas, podríamos alcanzar la budeidad experimentando la diezmillonésima parte de todas esas dificultades y fatigas [que normalmente experimentamos].
Los sufrimientos que experimentan los que anhelan los objetos del deseo son mayores y más prolongados que los que se experimentan con la práctica de los bodisatvas y, sin embargo, con ellos no consiguen la Iluminación.
[Estrofa 84] Si deseamos nuestro bien, reflexionaremos sobre los intensos sufrimientos de los estados de infortunio —los reinos de los infiernos, los pretas y los animales—, que son el resultado del apego a los objetos del deseo. Ninguna adversidad que podamos experimentar en esta vida —ser herido por un arma, morir envenenado, ser quemado en una hoguera, caer por un precipicio, ser vencido por adversarios malévolos— es comparable a los efectos nefastos del deseo. Porque esas adversidades pueden como máximo costarnos la vida, pero no pueden arrojarnos a los reinos inferiores.
3. REFLEXIÓN SOBRE LAS VIRTUDES DE LA SOLEDAD
[Estrofa 85] Así, estando hastiados y hartos del deseo de placeres sexuales, bienes materiales..., cuyos efectos son peores que los del veneno, disfrutemos de las excelencias de la soledad, en lugares en los que no hay conflictos externos (a causa de compañeros y posesiones) ni internos (debido al apego, el enfado y demás emociones conflictivas). Gracias a los efectos beneficiosos de la soledad en esos parajes retirados, todas las distracciones cesarán por sí solas.
En la paz y tranquilidad de esos bosques deleitables y placenteros, [Estrofa 86] los bodisatvas, que tienen la fortuna de poseer el Darma sublime, residen en amplias y agradables moradas de grandes y suaves losas de piedra, refrescadas por los rayos de luz de luna, que es más refrescante que el sándalo. Ellos están allí mucho mejor que los ricos y opulentos monarcas que moran en sus frescos palacios de sándalo, ventilados con abanicos enjoyados. Porque, sin el ajetreo de la gente por el día ni el guirigay de la noche, los bodisatvas viven en esa tranquila serenidad de los bosques, ventilados por suaves brisas refrescantes. Y mientras que los reyes recorren su reino considerando el modo de hacer que este prospere, los bodisatvas van de acá para allá tratando únicamente de beneficiar a los innumerables seres. Por eso, tanto en esta vida como en las siguientes serán felices.
[Estrofa 87] Así pues, que podamos estar, tanto tiempo como queramos —meses, años...—, en cuevas agradables, al pie de árboles espléndidos y en casas abandonadas que no pertenezcan a nadie. Que abandonemos todas las pesadumbres derivadas de la posesión y protección de casas y riquezas, y vivamos tranquilos y contentos, libres del miedo a la adversidad y de esperar ser beneficiados, sin tener que preocuparnos de halagar a los que son más poderosos o de cuidar de los que están en una posición inferior.
[Estrofa 88] Disfrutar de esa libertad de irnos, quedarnos y actuar según nuestros deseos, sin el menor apego a un hogar, los compañeros y las posesiones, estando desligados de cualquier atadura tanto a los poderosos como a los humildes, a los amigos como a los enemigos: una vida con esa satisfacción y esa dicha le es difícil de encontrar incluso a Indra, el rey de los dioses.
Cuanta más riqueza se tiene, menos satisfecho y más atormentado por el deseo se está. Pero cuanto más satisfecho se está con lo que se tiene, más rico se es en felicidad y alegría. En La carta a un amigo se dice:
El maestro de los dioses y los hombres ha enseñado
que de todas las riquezas, la de la satisfacción es la suprema.
Por lo tanto, estad satisfechos. Si lo estáis,
seréis verdaderamente ricos, aunque no tengáis nada.
En esta sección, que trata sobre las condiciones conducentes a la concentración meditativa, se alude en dos ocasiones a las virtudes de la soledad. No hay ningún error en ello. En la primera, se habla de la soledad para hacer que la consideremos algo agradable y deseemos vivir en ella. En la segunda, se ensalza para ayudarnos a que, en los momentos en que, tras habernos ido a vivir en la soledad, no nos sentimos capaces de vivir así o no lo deseamos —porque, por ejemplo, queremos ir a buscar provisiones o añoramos la compañía—, recordemos sus virtudes, que han sido elogiadas por los budas y los bodisatvas, y seamos capaces de permanecer viviendo así alegres y contentos. La repetición no es, por lo tanto, un error.
3. LA CONCENTRACIÓN MEDITATIVA SOBRE LA BODICHITA
1) UNA EXPLICACIÓN CONCISA QUE VINCULA ESTE TEMA CON LA ENSEÑANZA PRECEDENTE
[Estrofa 89] Hemos de reflexionar una y otra vez, de modos diversos, según se acaba de explicar, sobre las ventajas de permanecer en soledad física, verbal y mentalmente sin tener distracciones —externas—, ni pensamientos discursivos —internos—, ni actitudes egoístas —secretas—; recordando que todas esas excelentes cualidades de la soledad son las causas de la felicidad perfecta y duradera en esta vida y las siguientes. Habiendo entendido eso, hemos de pacificar por completo todos los pensamientos —todo el deseo y el apego por las cosas externas e internas—, y dedicarnos a meditar sobre la bodichita.
Por regla general, adiestrándonos en el estadio preparatorio (caracterizado por una calma básica) del primer samadhi, el samadhi propiamente dicho se manifiesta. En este contexto, por medio de la meditación, deshaciéndonos de los defectos del apego y el deseo por las cosas externas y los estados [emocionales] internos, y adoptando las cualidades positivas de la ausencia de apego, se logra el samadhi propiamente dicho o, de no ser posible eso, se perfecciona el estadio preparatorio auténtico, y el cuerpo y la mente se vuelven perfectamente manejables. Y cuando el cuerpo y la mente son perfectamente manejables, podemos meditar con éxito sobre la bodichita o cualquier otra cosa en la que nos concentremos.
La palabra samadhi (concentración o estabilidad meditativa) no se refiere a un estado de inconsciencia total o de quedarse en blanco. Samadhi o shamatha (calma mental) significa tener un control total sobre la mente, independientemente de si a esta se le permite moverse o se le hace descansar. Cuando se le permite moverse, puede focalizarse sobre cualquier clase de objeto virtuoso. Cuando se le hace descansar, permanece tan inmóvil como el monte Meru.
2) EXPLICACIÓN DETALLADA SOBRE CÓMO ADIESTRARSE EN LA CONCENTRACIÓN MEDITATIVA SOBRE LA BODICHITA
1.- IGUALARSE UNO MISMO CON LOS DEMÁS
1/ EXPLICACIÓN CONCISA
[Estrofa 90] En la bodichita relativa hay dos cosas que deben practicarse: la meditación en la igualdad de uno mismo y los demás, y la meditación de intercambiarse uno mismo por los demás. Sin meditar en la primera, la segunda no es posible. Por eso Shantideva dice que primero hemos de meditar con perseverancia en la igualdad de uno mismo y los demás, porque, sin hacer eso, no podrá engendrarse una actitud altruista completamente pura.
Tanto nosotros como todos los demás seres estamos en la misma situación de querer ser felices y no querer sufrir. Por eso hemos de adiestrarnos con ahínco en los medios para desarrollar la intención de proteger a todos los demás seres tanto como a nosotros mismos, aportándoles felicidad y librándoles del sufrimiento. Y aunque creamos que es imposible, no lo es.
Aunque no haya ningún fundamento último para hacerlo, todos los seres piensan en términos de yo y mío. Debido a ello, conciben la idea de otro, percibiéndolo como algo ajeno, aunque esto tampoco tenga en realidad ningún fundamento. Aparte de ser meras designaciones mentales, el yo y el otro son totalmente irreales. Ambos son ficticios. Además, cuando uno logra darse cuenta de la inexistencia del yo, la noción de otro también desaparece, simplemente porque ese otro solo se presenta con respecto al pensamiento de yo. Del mismo modo que es imposible partir el espacio en dos con un cuchillo, cuando uno logra darse cuenta de la inexistencia del yo, que es similar al espacio, ya no se pueden hacer distinciones entre yo y otros, y surge una actitud de querer proteger a los demás como a uno mismo, y de considerarlos como parte de uno mismo. Como se dice:
Quien se deshace por completo de la creencia ordinaria y superficial en el yo, descubre el profundo significado del gran yo [236].
Así, para lograr darse cuenta de la igualdad de uno mismo y los demás, es esencial comprender que yo y otro no son más que meras designaciones, que no corresponden a nada real. Este punto vital de la inexistencia del yo es difícil de entender, incluso para la gente más inteligente. Así pues, como dicen las enseñanzas, es sumamente importante que la inexistencia del yo sea totalmente demostrada y asimilada.
2/ EXPLICACIÓN DETALLADA
1. CÓMO MEDITAR EN LA IGUALDAD
[Estrofa 91] El modo de meditar en la igualdad es como se expone a continuación. En el cuerpo podemos distinguir diferentes partes: manos, pies, cabeza, órganos internos y demás. Sin embargo, en un momento de peligro las protegemos todas, sin desear que ninguna de ellas sufra, y consideramos que todas esas partes forman un solo cuerpo. Pensamos: «Este es mi cuerpo», y nos aferramos a él y lo protegemos en su totalidad, considerándolo como una sola entidad.
Del mismo modo, el conjunto de todos los diversos seres de los seis reinos —que, aunque tienen diferentes alegrías y penas, desean igual que nosotros ser felices y no sufrir— debe identificarse como una sola entidad, nuestro yo. Debemos protegerlos del sufrimiento igual que nos protegemos a nosotros.
Supongamos que le preguntamos a alguien cuántos cuerpos tiene.
—¿De qué habla? —nos respondería—. Solo tengo este cuerpo.
—Entonces —le diríamos—, ¿tiene que proteger muchos cuerpos?
—No, solo cuido de este cuerpo.
Puede que sea eso lo que nos responda, pero el hecho es que cuando habla de su cuerpo, no hace nada más que poner un nombre a un conjunto de diferentes elementos. La palabra cuerpo no se refiere a una unidad indivisible. En otras palabras, no hay ninguna razón por la que el término cuerpo se tenga que aplicar aquí [a estos elementos], pero no en otra parte. La palabra cuerpo se aplica, sin una justificación esencial, a lo que meramente es un conjunto de componentes.
Es la mente la que dice mi cuerpo y, basándose en la idea de que es una sola entidad, atribuye las nociones de yo, mío y todas las demás. Además, afirmar que es razonable aplicar el nombre de yo a este conjunto, pero que no lo es aplicárselo a otro conjunto es totalmente injustificado. Por lo tanto, las enseñanzas sostienen que el nombre de yo puede aplicarse a todo el conjunto de los seres que sufren. La mente puede pensar que el conjunto de los seres es yo. Y si, habiéndolos identificado de este modo, se acostumbra a seguir haciéndolo así, la idea de yo surgirá refiriéndose a ellos y, como resultado, uno cuidará de todos ellos tanto como ahora cuida de sí mismo.
[Estrofa 92] Pero, ¿cómo es posible que surja esa actitud mental, dado que los demás no sienten nuestro dolor y nosotros no sentimos el suyo?
Puede interpretarse que el texto raíz significa que nuestro sufrimiento no afecta a los cuerpos de otros seres, pero, sin embargo, es el sufrimiento de nuestro yo. Nos resulta insoportable porque nos aferramos a él como algo nuestro.
[Estrofa 93] Aunque el sufrimiento de los demás no recaiga de hecho sobre nosotros, dado que somos bodisatvas y consideramos a los demás como a nosotros mismos, su sufrimiento es también nuestro sufrimiento y, por lo tanto, nos resulta insoportable.
¿Cómo es que cuando algún sufrimiento nos acontece, ese dolor solo nos afecta a nosotros y no daña a los demás? En nuestra encarnación actual, igual que desde tiempos sin principio hasta ahora, nuestra consciencia se introdujo en las sustancias generativas de nuestros padres cuando estas se unieron. A continuación se formó lo que ahora identificamos como nuestro cuerpo. Y precisamente porque lo consideramos como nuestro, no soportamos que sea dañado. Pero en el sufrimiento en sí, no hay diferencia entre nuestro sufrimiento y el sufrimiento de otro ser. Por lo tanto, aunque el sufrimiento de otro ser no nos aflija en realidad a nosotros ahora, si a ese otro ser lo identificamos como yo o algo nuestro, su sufrimiento también nos resultará insoportable [237].
Maitriyoguín, el discípulo del venerable Atisha, sentía realmente como suyo el sufrimiento de otros seres [238]. Eso era lo que experimentaba alguien que había alcanzado los estadios de los bodisatvas. Pero incluso en el caso de los seres corrientes, podemos tomar el ejemplo de una madre que preferiría morir a que su querido hijo enfermara. Dado que se identifica con su bebé, el sufrimiento del pequeño le resulta insoportable. A la gente que no se identifica con el pequeño, el dolor del niño no le afecta. Si se identificara con él, su dolor también le resultaría insoportable.
Además, no es necesario un periodo demasiado largo de habituación para poder tener esta experiencia. Tomemos el ejemplo de un caballo que está a la venta. Hasta el mismo momento en que se efectúa la venta, al vendedor le resulta insoportable que el caballo no tenga hierba o agua, enferme... o sufra de algún otro modo; mientras que al comprador no le afecta. Tan pronto como se haya formalizado la venta, cualquier sufrimiento del caballo será insoportable para el comprador, mientras que ya no le afectará a su antiguo dueño.
Con respecto al caballo en sí, no hay nada que permita hacer la distinción entre si es de este hombre o de aquel hombre. Se lo considera como de este o aquel hombre según cómo lo designe el pensamiento.
Exactamente del mismo modo, no hay ni la más mínima razón para decir que la noción yo se ha de aplicar sobre uno mismo y no sobre otro. Yo y otro son meras designaciones mentales. Nuestro yo es otro para otra persona, mientras que lo que es otro para nosotros, es yo para otro. Del mismo modo que las nociones de aquí y allí son simples puntos de vista, que son designados cada uno con respecto al otro, y no existe un aquí absoluto ni un allí absoluto; tampoco hay un yo ni un otro absolutos. Son solo meras designaciones mentales. Y así, basándose en este punto crucial, las enseñanzas del Darma dicen que cuando yo se asigna a otros, es decir, a los demás seres, y se les considera de ese modo, naturalmente se acabará pensando que lo son.
Es así como los budas y los bodisatvas se identifican con los seres, y por eso el más mínimo dolor de los demás les resulta insoportable, como se ha explicado previamente en [la estrofa 123 del capítulo VI, que empieza por] «Igual que aquel cuyo cuerpo arde en el fuego...» y en [la estrofa 126 del capítulo VI] «Sin duda alguna, los grandes compasivos consideran a todos los seres como a sí mismos...» y como cuando Devadatta hirió con una flecha a un cisne y el Buda afirmó que era suyo [239]. Del mismo modo, Machig [240] dijo que en el futuro los practicantes degenerados del Cho sojuzgarían con métodos violentos las deidades de riqueza, los espíritus y los demonios, a quienes ella atrapaba con el gancho de la compasión; refiriéndose a que esos dioses y espíritus eran para ella seres a los que apreciaba.
Como se ha dicho antes, para identificarse con los seres no hace falta adiestrarse durante mucho tiempo. Por ejemplo, si le decís a alguien que le vais a dar un caballo viejo, tan pronto como las palabras salen de vuestra boca, esa persona ya ha hecho suyo al caballo y no puede soportar que el caballo sufra.
También puede que se suponga que debido a los malos hábitos mentales, uno nunca llegará a considerar a los demás como a sí mismo. Pero el venerable Buda dijo que en todo el mundo nunca vio nada que fuese más fácil de educar que la mente, una vez que se la establece en el camino correcto y se adoptan medidas para controlarla. Por otro lado, el Buda también dijo que no hay nada más difícil de gobernar que una mente sin ningún adiestramiento. Por lo tanto, si no dejamos que nuestra mente se extravíe por caminos equivocados, sino que la adiestramos, es perfectamente posible que lleguemos a controlarla. Por el contrario, si fracasamos en la tarea de controlar nuestra mente, será imposible que podamos controlar cualquier otra cosa. Por eso las enseñanzas dicen que debemos esforzarnos en controlar nuestra mente.
[Estrofa 94] La justificación de Shantideva de la necesidad de eliminar el sufrimiento se presenta como un argumento probatorio [241]. Su tesis es que eliminará todos los sufrimientos de los demás, es decir, los sufrimientos que no les aporten ningún beneficio último. La razón que usa es que sus sufrimientos no les benefician y, como ejemplo, dice que los eliminará del mismo modo que elimina sus propios problemas de hambre, sed y demás. Por el mismo procedimiento, dice que beneficiará a los demás y los hará felices, porque son seres y, una vez más como ejemplo, lo hará del mismo modo que se ocupa del bienestar de su cuerpo.
[Estrofa 95] Puesto que tanto nosotros como los demás queremos por igual ser felices y en eso nada nos diferencia, ¿qué razón podría haber para no procurar la felicidad de los demás? No tiene sentido que procuremos conseguir únicamente nuestra propia felicidad.
[Estrofa 96] Y puesto que ni nosotros ni los demás queremos sufrir y en eso tampoco nada nos diferencia, ¿qué razón podemos tener para no protegerlos del sufrimiento? No tiene sentido que tratemos solamente de protegernos a nosotros.
[Estrofa 97] Supongamos ahora que alguien hiciese la siguiente objeción:
—A mí me afecta mi propio sufrimiento, por eso tengo que protegerme de él. Pero cuando otro ser sufre, nada en ese momento me hace daño realmente, por lo que el sufrimiento de los demás no es algo de lo que necesite protegerme.
Pero los futuros sufrimientos gruesos y obvios (desde los sufrimientos del infierno en una existencia futura a los sufrimientos que ocurrirán mañana o el mes próximo) o los futuros sufrimientos más sutiles que ocurren momento a momento: todos esos sufrimientos, grandes o pequeños (debidos a la falta de comida, ropa, o cualquier otra cosa), son algo futuro. No es algo que nos esté realmente afectando en este momento. Si esos sufrimientos futuros no nos están haciendo sufrir ahora, ¿de qué tenemos que protegernos? No tiene sentido que lo hagamos.
[Estrofa 98] Pero puede que pensemos que esos sufrimientos no son igual que los de los demás seres. Aunque esos sufrimientos no nos afecten ahora, nos protegemos porque los experimentaremos en el futuro.
Pero aferrarse, en el grado más burdo, a los agregados de esta vida y a los de la próxima como si fuesen la misma entidad, y aferrarse también, en el grado más sutil, a los agregados de un instante y los del siguiente como si fuesen la misma cosa no es nada más que un concepto erróneo.
Cuando reflexionamos sobre nuestra vida presente y las futuras a la luz de tales argumentos, [podemos ver que] la entidad que muere y deja esta vida no es la misma que la que nace en la existencia siguiente. Y a la inversa, el que nace en la vida siguiente, adondequiera que eso sea, no es el mismo que el que ha perecido en la existencia precedente.
La duración de una existencia humana es el resultado del karma anterior. Cuando este karma se agota, el cese del último momento de esa consciencia humana crea la causa inmediata [de la nueva vida], mientras que el karma que lleva a renacer en los infiernos, o cualquier otro lugar, constituye la causa cooperante. Sea cual sea el lugar donde una persona nazca después —en los infiernos o cualquier otro lugar—, al morir tiene un cuerpo humano, mientras que cuando renazca tendrá el cuerpo de un ser de los infiernos o de cualquiera de los otros reinos. En otras palabras, la consciencia previa que ha terminado es la de un humano, mientras que en el momento del nacimiento siguiente, es la consciencia de un ser de los infiernos. Ambas son distintas.
Cuando el cuerpo y la mente de un humano cesan, empiezan el cuerpo y la mente de la vida siguiente. No es que haya algo de la vida anterior que transmigre o vaya a la vida siguiente. Como se dice:
Como una recitación, una llama, un espejo,
un sello, una lupa, una semilla, un sonido y un sabor ácido,
los agregados continúan su curso sin discontinuidad,
pero nada es transferido y eso el sabio lo ha de saber.
Cuando, por ejemplo, se usa una lámpara de aceite para encender otra lámpara, la llama de la segunda no puede encenderse sin la ayuda de la primera; pero tampoco es que la primera llama pase a la segunda.
Sin embargo, si la entidad anterior termina y la siguiente surge de tal modo que ambas son completamente distintas, podrá objetarse que en ese caso el efecto de las acciones anteriores se pierde necesariamente, mientras que [en el curso de la existencia siguiente] se encontrarán efectos kármicos que no se han acumulado. Pero eso no es así. Las apariencias fenoménicas, que surgen ineludiblemente por la interdependencia de las condiciones causales, no pueden hacer frente al análisis; están más allá del ámbito de las posiciones eternalista y nihilista. La afirmación de que los efectos kármicos no se pierden es un rasgo distintivo específico de las enseñanzas budistas. Está únicamente al alcance de la mente omnisciente y, por lo tanto, tiene que aceptarse confiando en las palabras del Buda. Como se dice [en una obra de Nagaryuna]:
Lo que surge dependiendo de otra cosa
no es esa misma cosa,
pero tampoco es algo diferente.
No hay cesación ni permanencia.
Todos son términos asignados relativamente. Aunque no son ni idénticos ni diferentes, [los momentos de consciencia anteriores y posteriores] aparecen. La consciencia se manifiesta de diferentes modos según el karma sea bueno o malo. Pero en sí, consiste en momentos de mera consciencia, clara y con capacidad de conocer, que surgen ininterrumpidamente y son de idéntica naturaleza [242]. La noción de permanencia o cesación no pueden aplicársele. Así los resultados del karma no se pierden y uno nunca tiene que afrontar efectos kármicos que no haya acumulado.
Si, en un nivel más sutil, se considera la naturaleza momentánea de los fenómenos, todo en el ámbito externo o interno consiste en momentos instantáneos. El momento anterior cesa y el siguiente sobreviene de modo que uno es distinto del otro. Del mismo modo, cuando el karma para permanecer en el estado humano proporciona las circunstancias y el cese del último momento de consciencia [en ese estado] proporciona la causa, el momento siguiente de consciencia aparece y es de la misma naturaleza. Pero los dos momentos son distintos.
[Estrofa 99] Alguien podría decir que quienquiera que experimenta un sufrimiento es quien tiene que protegerse de él. No son los demás quienes han de hacerlo.
Pero en ese caso, el dolor que siente el pie cuando se clava una espina no lo siente la mano. Entonces, ¿por qué la mano ha de proteger de ese sufrimiento al pie? No tiene sentido.
[Estrofa 100] Puede que se responda diciendo que, aunque no tenga sentido protegerse de ese modo, si tendemos a protegernos en esta vida para las siguientes o a proteger un pie con la mano es debido a que estamos habituados a aferrarnos al yo.
Shantideva responde a eso diciendo que ese aferramiento irracional al yo y otros (o, interpretado de otro modo, eso que es inapropiado para uno mismo y los demás, es decir, el sufrimiento [fruto de ese aferramiento]) debe abandonarse tanto como se pueda, porque es un engaño.
[Estrofa 101] Podría objetarse que aunque las existencias previas o posteriores no constituyen una sola entidad, forman un mismo continuo; y que aunque la mano y el pie sean distintos, se protegen de ese modo porque forman un mismo compuesto.
Pero Shantideva responde diciendo que lo que denominamos continuo y compuesto son engaños. Un continuo no es nada más que muchos instantes seguidos, no hay nada aparte de eso; del mismo modo que, por ejemplo, se denomina rosario a una serie continua de numerosas cuentas. Y un compuesto es una reunión, como en el caso de un ejército, que es una reunión de muchos hombres armados. Son meras designaciones desprovistas de existencia real.
Este es el mejor modo de establecer la inexistencia del yo del individuo. Excepto el yo que se considera «único, permanente e independiente», toda presunción de un yo está asociada a un continuo o un compuesto. Y el que ninguno de los dos últimos tenga existencia propia demuestra que ese yo tampoco la tiene. Puesto que los continuos y los compuestos son algo desprovisto de existencia propia, no hay un experimentador del sufrimiento ni un yo al que pertenezca ese dolor. ¿Quién es su propietario? Nadie.
[Estrofa 102] Si no hay un sujeto que sea el propietario o el que experimenta ese sufrimiento, no hay modo de distinguir entre yo y otro. Porque si no hay un yo, no hay un otro que pueda ser formulado con respecto a él. Puesto que ninguno de los dos existe, no hay algo en que basarse para hacer distinciones y, por lo tanto, no hay diferencia entre nuestro sufrimiento y el sufrimiento de los demás.
Por eso es ilógico protegernos a nosotros del sufrimiento y no proteger de él a los demás. Eso es lo que demuestra que, ya que el sufrimiento es algo que debe ser eliminado, el sufrimiento de los demás ha de ser eliminado junto con el nuestro, por la simple razón de que es sufrimiento. ¿Qué justificación puede haber para que eliminemos nuestro sufrimiento y no el de los demás? Sería un gran engaño considerar que no es necesario eliminar el de los demás.
[Estrofa 103] Alguien podría objetar que si no hay un yo que sienta o sea el propietario del dolor, el sufrimiento no hace daño a nadie. Y en ese caso, ¿por qué hay que eliminar el sufrimiento de los seres? ¿Qué es lo que tiene que ser eliminado y quién es quien tiene que eliminarlo? Nada tiene que ser eliminado.
No se puede argumentar de ese modo. En la realidad última, eso es así. Pero en la relativa, sentimos el sufrimiento como algo que es necesario eliminar y, por lo tanto, también es necesario eliminar el de los demás. Y si no es necesario eliminar el sufrimiento de los demás, entonces tampoco es necesario eliminar nuestro propio sufrimiento. Pues eliminarlo no sería consecuente.
2. RESPUESTAS A LAS OBJECIONES SOBRE LA IGUALDAD DE UNO MISMO Y LOS DEMÁS
[Estrofa 104] Alguien podría objetar que cuando pensamos en los sufrimientos de los demás, la compasión nos hace sentir un dolor inmenso e insoportable y, puesto que todo el sufrimiento ha de ser eliminado, ¿qué sentido tiene esforzarnos en engendrar ese dolor de la compasión, sea en nosotros o en los demás?
Pero, cuando se piensa en los inmensos sufrimientos que padecen los seres en los infiernos y demás lugares, ¿cómo puede considerarse que el dolor proveniente de la compasión sea inmenso?
[Estrofa 105] Aunque suframos [debido a la compasión], ese sufrimiento es similar al dolor que nos produce una herida causada en el cuerpo a fin de curar una enfermedad. Si gracias al solo dolor de un ser compasivo se eliminan los innumerables sufrimientos de los demás seres, los seres bondadosos han de fomentar, sin duda alguna, ese dolor [de la compasión] en ellos mismos y en los demás practicantes.
[Estrofa 106] El dolor de la compasión es, por lo tanto, algo que ha de ser cultivado. Por eso el bodisatva Supushpachandra, aunque debido a su clarividencia sabía que el rey lo mataría, lo ignoró y no trató de impedirlo. Para evitar el sufrimiento de muchos otros seres, accedió a sufrir él.
Esta historia se cuenta en El sutra del rey de las concentraciones. En la época en la que la doctrina de un buda del pasado, Ratnapadmachandra, estaba decayendo, el monje Supushpachandra vivía en compañía de siete mil bodisatvas en un bosque denominado Samantabhadra. Gracias a su clarividencia supo que si iba al palacio enjoyado del rey Viradatta y daba enseñanzas de Darma, innumerables seres renacerían en los reinos superiores o alcanzarían la liberación del estado irreversible, y que nada de eso ocurriría si no daba enseñanzas. También supo que si iba, el rey lo mataría. Decidió ir y ayunó durante siete días. Por las noches circunvalaba la estupa que contenía las uñas de un buda y durante el día daba enseñanzas en los pueblos de los alrededores. De ese modo hizo posible que innumerables seres obtuvieran un renacimiento superior o el estado irreversible. Entonces el rey ordenó a Udayana, el verdugo, que lo ejecutara. Más tarde el rey se arrepintió e hizo construir una estupa que contenía los huesos de Supushpachandra, a la que hacía ofrendas.
3. LOS BENEFICIOS DE ESTA PRÁCTICA
[Estrofa 107] Shantideva explica que aquellos que se han habituado a igualarse a sí mismos con los demás se sienten felices aliviando el sufrimiento de los demás. Para beneficiarlos, se adentrarían en el infierno de las Torturas Máximas con el mismo entusiasmo y la misma alegría que un cisne se zambulliría en un precioso lago adornado de lotos.
[Estrofa 108] Puede que alguien diga que los que pertenecen al linaje de los shravakas no necesitan adentrarse en el infierno de las Torturas Máximas [a fin de obtener esa alegría]. Porque cuando ellos practican para obtener su liberación e Iluminación, las alcanzan rápidamente y logran así la gran alegría de haber pacificado todo el sufrimiento.
Pero, [Shantideva pregunta irónicamente] ¿la alegría excepcional y tan inmensa como un océano que resulta de haber liberado a incontables seres de sus innumerables sufrimientos no será suficiente? ¿Qué sentido tiene desear solo la propia liberación? ¿Para qué sirve esa felicidad insípida?
Todos los comentarios interpretan que ese fragmento significa que la liberación que carece del sabor de la dicha del altruismo no tiene sentido. En El compendio de los preceptos se dice: «¿Para qué sirve esa liberación insípida?»
[Estrofa 109] Por otra parte, aunque lo que hagamos sea únicamente para beneficiar a los demás y esté desprovisto de cualquier motivación egoísta, hemos de hacerlo sin vanidad y sin sentirnos orgullosos pensando que por hacer eso somos mejores [que los demás]. Dado que beneficiar a los demás es la única finalidad de nuestra actividad, lograrlo es lo que nos complace, por lo que no tenemos que esperar ninguna otra recompensa en esta vida o en las futuras.
3/ RESUMEN
[Estrofa 110] Puesto que nosotros y los demás somos iguales, sin que haya ninguna diferencia, hemos de habituarnos a tener una actitud compasiva y cultivar la intención de proteger y cuidar a todos los seres del mismo modo que nos protegemos a nosotros de hasta la más mínima acusación o crítica.
2.- EL INTERCAMBIO DE UNO MISMO POR LOS DEMÁS
1/ EXPLICACIÓN CONCISA: LA RAZÓN PARA HACER ESTA PRÁCTICA
[Estrofa 111] Puede que algunos digan que es imposible considerar a los demás seres como a uno mismo.
Pero sí es posible. La gota de semen de nuestro padre y la gota de sangre de nuestra madre son algo ajeno y no son en modo alguno elementos de un yo que actúa de base de la liberación o una existencia [samsárica] engañada. Sin embargo, debido a una habituación prolongada, hemos llegado a tener la noción de yo con relación a ellas.
[Estrofa 112] Del mismo modo que identificamos como mi cuerpo y mi mente cosas desprovistas de ese yo, ¿por qué no ha de ser posible, acostumbrándose gradualmente a ello, llegar a identificar como yo los cuerpos de otras personas (formados también de las gotas de sangre y esperma de sus padres)?
Y viceversa, ¿por qué ha de ser difícil, tras habituarse a ello, considerar que nuestro cuerpo es de otro ser?
[Estrofa 113] Los seres sublimes han criticado el defecto del apego a uno mismo y la actitud egoísta de preocuparse solo por uno mismo, que da lugar al sufrimiento en esta vida y las futuras. En cambio, han elogiado el océano de innumerables cualidades provenientes de estimar a los demás con una actitud altruista desprovista de egoísmo, que da lugar a toda la felicidad y el bienestar de esta vida y las futuras. Sabiendo eso, hemos de deshacernos de cualquier apego a uno mismo y esforzarnos con entusiasmo en adquirir el hábito de identificarnos con los demás y considerarlos como a uno mismo.
El intercambio de uno mismo por los demás que se explica en los textos no es como el que practican los yoguis. En el texto de Shantideva, de los cuatro modos que hay de hacer el intercambio de uno mismo y los demás (el intercambio del amor [egoísta] a uno mismo por el amor [altruista] a los demás, el intercambio del cuerpo como la base de la atribución del yo, el intercambio de la felicidad y el sufrimiento, y el intercambio de las acciones positivas y negativas) solo se mencionan los tres primeros.
2/ EXPLICACIÓN DETALLADA DE ESTA PRÁCTICA
1. EL MODO GENERAL DE INTERCAMBIARSE POR LOS DEMÁS
1) CÓMO PONERSE EN EL LUGAR DE LOS DEMÁS CON ENTUSIASMO
[Estrofa 114] De nuevo, alguien podría preguntar cómo es posible que consideremos a todos los seres, que son tan variados y numerosos, como a uno mismo.
Para responder a esa pregunta podemos usar el siguiente ejemplo. En el cuerpo distinguimos muchas partes: las manos, etcétera. Sin embargo, consideramos que todos esos diferentes elementos son parte de un mismo cuerpo. ¿Por qué no podemos, de modo similar, considerar a todos —los seres de los seis reinos: los dioses, los humanos, los nagas, etcétera— como partes de un mismo conjunto, y considerar ese conjunto como yo? Siguiendo la misma lógica, deberíamos hacerlo.
[Estrofa 115] Puede que se piense que no es posible hacer surgir ese estado mental.
En este cuerpo actual, producto de las sustancias generativas de nuestros padres y desprovisto de un yo que actúa de base de la liberación o una existencia engañada, surge naturalmente, debido a una larga propensión, la noción de yo. Como resultado, si el cuerpo está bien, «yo estoy bien» y si está mal, «yo estoy mal». Del mismo modo, si nos habituamos sin cesar a identificarnos con los cuerpos de los demás seres, ¿por qué no va a ser posible que surja en nosotros la noción de yo con respecto a ellos? Eso es, sin duda alguna, posible.
[Estrofa 116] ¿Cuál será el resultado de ese proceso de habituación?
Si nos habituamos de ese modo, cuando trabajemos para el beneficio de los demás, no estaremos orgullosos ni engreídos. Igual que cuando nos alimentamos, no esperaremos ni recompensa ni reconocimiento.
[Estrofa 117] Y del mismo modo que nos protegemos y defendemos de cualquier cosa desagradable, por pequeña que sea, que pueda hacernos daño —falsas acusaciones, palabras ofensivas...—, hemos de habituarnos a tener una actitud compasiva y protectora hacia los seres.
[Estrofa 118] Es necesario proteger a los demás seres incluso de los daños más pequeños. El compasivo protector Avalokitesvara quería eliminar desde los grandes miedos de los seres de los tres mundos del samsara hasta incluso el de estar en medio de una multitud. Por eso, después de generar la suprema bodichita, a fin de beneficiar a todos los seres bendijo su nombre por medio del poder de la sabiduría, la concentración y la aspiración de que solo oír o recordar su nombre protegiera a los seres de sus miedos.
En El sutra en forma de árbol se citan sus palabras:
Que, por recordar mi nombre tres veces, desaparezcan todos los miedos y los peligros, como los de ser quemado en un gran fuego, arrastrado por una gran corriente de agua, etcétera. [...] Que, por recordar mi nombre tres veces, se desvanezca el miedo de estar en medio de una muchedumbre.
[Estrofa 119] No hemos de sentirnos asustados pensando que, aunque sus beneficios son inmensos, el intercambio es algo demasiado difícil para nosotros.
No hemos de permitir que las cosas difíciles nos desanimen, porque cuando nos acostumbramos a ellas, acaban volviéndose fáciles. Aunque al principio solo oír la idea de intercambiarnos por los demás y tomar su sufrimiento pueda darnos mucho miedo, con el paso del tiempo y debido al poder de la habituación progresiva, eso ya no ocurrirá e incluso nos sentiremos apenados si no podemos dedicarnos a beneficiarlos. Pasa igual que cuando ciertas personas nos parecen tan terribles que tan solo oír su nombre nos da miedo, pero después de que las conocemos y nos familiarizamos con ellas, llegamos a apreciarlas e incluso las echamos en falta si no están.
[Estrofa 120] Por lo tanto, aquellos que deseen proteger sin dilación a los demás y a sí mismos de todos los sufrimientos han de practicar el sagrado secreto: el intercambio de uno mismo por los demás. Esta práctica es secreta porque está fuera del alcance de los shravakas y otros seres.
2) DESHACERSE DEL EGOÍSMO
[Estrofa 121] Debido al apego a nuestro cuerpo, nos asustan hasta las cosas más pequeñas, como una abeja o una moscarda de la carne, y no es necesario decir cómo nos sentimos ante cosas más peligrosas. Este cuerpo da lugar a toda clase de miedos tanto en esta existencia como en las siguientes. ¿Qué persona inteligente no lo consideraría como un enemigo y lo detestaría? Sería más lógico odiarlo que estar apegado a él.
[Estrofa 122] A fin de conseguir comida, ropa, etcétera, para aliviar el hambre, la sed, el frío, el calor y otros padecimientos relativos al cuerpo, matamos pájaros, peces, ciervos, ganado y otros animales o esperamos al acecho en los caminos para robar las pertenencias de los demás.
[Estrofa 123] A fin de conseguir ganancias y prestigio social, algunos seres extremadamente confundidos llegan incluso a matar a sus padres —como el rey Ayatashastru, que asesinó a su padre, y Udayana, que mató a su madre— o a robar a escondidas o usando algún ardid los bienes donados a las Tres Joyas y hacer negocios con ellos. Habiendo acumulado ese karma tan terrible, en el futuro tendrán que sufrir torturas insoportables, como la de ser quemados en las llamas del infierno de las Torturas Máximas o en otros infiernos.
[Estrofa 124] ¿Qué persona sabia y prudente que desee su bien apreciaría y protegería con afecto y agasajaría con alimentos, vestidos, adornos y demás, este cuerpo, que es fuente de sufrimientos en esta vida y las futuras? Ese comportamiento sería insensato. ¿Qué persona sensata no consideraría este cuerpo como un enemigo pernicioso y lo despreciaría? Así es como hemos de ver este cuerpo. Shantideva dice eso a fin de disuadirnos de identificarnos con el cuerpo y sentir tanto apego por él.
3) LOS INCONVENIENTES DE CONSIDERARSE A UNO MISMO MÁS IMPORTANTE QUE LOS DEMÁS Y LAS VENTAJAS DE CONSIDERAR A LOS DEMÁS MÁS IMPORTANTES QUE UNO MISMO
[Estrofa 125] «Si doy mi comida, mi ropa y mis propiedades a los demás, ¿qué me quedará para comer, ponerme o usar?»: esa es la actitud de pensar que uno mismo es lo más importante. Debido a esa avaricia y esa mezquindad se renace como pretas y espíritus devoradores de carne. Ese comportamiento vil es el de los demonios.
«Si utilizo estos bienes, esta comida, esta ropa..., ¿qué podré dar a los demás?»: esa es la actitud de pensar que los demás son lo más importante. Debido a esa generosidad se disfruta de inmensa alegría y felicidad en esta vida y las futuras. Ese comportamiento excelente es una conducta divina: el modo de obrar de los budas y bodisatvas que tienen gran pericia en la generosidad.
Según una historia de hace mucho tiempo, durante los doce años que no llovió en su país, el rey Brahmadana sustentó a su pueblo con el tesoro real. Finalmente, cuando solo quedaba una pequeña cantidad de cebada para su propia subsistencia, el rey se la ofreció a un pratyekabuda. Este, usando sus poderes milagrosos, hizo que lloviera y de este modo la hambruna terminó.
[Estrofa 126] Si para evitar nuestro sufrimiento y ser felices hacemos daño físicamente a otro ser o destrozamos sus propiedades, luego tendremos que sufrir los tormentos de los infiernos y otros reinos inferiores.
Por otra parte, si para evitar el sufrimiento de los demás y hacer que sean felices, nos hacemos daño físicamente o dañamos nuestras propiedades, obtendremos todas las cualidades excelentes. De momento renaceremos en los reinos superiores y finalmente lograremos la budeidad. Eso fue lo que hizo el Buda, nuestro maestro. Dando a los demás su cuerpo y todas sus posesiones, alcanzó la budeidad.
[Estrofa 127] Quien desea lo mejor para sí mismo —ser el más bello y el más importante, ser más rico que los demás, tener sirvientes y seguidores...—, en el futuro renacerá en los reinos inferiores, será estúpido y tendrá un aspecto físico desagradable y un estatus inferior... En cambio, si en vez de querer todo eso para sí mismo, desea que lo mejor sea para los demás, renacerá en los reinos afortunados como un dios o un hombre poderoso, dispondrá de todo lo que es excelente y será venerado y respetado.
[Estrofa 128] Si hacemos que los demás nos sirvan y los usamos según nos conviene para ser nosotros felices, en el futuro tendremos que sufrir siendo esclavos, sirvientes... Por ejemplo, se dice que el embarazo de seis años de Drakzinma fue el resultado kármico plenamente maduro de haber obligado en una vida anterior a cargar un cántaro lleno de agua a otra persona.
Pero si, para hacer que los demás sean felices, trabajamos como si fuéramos sus sirvientes, en el futuro seremos felices y disfrutaremos de ser los líderes y estar rodeados de colaboradores, asistentes y sirvientes perfectos.
[Estrofa 129] En resumen, toda la felicidad y el bienestar de este mundo, tanto de esta vida como de las futuras, vienen de desear la felicidad para los demás. Todo el sufrimiento y todas las desgracias de este mundo, tanto de esta vida como de las futuras, vienen de desear la felicidad únicamente para uno mismo.
[Estrofa 130] No es necesario dar una explicación exhaustiva. En resumen, los seres corrientes o pueriles piensan solo en sí mismos y trabajan exclusivamente para su propio beneficio, sin descansar de día ni dormir de noche. El único resultado que obtienen de todo eso es sufrir ahora y en el futuro. Por el contrario, los budas y los bodisatvas, que están dotados de una inmensa compasión, no piensan en sí mismos y se dedican únicamente a beneficiar a los demás. En esta vida y las futuras solo disfrutan del bienestar y la felicidad abundante y perfecta de haber logrado el beneficio de los demás y el suyo propio. Observemos lo que diferencia a los budas de los seres corrientes y, dejando atrás el egoísmo, esforcémonos en beneficiar a los demás.
[Estrofa 131] Si no hacemos este intercambio perfecto, dando a los demás nuestra felicidad y tomando su sufrimiento, no solo no lograremos la budeidad perfecta, sino que, mientras estemos en el samsara, tampoco disfrutaremos de la felicidad de los dioses y los hombres.
[Estrofa 132] Si no tratamos de beneficiar a los demás, intercambiándonos por ellos, no podremos lograr ni siquiera los objetivos de esta vida y, por supuesto, tampoco los de las futuras.
Si los sirvientes deshonestos, que buscan su propio beneficio procurando su bienestar y evitando las dificultades, no hacen el trabajo para sus patrones, y los patrones tacaños no dan un salario ni vestidos a sus sirvientes como compensación por su trabajo, ni unos ni otros lograrán esos simples objetivos concernientes a esta vida: ni los sirvientes lograrán el salario ni los patrones se beneficiarán de ese trabajo.
¿Cuál sería el intercambio que se tendría que practicar en este caso? Si los sirvientes no renuncian al placer de estar ociosos y asumen la molestia de hacer su trabajo, y los patrones no renuncian a la complacencia de no pagar los salarios y asumen la molestia de pagarlos, es decir, si no hacen ese intercambio, no lograrán satisfacer sus necesidades.
[Estrofa 133] Por haber dejado de lado el intercambio de uno mismo por los demás, que es la causa de toda la felicidad de esta vida (que percibimos) y la de las demás (que no percibimos), hemos renunciado a toda la alegría y la felicidad. Y además, hemos hecho daño a los demás seres, lo cual es la causa del sufrimiento. Así, por desconocer cuáles son las causas de la felicidad, que hemos de cultivar, y cuáles las causas del sufrimiento, que hemos de evitar, nos hemos procurado insoportables sufrimientos para esta vida y las siguientes.
4) LA PRÁCTICA EN SÍ DEL INTERCAMBIO: POR QUÉ ES NECESARIA
[Estrofa 134] Todo lo que hace daño a los seres en los diferentes mundos del samsara, todos los diferentes miedos —de los enemigos, las fuerzas negativas, las serpientes venenosas, etcétera—, todos los sufrimientos de esta vida o de las futuras —como el nacimiento, la vejez, la enfermedad, la muerte, etcétera— provienen del aferramiento al yo, de creer en un yo que no existe.
¿Qué vamos a hacer con este gran demonio, con este aferramiento al yo, que nos impide escapar del gran océano del sufrimiento de los tres mundos del samsara y que nos destruye ahora y lo seguirá haciendo en el futuro? No lo necesitamos para nada.
Eso que se denomina «los tres rudras» —que son la raíz de la existencia samsárica— son las tres clases de aferramiento al yo, asociados con el pensamiento, la palabra y el cuerpo. El aferramiento al yo es el gran demonio de los tres mundos del samsara, él es origen de todos los demás demonios y de todas las fuerzas negativas.
[Estrofa 135] Sin deshacerse por completo del aferramiento al yo, es imposible evitar el sufrimiento de los tres mundos del samsara, del mismo modo que sin apartarse del fuego no se pueden evitar las quemaduras. Se dice:
Al tener un yo se piensa en el otro.
Del yo y el otro, se manifiestan el apego y la aversión.
Y de los dos últimos, tan íntimamente ligados,
aparecen todos los males y todas las faltas.
[Estrofa 136] Puesto que el aferramiento al yo es la raíz de todos los males de esta vida y las futuras, para acabar con todos nuestros sufrimientos y los de los demás, hemos de darnos a todos los seres y estimar a los demás del mismo modo que nos estimamos a nosotros mismos. Tenemos que esforzarnos en habituarnos a hacerlo.
[Estrofa 137] Desde el momento que hacemos el intercambio, pertenecemos a los demás. Hemos de convencernos de eso y tenerlo claro, y tomar la determinación de que, desde ese momento en adelante, en vez de pensar en nuestro propio beneficio como hacíamos en el pasado, solo nos preocuparemos de beneficiar a todos los seres.
[Estrofa 138] Puesto que hemos dado a todos los seres los ojos, las orejas, los pies, las manos, etcétera (con los que vemos, oímos, nos movemos…), ahora estos les pertenecen. No sería correcto usarlos para nuestro beneficio. Y todavía sería menos correcto que usásemos en su contra (para golpearlos, maltratarlos, mirarlos despectivamente...) lo que les hemos dado para su beneficio.
[Estrofa 139] Así, según estas razones expuestas, los demás seres han de ser lo más importante para nosotros. Todo aquello agradable o beneficioso que veamos que tiene nuestro cuerpo —comida, ropa, adornos, comodidades...— hemos de cogerlo y ofrecerlo a los que carecen de ello para que lo usen y lo disfruten. Hemos de hacer lo que dicen estos proverbios:
Si nos da miedo desprendernos de una pequeña cantidad de algo, hemos de generar el valor de dar una gran cantidad de ello.
Y
Hemos de quitarnos la comida de la boca para dársela a los demás.
Así es como debemos terminar con el apego a la comida, la ropa y todos los bienes materiales: se dice que es necesario darlo todo.
2. LA PRÁCTICA DEL INTERCAMBIO COMO ANTÍDOTO A PROBLEMAS ESPECÍFICOS
1) EXPLICACIÓN CONCISA
[Estrofa 140] Cuando practicamos la meditación del intercambio de uno mismo por los demás, hemos de pensar en otros seres —inferiores, superiores o iguales— y considerar que ellos están en nuestro lugar y nosotros en el suyo. Cuando nos hayamos cambiado ya de lugar, hemos de meditar sin permitir que ningún otro pensamiento se inmiscuya. Hemos de ponernos en el lugar de alguien en peor situación que nosotros y dejar que surja la envidia. Luego hemos de ponernos en el lugar de alguien que esté en nuestra misma posición y empaparnos de la sensación de rivalidad y competitividad. Finalmente, hemos de ponernos en el lugar de alguien en mejor situación que nosotros y dejar que surja el orgullo y la superioridad.
2) EXPLICACIÓN DETALLADA
1.- La práctica de la envidia desde la perspectiva de alguien inferior
En cada una de estas tres meditaciones [en las que seguimos las directrices de Shantideva], cuando el texto raíz dice él o esa persona, se refiere a nosotros mismos (que ahora nos consideramos como esa otra persona). Y cuando dice yo [243] se refiere a esa otra persona (en una posición peor, igual o mejor que la nuestra) con quien ahora nos hemos identificado. Debemos generar sucesivamente los antídotos al orgullo, la rivalidad y la envidia. La razón para hacer esto es que tan pronto como aparece la más mínima virtud en la mente, estas tres emociones aflictivas le siguen los pasos. Son como demonios que minan nuestro mérito, lo que explica la importancia de cultivar los antídotos.
De las ocho preocupaciones mundanas, los honores, las posesiones, los elogios y la felicidad son cosas que nos hacen sentir orgullo. Así pues, hemos de hacer el intercambio, poniéndonos en el lugar de alguien insignificante, como un mendigo, que es menospreciado e ignorado. Imaginemos que somos ese pobre y ese pobre está ahora en nuestro lugar. Dejemos que ahora surja la envidia.
[Estrofa 141] Al mirar a ese ser que antes éramos (y al que ahora consideramos otra persona), alguien con talento, pensemos en lo feliz que debe ser al recibir elogios y el respeto de todos. Nosotros, por otro lado, no somos nada: un ser totalmente desharrapado, insignificante, despreciado e infeliz. La persona a la que contemplamos es rica, tiene abundante comida para comer, ropa para vestir, dinero para gastar; mientras que nosotros no tenemos nada. A él lo elogian por ser muy instruido y disciplinado. A nosotros, por otro lado, nos insultan y nos tratan como a un tonto. Él disfruta de todo tipo de comodidades y alegrías; nosotros, por el contrario, al ser pobres, tenemos la mente abrumada por las preocupaciones y el cuerpo consumido por las enfermedades y las penalidades del frío y el calor.
[Estrofa 142] Nosotros tenemos que trabajar como sirvientes, quitando la hierba, cortando leña..., mientras que él vive cómodamente sin tener que hacer nada. Mientras nos cruzan estos pensamientos por la mente, sintamos envidia. Él incluso tiene criados, caballos y animales de carga, a los que inflige innumerables penalidades. Ni siquiera se da cuenta de que están padeciendo y sigue ahí, tan cómodamente. Y por si eso no fuese suficiente, se enfada y los golpea.
Hemos de ponernos en el lugar de esas pobres víctimas y tomar en nosotros sus sufrimientos. Se dice que si así lo hacemos, podremos reconocer sus sufrimientos, desarrollaremos compasión hacia ellos y dejaremos de maltratarlos.
Reflexionemos, de nuevo, en que él tiene talento, una buena posición social, es rico y está rodeado de amigos. Nosotros, por otra parte, somos un ser insignificante y todos saben que carecemos de cualidades. [Estrofa 143] Pero aunque no tengamos ninguna cualidad destacable, podemos preguntarle qué razones tiene para sentirse tan arrogante. Después de todo, la superioridad debido a las buenas cualidades o la inferioridad debido a carecer de ellas son cosas relativas. No son valores absolutos. Incluso la gente insignificante como nosotros tiene cosas buenas en comparación con otros. Él, comparado con otros con más talento, es inferior a ellos.
Nosotros, comparados con alguien todavía más desfavorecido, más decrépito, lisiado, ciego, etcétera, estamos mucho mejor. Tenemos al menos algunas ventajas puesto que todavía podemos andar con las piernas, ver con los ojos, no hemos llegado aún a la decrepitud...
Este verso «¿Cómo que no tengo ninguna cualidad?» también podría entenderse así: puesto que tenemos todas las cualidades del totalmente puro tatagatagarba, la esencia de la budeidad, implícitas en nuestra naturaleza, todos podemos desarrollar las cualidades excelentes al practicar. Por lo tanto, no estamos totalmente desprovistos de buenas cualidades.
[Estrofa 144] Si él dice que somos totalmente despreciables debido a nuestro poco entendimiento, nuestra disciplina vergonzosa o nuestra indigencia y carencia de bienes; como eso no se debe a que seamos intrínsecamente malvados o simplemente unos ineptos, sino a que nuestras emociones aflictivas —el deseo, la ignorancia, la avaricia y las demás— son tan poderosas que estamos desvalidos ante ellas, debemos responderle diciendo:
Si realmente eres un bodisatva tan excelente, deberías ayudarme todo lo que puedas a mejorar el lamentable estado de mi disciplina, entendimiento y fortuna. Si me ayudas, estoy dispuesto a aceptar las penalidades que sea necesario —riñas, castigos...—, igual que un niño en la escuela cuando aprende a leer y escribir acepta las correcciones del maestro.
[Estrofa 145] Sin embargo, tú, el gran bodisatva, no haces nada para ayudarme, no me das ni siquiera un poco de comida o algo para beber, entonces ¿por qué te consideras tan superior? No tienes derecho a mirarme con desdén, ni a comportarte con tanto desprecio conmigo ni con la gente como yo. E incluso aunque tengas esas cualidades, si no puedes ayudarme, ¿de qué me sirven? ¡Son algo inútil!
[Estrofa 146] Pues, si eres un bodisatva, pero no tienes compasión ni la menor intención de ayudarme o salvarme a mí o a aquellos que son como yo —que debido al poder del karma negativo vamos camino de los destinos inferiores, como quien ha caído en las fauces de una bestia feroz—, estás actuando de un modo totalmente incorrecto. Y no solo no reconoces eso, además haces alarde de unas cualidades de las que careces. En tu arrogancia, quieres equipararte con los auténticos bodisatvas, que son realmente sabios y por compasión asumen la responsabilidad de beneficiar a los demás. Tu comportamiento es sencillamente incoherente.
Este es el modo de meditar, en especial, en la envidia y el resentimiento como antídoto para contrarrestar el orgullo. Al apreciar el sufrimiento que entraña ser una persona insignificante, sin talento, a la que no respetan..., nos daremos cuenta de lo mal que está ser arrogante y despreciar a los demás. Comprenderemos lo penoso que es para alguien en una posición inferior que nos comportemos con orgullo y desdén hacia él. Debemos evitar comportarnos así y, en vez de eso, hemos de tratar a los demás con respeto, darles comida y ropa, y esforzarnos en ayudarlos de un modo efectivo.
2.- La práctica de la rivalidad desde la perspectiva de un igual
Ahora, al hacer el intercambio, hemos de ponernos en el lugar de alguien similar a nosotros, o un poco superior, con quien rivalizamos en el ámbito religioso o mundano.
[Estrofa 147] Tenemos que decirnos que por muy buena reputación que tenga o rico que sea, nosotros le superaremos. Para ello, lucharemos o debatiremos, si es necesario, a fin de despojarle de las posesiones que tenga o el respeto que los demás le profesen y nos aseguraremos de que todo eso sea nuestro.
[Estrofa 148] Haremos todo lo posible para que nuestras buenas cualidades, tanto espirituales como mundanas, se conozcan en todo el mundo. Y trataremos de encubrir las suyas para que nadie las note ni oiga hablar de ellas.
[Estrofa 149] Además, mantendremos en secreto las faltas que tengamos, encubriéndolas para que nadie las vea, ni oiga hablar de ellas y al mismo tiempo hablaremos de las suyas, asegurándonos de que todo el mundo las conozca. Al ver que somos intachables, mucha gente nos agasajará. Mientras que, al ver sus defectos, a él nadie querrá agasajarlo. Desde ahora en adelante seremos nosotros quienes seamos ricos y respetados, mientras que él no tendrá nada.
[Estrofa 150] Durante mucho tiempo, veremos con gran satisfacción las penalidades que sufre por romper sus votos religiosos o comportarse mal en su vida diaria. Haremos de él el objeto de las burlas y el desprecio, y en las reuniones públicas mostraremos a los demás lo despreciable que es, sacando a relucir y exponiendo sus defectos.
Al usar la rivalidad como antídoto para contrarrestarla, podremos darnos cuenta de lo mal que está tener esa actitud competitiva con los demás. Entonces dejaremos de comportarnos así y, en vez de eso, haremos todo lo que podamos para ayudar a nuestros rivales y hacer que sean respetados, tengan riquezas...
3.- La práctica del orgullo desde la perspectiva de alguien superior
Ahora imaginemos que estamos en el lugar de alguien superior, que nos mira con orgullo y nos desprecia.
[Estrofa 151] [Y desde su lugar que ahora es el nuestro] pensemos que hemos oído decir que ese miserable está tratando de equipararse con nosotros. Pero ¿qué comparación puede hacerse entre nuestra erudición, inteligencia, belleza física, posición social, riqueza y prosperidad, y las de ese pobre infeliz? Somos tan distintos como el cielo y la tierra.
[Estrofa 152] Saber que todo el mundo habla de nuestros conocimientos, talento... y que dice que es evidente que son muy superiores a los de ese pobre individuo nos resulta muy grato. La satisfacción es tan intensa que incluso nos pone la carne de gallina. Tenemos que disfrutar realmente de esa sensación.
[Estrofa 153] En caso de que a fuerza de trabajar y a pesar de los obstáculos que tiene que afrontar tenga algunos bienes, si se aviene a trabajar como nuestro subordinado y sigue nuestras instrucciones respetuosamente y sin orgullo, como retribución le dejaremos a ese miserable lo meramente indispensable para su subsistencia: la comida suficiente para satisfacer el estómago y la ropa necesaria para protegerse del viento. Pero todo el resto, nos lo apropiaremos a la fuerza.
[Estrofa 154] Arruinaremos cualquier clase de felicidad que tenga ese pelagatos y además le infligiremos constantemente todo tipo de penalidades que le hagan sufrir. ¿Por qué ese comportamiento tan hostil? Por los cientos de veces que esa persona [nosotros mismos] nos ha hecho daño mientras deambulábamos por el samsara.
Esta estrofa también puede significar que debemos deshacernos de esa complacencia del apego a uno mismo y socavarlo constantemente, porque esa actitud egoísta en innumerables vidas ha hecho que suframos en los infiernos u otros lugares del samsara. Así es como Shantideva nos muestra los defectos de no haberse librado de la presunción del yo [244].
De este modo se medita en el orgullo como antídoto para contrarrestar la envidia. Cuando la gente que es superior a nosotros se comporte orgullosamente y nos insulte con su actitud arrogante, pensemos: «¿Por qué esa gente es tan arrogante y ofensiva?» Y en vez de tener envidia, hemos de ponernos en su lugar. Usando la meditación en el orgullo, preguntémonos si nosotros, desde esa posición de superioridad, sentimos también ese orgullo y desconsideración por los demás o no. Y si descubrimos que nosotros también actuaríamos con orgullo y trataríamos con desprecio y desdén a la gente más modesta que nosotros, podremos mirar a esos que ahora se comportan arrogantemente con nosotros y decirnos: «Bueno, ahora sé por qué se comportan de ese modo». Y haremos los trabajos que nos confíen respetuosamente, evitando las actitudes de rivalidad.
Sakya Pandita, que era una manifestación de Mañyusri, dijo en su Explicación del pensamiento del sabio:
Imaginad que vuestro adversario está en vuestro lugar, que es inferior al suyo, y que vosotros estáis en la posición de ese adversario, que es superior a la vuestra, o en la de alguna otra persona importante. Meditad sobre la envidia que siente ese adversario desde su posición inferior hacia vosotros que estáis ahora en la posición superior. ¿Cuál será el resultado de esa meditación? Al meditar en que vosotros estáis en una posición superior y esa otra persona está en una posición inferior, y en la envidia que siente hacia vosotros y todo el sufrimiento que eso provoca, os preguntaréis cómo puede ser apropiado sentir envidia de otras personas. Y de ese modo la envidia desaparecerá por sí misma.
Del mismo modo, cuando meditéis en la rivalidad con un igual, tenéis que poneros en el lugar de ese rival y pensar que él está en vuestro lugar. Y considerad que vuestro adversario compite con vosotros de todos los modos posibles. Cuando terminéis la meditación, os preguntaréis cómo puede ser apropiado sentir esa rivalidad y tratar de hacer daño a los demás puesto que el simple hecho de poneros en el lugar del rival e imaginaros que él (desde vuestro lugar) os hace daño y compite con vosotros os provoca tanto malestar. Y así vuestra rivalidad envidiosa desaparecerá por sí misma.
Para meditar sobre el orgullo, poneos en el lugar de alguien inferior a vosotros y pensad que esa persona con una posición inferior está en vuestro lugar. Considerad que esa persona (ahora en una posición superior) se comporta arrogantemente con vosotros (que estáis en una posición inferior a la de ella) debido a la diferencia de estatus social, cualidades, conocimientos, etcétera. Cuando terminéis esa meditación sobre que otras personas son arrogantes con vosotros y cómo eso os hace sufrir, os daréis cuenta de lo mal que está ser arrogantes con los demás. Y así vuestro orgullo desaparecerá por sí mismo.
Es excelente meditar de este modo. También es excelente poner en aplicación esta meditación como se ha explicado antes. Cuando sintamos envidia, rivalidad u orgullo, hemos de recordar estas instrucciones, usar como antídoto la meditación que sea más adecuada a cada caso y deshacernos de esos factores aflictivos. Se dice que se puede meditar según el método que resulte más fácil.
3. CÓMO PRACTICAR UNA VEZ QUE YA SE HA HECHO LA MEDITACIÓN DEL INTERCAMBIO
Desde aquí en adelante Shantideva vuelve a usar del modo usual los términos yo y él [245].
1) EL MÉTODO MODERADO
[Estrofa 155] Desde tiempos sin principio solo hemos deseado y tratado de conseguir nuestro propio beneficio y debido a ello, hemos tenido que soportar las grandes agonías de los infiernos y otros reinos durante incontables kalpas. Todos los agotadores esfuerzos que hemos hecho en vano han tenido como único resultado inmensos y prolongados sufrimientos: el frío y el calor [de los infiernos], etcétera. Eso debería hacernos sentir un gran arrepentimiento.
[Estrofa 156] Hemos de estar plenamente convencidos de que si actuamos para nuestro propio beneficio, sufriremos en esta vida y las siguientes. En vez de eso, de ahora en adelante, hemos de dedicarnos con entusiasmo solo al beneficio de los innumerables seres, mediante la práctica del intercambio. El Buda dijo que trabajar para el bien de los demás produce una gran felicidad en esta vida y las siguientes, y las palabras del Omnisciente son verdaderas y nunca engañan. Además, quien trabaja para beneficiar a los demás, a medida que vaya alcanzando los estadios sublimes de los bodisatvas, percibirá claramente los excelentes beneficios que ello comporta.
[Estrofa 157] Si en las vidas precedentes hubiéramos hecho esa práctica de cambiarnos por los demás, en la actualidad disfrutaríamos de un estado de felicidad similar al de buda Shakyamuni o Amithabha, que son objetos de las ofrendas de los tres mundos. Nuestro cuerpo tendría las marcas mayores y menores de la budeidad, nuestra palabra sería tan melodiosa como la de Brahma, nuestra mente sería omnisciente y disfrutaríamos de todas las cualidades perfectas. Y ahora no estaríamos en el samsara dominados por las emociones negativas, atormentados por el sufrimiento en esta vida y sin saber si en las futuras tendremos que renacer en los reinos inferiores.
Y con esto Shantideva nos explica el resultado que podemos ganar o perder [según si nos intercambiamos o no por los demás].
[Estrofa 158] Por eso, del mismo modo que concebimos la noción de yo en las gotas de sangre y esperma de nuestros padres, que están desprovistas de ese yo, ahora hemos de perseverar en habituarnos a identificar nuestro yo en todos los seres.
De este modo Shantideva nos exhorta directamente a que hagamos el intercambio [246].
[Estrofa 159] El significado de espía [en el primer verso] lo explica esta frase del omnisciente Longchempa: «Cuando cortas fieltro, ningún perro te espía».
Hasta ahora, cuando veíamos las pertenencias de los demás —comida, ropa, joyas...— usábamos diversas tretas esperando que nos las dieran, del mismo modo que un perro mira a la gente cuando come carne esperando conseguir que le den un poco. Pero de ahora en adelante, hemos de espiar nuestras propias pertenencias como si lo hiciésemos con los ojos de otra persona. Y, a fin de ayudar a los demás, hemos de despojarnos de lo que tenemos y dárselo a quienes carezcan de ello y les beneficie.
[Estrofa 160] En el pasado solíamos tener envidia de los demás. Desde ahora, deberíamos tener envidia de nosotros mismos.
[Shantideva nos muestra cómo hacerlo al explicar su situación y decir que] dado que es discípulo del Buda compasivo, lleva los hábitos amarillos y rojos de un monje, como señal de sus bendiciones, y se adiestra adecuadamente siguiendo sus pasos. Y, de ese modo, se ha convertido en un refugio para todos los seres y en objeto de su homenaje y respeto. Él no hace daño a los seres, sino que los beneficia, por lo que es perfectamente feliz en esta vida y lo será en las futuras; mientras que otros seres sufren ahora y seguirán sufriendo en el futuro debido a sus acciones negativas. Él ocupa una posición social elevada, en la que es respetado y recibe ofrendas, mientras que otros seres están en una posición inferior y tienen que pagar impuestos y están sometidos día y noche a otras obligaciones. Hay mucha gente que lo ayuda ahora y lo hará también en el futuro, mientras que otras personas no tienen a nadie que las ayude y hay muchos seres que les hacen daño. [Shantideva concluye diciendo que] eso no es correcto y debería tener envidia de sí mismo.
[Estrofa 161] En el pasado, hicimos daño a los demás tratando de conseguir nuestra propia felicidad. Pero a partir de ahora, hemos de desprendernos del placer que nos procuran la comida, la ropa... y ofrecer estas cosas a quienes carecen de ellas para hacerlos felices. Y hemos de tomar sobre nosotros los sufrimientos de los demás pensando: «Que sea yo quien experimente ese sufrimiento de no tener nada para comer ni para vestirme...».
Si, en el pasado, buscábamos continuamente los defectos de los demás, a partir de ahora hemos de usar el entendimiento que hemos adquirido con el Bodicharyavatara como un espejo para observar nuestros propios defectos y no como una mirilla para vigilar los defectos de los demás.
Hemos de examinarnos continuamente para ver qué estamos haciendo, diciendo o pensando, y dejar de hacer lo que esté mal.
[Estrofa 162] En el pasado, disimulábamos nuestras faltas y culpábamos a los demás. A partir de ahora, hemos de seguir el ejemplo de los bodisatvas del pasado, que se ponían en el lugar de malhechores que iban a ser ejecutados. Cuando alguien cometa una falta, sea grande o pequeña —como robar, etcétera—, tenemos que asumir la culpa nosotros. Y cuando cometamos cualquier error, por pequeño que sea, no hemos de esconderlo, sino admitirlo en presencia de mucha gente y explicar lo que hemos hecho. Debemos confesar nuestras faltas ante los budas y los bodisatvas, y tomar el voto de no volver a reincidir.
[Estrofa 163] Hasta ahora, criticábamos a los demás y nos ensalzábamos a nosotros. A partir de ahora, hemos de ensalzar y proclamar las cualidades y la buena reputación de los demás, para que eclipsen las que nosotros podamos tener. No debemos usar a los demás como nuestros sirvientes, sino que hemos de servirles humildemente y dedicarnos en todo momento a beneficiarlos.
[Estrofa 164] Este funesto yo está por naturaleza lleno de defectos. Las pequeñas cualidades que tenga —el éxito en algunas actividades, la erudición, la inteligencia, la práctica de meditación hecha en retiros...— son puramente accidentales. Hemos de tratar de que pasen desapercibidas, manteniéndolas en secreto como si fueran bienes robados, para que nadie sepa que las tenemos. Nunca debemos usarlas (haciendo elogio de ellas) como un medio para mejorar nuestra situación.
Como el consejo que el Buda dio a sus discípulos: «No deis a conocer vuestras cualidades. No escondáis vuestros defectos».
[Estrofa 165] En resumen, hemos de desear que todo el daño que desde tiempos sin principio hemos causado a los demás —por ejemplo, robándoles la comida, la ropa, las posesiones, etcétera— para beneficiarnos —mejorar nuestra fama, aumentar nuestras posesiones, etcétera— recaiga por completo sobre nosotros y que, desde ahora, ellos sean los beneficiados. En conclusión, tal como se ha dicho, hemos de purificar nuestras deudas kármicas y pagar lo que debemos.
[Estrofa 166] No hemos de pavonearnos con orgullo como niños arrogantes y altivos. Más bien, hemos de comportarnos como una novia recién casada. Hemos de sentir vergüenza de actuar por egoísmo inadecuadamente, tener miedo de las malas consecuencias que eso conlleva y controlar nuestros sentidos.
Siguiendo consejos tales como el de «Sin pensar en nuestro beneficio, sino en el de los demás, hemos de mirar hacia abajo [como una novia]», hemos de observar un comportamiento adecuado de cuerpo, palabra y mente, estemos sentados o en movimiento. Debemos tener cuidado tanto de lo que hacemos como del modo en el que permanecemos y evitar las veintisiete fuentes de la conducta equivocada [247].
[Estrofa 167] En otras palabras, hemos de esforzarnos en la disciplina de practicar lo que es virtuoso, permanecer en la disciplina de beneficiar a los demás y observar perfectamente la disciplina de evitar cualquier acción negativa.
Hemos de controlar el cuerpo con la mente y la mente con los antídotos. Es como cuando el encargado de la disciplina exhorta a la comunidad monástica a que observe la disciplina diciendo: «Haced eso, haced aquello... Si transgredís esa norma seréis castigados». Del mismo modo, si debido a los malos hábitos físicos o mentales, nuestra mente transgrede las reglas de la conducta adecuada, debe ser sometida con los antídotos. Por ejemplo, si vemos que no somos capaces de dejar de cenar ni siquiera una noche, hemos de tomar la firme decisión de estar sin comer nada durante una semana.
2) EL MÉTODO SEVERO
1.- Tratar con severidad la mente
[Estrofa 168] Si, a pesar de los consejos que se le han dado repetidamente sobre lo que se ha de hacer y evitar, y de haberle mostrado los beneficios y los inconvenientes que resultarán en cada caso, nuestra mente egoísta continúa siguiendo sus viejos hábitos, merecerá ser tratada severamente mediante la aplicación estricta de los antídotos. Porque todas las faltas y los males de esta vida y las siguientes surgen de la mente, es la mente quien los sustenta. Pues el cuerpo, al ser material, no es culpable.
[Estrofa 169] ¿Cómo es que la mente es la responsable de todas las faltas? La actitud mental del egoísmo, que hace buscar el propio beneficio, nos ha llevado por caminos equivocados. Pero el tiempo en que no veíamos esas faltas y la mente podía perjudicarnos ya ha pasado. Ahora, hemos visto los defectos de nuestra mente y, gracias a lo que hemos aprendido con el Bodicharyavatara, podemos ver todas las consecuencias nefastas de actuar egoístamente. Desde ahora, no podrá comportarse como quiera. Tendrá que someterse a nuestras reglas. No tiene escape. Vamos a aplastar ese orgullo, esa arrogancia, esa búsqueda del propio beneficio: ganancias, honores...
[Estrofa 170] Pero si, a pesar de todo, la mente todavía considera que es necesario hacer algunas cosas para su propio beneficio, hemos de despojarla de esas ideas. Al habernos intercambiado por los demás, la hemos dado o entregado a todos los seres. A partir de ahora, les pertenece. Por lo tanto, tiene que dedicarse a beneficiar a los demás, sin cansarse nunca de estar a su servicio.
[Estrofa 171] Pero, ¿por qué es necesario que se la ofrezcamos a los demás?
Porque si, por egoísmo, somos negligentes y no la ponemos al servicio de los demás, esa misma mente egoísta, sin duda alguna, nos entregará a los temibles guardianes de los infiernos y tendremos que sufrir inmensamente.
[Estrofa 172] Pues así es como esta mente egoísta se ha comportado innumerables veces en el pasado. Y cuando nos entregó a los guardianes de los infiernos, fuimos cocidos, abrasados y padecimos otros incalculables sufrimientos durante un tiempo inmenso (a lo largo de inmensurables kalpas).
Ahora, recordando, con profundo resentimiento, todo el daño que nos ha hecho en el pasado, hemos de decidir acabar de raíz con esa mente nefasta que solo piensa en su propio beneficio.
[Estrofa 173] Por tanto, de ahora en adelante, si deseamos la felicidad y la alegría permanentes, no hemos de buscar nuestra propia felicidad o deleitarnos en objetivos egoístas, sino que hemos de trabajar con entusiasmo para beneficiar a los demás. E igualmente, si deseamos estar constantemente protegidos del sufrimiento, en vez de protegernos a nosotros, siempre hemos de tratar de proteger a los demás.
2.- Tratar con severidad el cuerpo
[Estrofa 174] Cuanto más apegados estamos a este cuerpo humano y más lo protegemos de cualquier incomodidad y lo mimamos con comida deliciosa, vestidos cómodos y de buena calidad, etcétera, más crecerá nuestra irritabilidad. Seremos más delicados que una llaga en carne viva y más irritables que el demonio Tsangtsen. Nada nos parecerá bien, lo que nos hará sufrir enormemente.
[Estrofa 175] Puede que pensemos que no hay nada malo en satisfacer nuestros deseos, si tenemos los recursos para hacerlo. Pero el hecho es que nada (posesiones, diversiones, etcétera) ni nadie en este mundo puede colmar los deseos de quien ha caído en ese estado de insatisfacción e irritabilidad. ¿Quién, entonces, podría colmar todos sus deseos? Recordemos, por ejemplo, la historia del rey Mandhata. Aunque reinaba sobre los cuatro continentes y compartía el trono de Indra, no estaba satisfecho, y finalmente perdió su posición.
[Estrofa 176] Esos seres, por querer conseguir lo que no es posible, están fatigados y afligidos por el apego, la aversión... Y les invaden pensamientos viles que los llevan incluso a pensar mal de los seres sublimes y a robar las posesiones de las Tres Joyas.
En cambio, los seres sublimes, que están libres del apego por amigos, compañeros, bienes, etcétera, y del ansia de conseguirlos, gozan de una felicidad perfecta e inagotable.
[Estrofa 177] Así, puesto que los deseos concernientes al cuerpo —de comida, ropa, adornos, etcétera— aumentan sin cesar, no hemos de darles rienda suelta para que no proliferen ni dejar ninguna posibilidad a esa codicia. No hemos de considerar que los vestidos, los utensilios y demás objetos son mejores por ser más bonitos, más caros o más difíciles de conseguir. En vez de eso, hemos de estar satisfechos con las cosas que encontremos. Esos bienes, en primer lugar, son fáciles de conseguir; después, nos benefician porque son útiles y son fáciles de proteger, puesto que nadie los codicia; y por último, cuando nos quedamos sin ellos —porque se rompen, los perdemos...—, no sufrimos ni lo lamentamos, porque podemos volver a conseguirlos fácilmente de nuevo. Además, cuando morimos, no sentimos ningún apego hacia ellos. Estas cosas, que tienen todas estas numerosas cualidades, son, pues, los mejores bienes.
En La carta a un amigo se dice:
El Maestro de los dioses y los hombres ha enseñado que
de todas las riquezas, la satisfacción es la suprema.
Por eso, ¡estad siempre satisfechos! Si lo estáis,
aunque no tengáis nada, seréis verdaderamente ricos.
La satisfacción es la riqueza de los seres sublimes. Quien carece de ella y está lleno de apegos será como el monje que estaba apegado a su bol de mendicante y renació como una serpiente o como otro monje que estaba apegado a sus hábitos monásticos y renació como un espíritu o como un niño que estaba apegado a su vestimenta de lana y renació como un preta vestido con una prenda similar, etcétera. Hay otras muchas historias semejantes.
[Estrofa 178] Puede que nos preguntemos por qué no podemos sentir apego por el cuerpo, siempre que no tengamos apego a los bienes materiales.
Aunque protejamos y cuidemos este cuerpo como ahora hacemos, al final, cuando muramos y lo quemen en el fuego, no quedará de él más que un montón de cenizas. Incluso ahora, mientras estamos vivos, este cuerpo es algo material y carente de movimiento que la mente y la respiración hacen que se mueva. Estas palabras también pueden significar que cuando morimos, el cuerpo no se mueve, no puede desplazarse y otras personas tienen que transportarlo.
¿Por qué concebimos la noción de yo en este cuerpo espantoso y aterrador que está compuesto de diversas sustancias sucias? No tiene sentido.
[Estrofa 179] Esté vivo, como en este momento, o esté muerto, como ocurrirá finalmente, ¿para qué puede servirle a la mente este artefacto sucio y nauseabundo? Si no lo usamos para practicar el Darma, ¿en qué se diferencia de un trozo de tierra o un tronco de madera? En nada. ¡Ay! ¿Por qué nuestra mente no se deshace de esa presunción de pensar que eso es yo o mi cuerpo?
[Estrofa 180] Para alimentar este cuerpo, vestirlo, cuidarlo, hemos tenido que trabajar en la agricultura o el comercio, usar los bienes de la comunidad religiosa, explotar a los demás... Todo eso, además de ser inútil para alcanzar la liberación, nos ha hecho acumular numerosas causas de sufrimiento, que arruinarán esta vida y las siguientes. ¿Por qué protegemos con tanto apego este cuerpo, que es como un leño de madera putrefacto? ¿Para qué nos sirve tener tanto apego a lo que está de su lado y tanta aversión a lo que no lo está?
[Estrofa 181] Porque, de hecho, ya lo protejamos y mimemos con comida, ropa... ahora que estamos vivos, ya lo devoren los buitres y otros animales después de la muerte, este cuerpo es algo material que no se siente complacido cuando lo miman ni afligido cuando lo devoran. ¿Por qué, entonces, sentimos tanto apego por este cuerpo, que no sabe si se le beneficia o se le hace daño?
[Estrofa 182] El cuerpo no se irrita cuando lo critican ni se siente complacido cuando lo alaban. Si el cuerpo es material y no se da cuenta de nada de eso, ¿por qué nos agotamos reaccionando con odio o apego a las críticas o alabanzas que hacen de él?
[Estrofa 183] Puede que pensemos que no protegemos el cuerpo debido a que estemos apegados a él, sino porque otras personas, que son nuestros amigos, lo aprecian.
Pero si protegemos nuestro cuerpo porque los demás lo aprecian, entonces, puesto que todos los seres, incluso los gusanos, aprecian su cuerpo, ¿por qué no apreciamos los cuerpos de los demás seres tanto como el nuestro? Deberíamos apreciarlos y cuidarlos como al nuestro.
El punto esencial aquí (igual que se ha explicado antes en la sección sobre la meditación de igualarse a uno mismo con los demás) es que puesto que en realidad no hay diferencia entre uno mismo y los demás, tampoco la hay entre su cuerpo y el nuestro.
[Estrofa 184] Así, puesto que no es apropiado apegarse al cuerpo por egoísmo, hemos de ofrecer, sin ningún apego, este cuerpo como un servidor o un utensilio para que beneficie inmensamente a todos los seres. Y, a pesar de que tenga tantos defectos (como estar hecho de sustancias repugnantes y que para mantenerlo se cometan tantos actos negativos y se sufra), lo usaremos y protegeremos como un utensilio que es necesario para beneficiar a los seres, igual que los herreros y los carpinteros hacen con sus herramientas. Como se dice:
Mal usado, este cuerpo es una roca que nos hunde en el samsara.
Bien usado, este cuerpo es una nave que nos lleva a la liberación.
Este cuerpo es el asistente tanto del bien como del mal.
Aunque este cuerpo tiene muchos defectos, es también un instrumento indispensable para llevar a cabo las acciones positivas. Por tanto, usemos el cuerpo para el propósito adecuado.
3) UNA EXHORTACIÓN A PRACTICAR LA CONCENTRACIÓN MEDITATIVA
[Estrofa 185] Para poder librarnos de las emociones aflictivas, es necesario que la mente se asiente en la estabilidad meditativa. Por eso, hemos de decidir que ya está bien de comportarnos de modo pueril —siguiendo el comportamiento de los seres ordinarios: protegiendo a los allegados, combatiendo a los adversarios, dedicándonos al comercio y la agricultura, reuniendo posesiones, respeto, fama y demás— como hemos hecho durante tanto tiempo. Todo eso es inútil. A partir de ahora, vamos a seguir los pasos de los sabios del pasado, los budas y los bodisatvas. Y para mantener la promesa de seguir su ejemplo, hemos de recordar sus consejos sobre el cuidado con respecto a las acciones, las palabras y los pensamientos, y llevar a cabo cuidadosamente todo aquello que debe ponerse en aplicación. Hemos de esforzarnos en eliminar los cinco factores que impiden la concentración —la somnolencia y el aturdimiento, la agitación y el remordimiento, el deseo, el enfado y la duda— y evitar todo aquello que va en contra de la concentración meditativa.
[Estrofa 186] En las biografías de los grandes y compasivos bodisatvas, los herederos de los budas, se describe el modo en el que cultivaron la concentración. Hemos de decidir que nosotros también la cultivaremos del mismo modo y que tendremos la entereza y el valor para hacerlo. Porque si no nos esforzamos día y noche, ¿cuándo podremos liberarnos de los sufrimientos de los tres reinos del samsara? Así pues, es necesario que nos esforcemos día y noche, porque si no será difícil que cesen.
[Estrofa 187] Para alcanzar la liberación es necesario que nos esforcemos. Así pues, para eliminar los dos oscurecimientos junto con las inclinaciones habituales asociadas a ellos, es necesario que nos apartemos de los caminos equivocados (de aferrarse a los fenómenos que aparecen como si realmente existiesen) y que la mente repose continuamente en el estado de la estabilidad meditativa, perfectamente concentrada (con la unión de la calma mental y la visión penetrante) en el darmadatu, el objeto auténtico y último de meditación.
Aquí concluye el octavo capítulo del Bodicharyavatara, sobre la concentración meditativa.